Lacan y la política, 1947: El realismo de Lacan

Vicente Palomera*

Es muy interesante el aspecto realista que encontramos en la posición de Lacan en su texto, de 1947, sobre “La psiquiatría inglesa y la guerra”, especialmente si tenemos en cuenta que era una posición que exigía coraje pues la noción de “realismo político” había sido utilizada para tapar los peores arreglos con el nazismo desde su llegada al poder.

Al comenzar su intervención, Lacan declaraba:  “Desde el principio hasta el final de mi estancia, que duró cinco semanas, mi espera de otros aires no fue decepcionada. Y es en forma de evidencia psicológica como toqué esta verdad: la victoria de Inglaterra es de una fuerza moral, quiero decir que la intrepidez de su pueblo reside en una relación verídica con lo real, que su ideología utilitarista no facilita su comprensión, que especialmente el término adaptación traiciona totalmente, y por la cual también la bella palabra “realismo” nos está prohibida a causa del uso infamante con el que los “clérigos de la Traición” han envilecido su virtud, por una profanación del verbo que desde hace mucho tiempo priva a los hombres de los valores ofendidos”. [1]

Lacan se refiere aquí a los “clérigos de la tradición”, remitiendo claramente al título del libro de Julien Benda, publicado en 1927, La traición de los intelectuales[2] y en el que se denunciaba a buena parte de los pensadores de su tiempo por lanzarse al combate político enarbolando la bandera de la sinrazón, del militarismo y de la xenofobia, y eligiendo como enemigos a los que precisamente debían ser sus ideales: la verdad, la justicia, la razón, la libertad. Vemos, pues, una idealización de la misión del intelectual en su relación con la verdad. El intelectual no debía ceder jamás frente al deber de decirla, frente y contra todo servicio a una ideología.

En el libro de Benda se puede seguir muy bien el desmoronamiento de las democracias en la entre-dos-guerras, cuando muchos intelectuales se habían puesto al servicio de ese llamado “realismo” y, por tanto, abdicando de su primera misión. En resumidas cuentas, al finalizar la guerra, el realismo no tenía buena prensa y, sin embargo, Lacan no retrocede al situarse bajo este vocablo.

Lacan opone el pragmatismo inglés al modo de irrealidad bajo el cual la “colectividad de los Franceses” vivió la guerra y la causa del sentimiento de irrealidad como consecuencia de la capitulación frente al enemigo lo cual se tradujo en una “disolución verdaderamente terrible del estatuto moral del grupo”. Frente a la irrealidad inducida del lado francés, Lacan opone el sentido verdadero de la “ideología inglesa”, el utilitarismo. Lacan lo traduce como una “relación verídica con lo real”. Puesto que no se puede entender en su justo valor el término “realismo”, Lacan propone, en su lugar, el término “heroísmo”, algo verdaderamente novedoso ya que, por lo general, cuando se dice de alguien que es realista, puede significar que es un oportunista, que es alguien que acepta cualquier compromiso con tal de obtener un beneficio. Sin embargo, para Lacan ser realista suponía una forma de heroísmo. Realismo es una propuesta que apunta a provocar efectos en una situación en que las iniciativas de los sujetos se mantenían dispersas. Para Lacan este realismo se hará tanto más verdadero y necesario, cuanto más lejos nos mantengamos de las utopías universalizantes.

Lacan concluye que la Segunda Guerra Mundial demostró algo que es la “espantosa docilidad del hombre moderno, listo a enrolarse bajo las ideologías de la nada”. No sin ironía, Lacan señala lo siguiente: “No es de una muy grande indocilidad de los individuos que vendrán los peligros del porvenir humano”[3] y concluye: “Está claro desde entonces que los oscuros poderes del superyó se coaligan con los más cobardes abandonos de la conciencia para llevar a los hombres a una muerte aceptada por las causas menos humanas, y que todo lo que se presenta como sacrificio no por ello es heroico”.[4]

Lo que Lacan quiere mostrar es que se trata de un realismo que no es ni compromiso, ni abandono. La posición realista de Lacan consiste en enfrentarse con las “oscuros poderes del Superyó” con determinación y con el designio de vencerlas. Solo así entendemos el interés que Lacan muestra por la experiencia realizada por Bion y Rickman, algo que podría malinterpretarse como una operación al servicio de una política contingente. Por qué sino interesarse por descifrar las consecuencias y el porvenir de una tarea de “adaptación” de los hombres al esfuerzo de guerra bélico.

El texto de Lacan es pues todo un alegato sobre la victoria posible de los poderes de la razón, no solo contra el nihilismo nazi, sino contra los poderes de la pulsión de muerte. Hay que señalar que Lacan nos remite en su ponencia a los fantasmas eugenésicos de una selección biológica humana, muy presentes en esa época, lo que explica que se refiera al mito anticipatorio del Brave New World de Huxley. Conocemos bien lo que dichos fantasmas produjeron durante el horror nazi.

Es claro que el realismo de Lacan implica pues cierto pragmatismo, un modo de juzgar los detalles, alejados de la justificación universal. Las grandes utopías no necesitan un tratamiento de detalle, puesto que toman su vigor justamente cuando faltan los principios y se recurre a los modelos burocráticos.

Esto fue lo que encontró en la experiencia llevada a cabo por Bion y Rickman[5] al proponer un “trabajo en grupos” y todo ello justo en el contexto de una Inglaterra que estaba quebrada, y preparaba su último esfuerzo guerrero que la llevaría a la victoria. Lo que estos dos psicoanalistas ingleses supieron encontrar es una respuesta a partir justamente de la descentralización. No se trata meramente de un gusto democrático –lo que los aproximaría a las utopía–, sino del simple hecho de confrontarse con “el Otro que no existe”, como señalará años más tarde.

Para concluir, Lacan supo ver en la experiencia del Northfield Hospital una buena forma de realismo en el funcionamiento de los pequeños grupos y como una tarea para combatir a favor de la preservación de las singularidades. Es necesario situar el interés por el pequeño grupo en un contexto más vasto, aquel de la puesta a punto de los principios de acción del psicoanálisis en el campo social en su conjunto.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Una primera versión en catalán fue publicada en: https://www.ciutatdeleslletres.com/el-realisme-de-lacanvicenc-palomera/


[1] Lacan, J. “La psiquiatría inglesa y la guerra”, publicado en 1947 en La Evolución psiquiátrica, en: Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p.113-114.

[2] La trahison des clercs, Publicado en español por la Editorial Galaxia Gutenberg,  Barcelona, 2008.

[3] Lacan, J., op.cit, p. 131.

[4] Lacan, J., Ibid.

[5] BION, W. R., “Tensiones intragrupales en la terapéutica”, en: Experiencias en Grupos, Editorial Paidós, Bs. As., 2a reimpresión, 1997.

Una respuesta a “Lacan y la política, 1947: El realismo de Lacan

  1. Excelente análisis de un texto de Lacan que era oscuro para mi. El realismo ha tenido en mi país detractores políticos. Me interesa también lo de los grupos. “Pequeño grupo de investigación” denomina Lacan al cartel y creo que no se le ha dado a esta forma de trabajo, tal cual él la plantea, el lugar privilegiado en la escuela. Práctico es un término también considerado propio de los anglo-hablantes y despreciado en Argentina. Bien, es notable como los mismos términos según la posición de quien los enuncia pueden indicar una cosa o la contraria… A veces se opone a práctico o realista un relato épico, que no tiene que ver con la verdad de los hechos. Que esos sí existen. Por otra parte me parece interesante evocar a Bion a quien estudié en una Universidad “politizada” de los años 70 desde una “posición crítica” muy avalada en ese tiempo. Esclarecedor para el momento actual su texto ya que sigue necesario releer e investigar para que el psicoanálisis avance. . Gracias

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