Freud y la guerra

Joseba Zulaika*

Nos levantamos cada mañana con noticias de algún ataque militar sobre una planta nuclear o con escenas de familias masacradas mientras huyen de la guerra. Varios comentaristas han observado que nos hallamos en una situación parecida a la de los años treinta del siglo pasado previa a la segunda guerra mundial. Con el añadido ahora de la amenaza nuclear. Fue en esa época que Einstein le escribió a Freud preguntándole cómo se podía evitar la guerra. Nunca parece la figura de Freud más relevante que en este momento de gran riesgo. Se habla mucho estos días del estado mental de Putin, como si la guerra pudiera explicarse como un caso de locura personal del líder ruso. Pero Freud extendería esta locura a toda una cultura militar que hace posible las terribles guerras tanto del siglo pasado como del presente.

Uno de los temas que toma relevancia a la hora de entender fenómenos militares, y que enlaza directamente con el psicoanálisis, es la persistencia tenaz de la fantasía en la construcción del enemigo y en la multitud de formas en que los conflictos responden a profecías que se autocumplen y a lógicas de mutua retroalimentación entre los contendientes. Hay evidencia abundante de todo ello en los años conocidos como los de la Guerra Fría, o las guerras contra el terrorismo después del 11 de septiembre o la guerra de drones. Una teoría válida de la fantasía es aquella en que la fantasía no es igual a lo no-real, sino que más bien, en palabras de Lacan, “constituye una dimensión de lo real”. En situaciones de guerra la fantasía emerge con la máscara de lo real: la eliminación del terror del enemigo se convierte en la apoteosis del terror.

En el caso de los pilotos de drones, ellos se autodefinen como “cazadores” y se sostienen en la fantasía de que lo que están cazando no son seres humanos sino animales de presa. Lo que sucede a algunos de ellos es que terminan viendo demasiado desde el ojo del dron, incluso los efectos de sus misiles, y entonces les resulta difícil mantener la fantasía de que sus víctimas son animales salvajes. Los psicoanalistas hablan de “atravesar la fantasía”, es decir, aceptar sus inconsistencias, destruir sus bases. Es lo que les sucede a estos operadores de drones que terminan traumatizados. En su caso atravesar la fantasía quiere decir identificarse con el Enemigo que acaban de matar.

La guerra de Ucrania ha reavivado el fantasma de la amenaza nuclear como en los peores días de la Guerra Fría. En este sentido vale la pena recordar la figura de George Kennan conocido como el gran artífice de la estrategia de la “contención” de la expansión soviética. Kennan denunció una y otra vez el “mundo de la fantasía” en la carrera de armamentos: “No tiene fundamento alguno en intereses reales: no tiene fundamento, de hecho, sino en el miedo y en un miedo esencialmente irracional”. Los arsenales nucleares eran “fantásticamente redundantes,” los líderes estaban hipnotizados “como hombres en un sueño”, y no quedaba ahora otra prioridad que reducir o incluso eliminar las armas nucleares. ¿Quién habló de sueños y de su interpretación como la vía regia al inconsciente? Kennan estaba invocando a Freud.

Tras el desmantelamiento de la Unión Soviética, William Perry era el secretario de Defensa durante la administración de Clinton. Perry, considerado el mayor experto en desarme nuclear, fue quien negoció con Ucrania y las naciones de la antigua Unión Soviética el desarme de sus armas nucleares, y quien de paso estaba totalmente en contra de la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas (esto en absoluto justifica por supuesto los crímenes de guerra que Putin está perpetrando ahora). Perry escribió en 2015 un libro titulado “Mi viaje al abismo nuclear” en el que describe cómo tuvo que hacerse cargo como secretario de Defensa de propuestas que eran “una pieza descabellada de fantasía”, productos de la “vieja, familiar forma de pensar”, o que eran “una farsa absurda”. Su libro es un grito de angustia sobre el hecho de que “nunca debemos subestimar la capacidad de una nación para actuar en contra de sus propios intereses, especialmente cuando las pasiones son intensas”. La historia de la carrera nuclear está salpicada de situaciones, como la crisis de los misiles en Cuba, en que se evitó el holocausto nuclear, en palabras del secretario de Defensa de entonces McNamara, por mera suerte.  

Uno de los temas que Freud estudia en su Psicopatología de la vida cotidiana y que tiene tanta resonancia en este momento, haciéndose eco de las palabras más arriba de William Perry, es el de los “enigmas del autocastigo” y que Vilma Coccoz comenta con estas palabras: “En las pérdidas, roturas, automutilaciones, en el maltrato que el sujeto se inflige a sí mismo, Freud encuentra la acción de una tendencia a la autodestrucción que, más tarde, llamará pulsión de muerte”[1]. Si hay algo en la guerra, y en las preparaciones para la guerra, es esa tendencia inconsciente a la autodestrucción y al instinto de muerte. Lo que la clínica le enseñó a Freud era que los pacientes mostraban una compulsión a repetir patrones que los llevaban a su autodestrucción. Freud se halló con un conflicto en su propia teoría: por una parte, llegó a la conclusión de que el instinto de muerte está tan fuertemente anclado en el sujeto que siempre actuaremos bajo su influencia; por otra parte, era impensable que la vida no fuera sino una preparación para la muerte. En resumen, la psique era un campo de batalla entre Eros y Tanatos. El presidente ucraniano Zelenzki, en uno de sus dramáticos mensajes de esta semana pasada, pedía que “la vida gane sobre la muerte”.

En su libro Nuevas formas del malestar en la cultura Vilma Coccoz dedica tres capítulos al tema de la guerra[2], en uno de ellos trata de la correspondencia en 1932 entre Freud y Einstein sobre cómo se podía evitar la amenaza de la guerra. Freud no creía que se pudiera erigir una sociedad sin recurso alguno a la agresión o al conflicto. Pero mantenía que el lenguaje y la ley proporcionaban la única forma de moverse del estado natural al estado de la cultura. Para Freud, el psicoanálisis era un componente clave en esa transformación política. O sea que la civilización, por una parte, crea el “malestar de la cultura” a base de una represión excesiva de los impulsos humanos y, por otra parte, la civilización supone un remedio a la infelicidad a base de frenar la agresividad y desvelar las ilusiones humanas.

“El hombre tiene dentro de sí el apetito por el odio y la destrucción,” le escribe Einstein a Freud. “En tiempos normales, esta predisposición se mantiene latente, solo emerge en circunstancias inusuales, pero es relativamente fácil ponerlo en juego y que derive en un poder colectivo”. De ahí la pregunta angustiosa de cómo evitar la guerra que se avecinaba. Freud le respondió con el texto “El porqué de la guerra”. Freud elabora la génesis de las leyes, pero más allá de la evolución legal hay que tomar en cuenta el desarrollo cultural; Freud destaca la importancia de una ética distinta derivada de un tratamiento de las pulsiones. La certeza de que en el momento que escribe era ya posible la aniquilación de Europa entera justifica la agitación, infelicidad y angustia que Freud percibe en la subjetividad de su época, y que expresa con palabras que tienen plena vigencia hoy por la situación de guerra en que nos hallamos nuevamente en Europa. Freud observa: “Solo nos queda esperar que la otra de ambas potencias celestes, el eterno Eros, despliegue sus fuerzas en la lucha contra su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?” Freud termina valorando la iniciativa de construir una instancia supranacional como la Liga de las Naciones.

Una figura importante en el psicoanálisis ha sido la de Antígona quien estuvo dispuesta a desobedecer la ley de Creonte y en consecuencia afrontar la muerte; Lacan elaboró su figura en su ética del psicoanálisis en relación con la ética del deseo (inspirada en Espinoza) y a la sujeción del individuo a la ley. Antígona ha sido vista como una heroína moderna de tragedia aplicada a movimientos armados de resistencia contra la ley del tirano. En la obra de teatro de María Zambrano, Antígona replica a sus hermanos Polinices y Eteocles: «Sí, teníais que morir y que mataros. Los mortales tienen que matar, creen que no son hombres si no matan (…) Hay que matarse entre hermanos por amor, por el bien de todos. (…)». Pero los hermanos violentos desean asimismo la reconciliación y le recuerdan a Antígona que no son sino «los hijos malditos del padre»: «Es que, Antígona, todo viene de nuestro padre», el ciego Edipo. Los hermanos insisten en que han venido a rescatarla de la tumba donde habitaba tras el castigo de Creonte, «porque aquí́ no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es solo la tumba donde te han arrojado viva. (…) fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva».

*Antropólogo y escritor

Fotografía seleccionada por el editor del blog. (Antígona sepultando a Polinices, por Sébastien Norblin, 1825)


[1] Coccoz Vilma. Freud, un despertar de la humanidad. Gredos. 2017

[2] Coccoz Vilma. Clínica freudiana de la guerra, Clínica del trauma, Memoria y transmisión en Nuevos formas del malestar en la cultura. Grama 2021:

Una respuesta a “Freud y la guerra

  1. La guerra es un tema, pero las del Sudán y Eritrea, por poner un ejemplo, no estallaron en tal profusion de imagines ante nuestros teleojos.
    Deje se ya de Ucrania y miren al frente: estan sus hijos, en la selva del instituto donde los abandonam cada dia como Buenos ciudadanos a nuestros servivios psicopedagogicos en crecimiento exponencial. La facultat de psicologia entera ejercito de licenciados lanzados a primera linea del frente. Su número no hace mas que aumentar. Por cierto, todo mujeres, disparidad total.
    Hoy hay huelga del profesorado, que se ha despertado de pronto alzándose con una sola voz ante el escándalo pedagógico que les hará trabajar cinco días más el año próximo.
    El malestar en la cultura nace en nuestras narices pero no queremos ver la ruina a la que llamamos cultura.
    Si vieran una clase de la ESO ya no les parecería a ustedes tan grave la anécdota de que la especie humana se extermine en una guerra termonuclear capitalista

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