CORONAVIRUS: “La espera”

La espera

 

Mario Izcovich*

 

Son incontables los artículos que leemos acerca del Coronavirus. En la prensa, en las redes sociales. Es ingente la información que circula, las hipótesis de las causas, de lo que pasa, y de lo que ocurrirá. Escritos todos ellos que sirven para bordear la cuestión y tratar la angustia que emerge a los sujetos.

En este comienzo de siglo nos apoyamos en algunos significantes para dar cuenta de las grandes transformaciones del mundo en el que vivíamos. Sin embargo, da la sensación de que estamos frente algo diferente, de otro orden. Se trata posiblemente de un momento de no retorno. En inglés se usa la expresión Turning point, que supone un acontecimiento, a partir del cual las cosas no serán como hasta ahora.

Son esos momentos que cuando miramos atrás, han marcado la historia. Por ejemplo, el Crack de 1929, que afectó a la economía mundial y que tuvo consecuencias nefastas para la humanidad.

Hay, por tanto, procesos (en la actualidad por ejemplo caída del significante paterno, auge del neoliberalismo, consumismo, etc.) y hay estos acontecimientos que funcionan como puntos de capitón, a partir de los cuales todo se resignifica.

Se trata de acontecimientos contingentes. Es lo que muchos colegas bien han señalado como la irrupción de un Real.

¿De qué Real hablamos cuando hablamos del Coronavirus? Es algo que ha irrumpido, y que a la vez no vemos. Esta allí, es de lo único que se habla, pero no todo el mundo se contagia (respecto a la población mundial el número de contagios es insignificante). Afecta de manera radical a la economía psíquica de los sujetos.

De manera que hay el virus y la respuesta al mismo. Millones de personas en cuarentena.

Asistimos a innumerables consignas maníacas de hacer cosas durante este tiempo de cuarentena, que no tienen otro sentido que intentar animar a la gente. A pesar de lo que parezca en las redes sociales, constatamos como un efecto de cierto duelo, un desgano generalizado.

A esto se suma el uso de un significante peculiar, se habla de confinamiento, lo cual supone un castigo, una sanción a alguien que ha hecho algo incorrecto y que pagará por ello. Se habla de guerra y no hay nadie enfrentando al enemigo.

Solos los enfermos que ponen el cuerpo. Esto nos hace a todos corresponsables. Vemos gente controlando a sus vecinos que salen a la calle y los denuncian.

Y se crea un nuevo significante amo: distancia social. Que tendrá consecuencias. Poner a los cuerpos separados unos de otros.

Todo el mundo confinado. Y no se sabe hasta cuando. Es decir que no tiene un limite en el tiempo. No se sabe cuando se podrá salir a la calle, ni cuando se inventará la vacuna. Son dos tiempos diferentes y que van para largo.

Tiempo de espera, por tanto. Mientras, efecto del acontecimiento, los sujetos se encuentran desamparados. Freud utilizaba la palabra alemana Hilflosigkeit. ¿No es eso, acaso, una definición del Sujeto, como sujeto dividido? El sujeto actual se confronta desamparado con este real que irrumpió en nuestras vidas.

Podemos pensar, tal vez esta espera, en relación con lo que Freud llamó Erwartung (se puede traducir como expectación) y la puso en relación a la angustia. Expectación de algo que puede pasar. Lacan explicará que el sujeto se servirá del síntoma y del fantasma como respuesta a ese desamparo y a la espera que comporta.

Ya hubo otras pandemias en la historia de la humanidad a las que los sujetos enfrentaban apoyándose en la religión. Sin embargo, el lugar de la religión hoy en día, como sistema de creencias, lo viene a ocupar la ciencia.

Hay un ejercito de epidemiólogos y matemáticos tratando de dar una respuesta a lo que ocurre. Sin embargo, no pueden decir mucho, ni se ponen de acuerdo. Y se sostienen, como no, en un mito del origen: todo comenzó con un hombre en China que comió un murciélago. Tantos años de ciencia y parece una historia de la antigüedad.

 

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

3 respuestas a “CORONAVIRUS: “La espera”

  1. Estimado Mario,

    Los que leemos este blog, ZADIG, somos afortunados porque estamos ante perspectivas que ayudan a mantener cierta calma en medio de tormentas, porque hay varias y de distintos tipos como bien señalas. Desde las que anuncian un cuadro apocalíptico hasta las que refuerzan el aislamiento social. El otro ya no es amigo, compañero o enemigo social, sino que se ha hecho enemigo biológico.
    El cuerpo del otro se hace intocable, ha de ser separado, porque puede llevar una carga letal. Y, a diferencia de un terrorista, nos haría a nosotros también terroristas mismos, porque esa carga sería transferida a nosotros.
    Esto me evoca a una figura simpática (según se mire), Drácula. Aunque sea de día y no nos muerda, el otro, cualquiera, incluso amigo o familiar, encarna ya al vampiro. Bueno, como dices, esto quizá pasó porque alguien comió un murciélago. Sin duda, era Drácula o uno de sus acólitos.
    Hay algo en lo que me permito disentir de lo que dices, siendo todo ello excelente. Se trata de la ciencia. Si hasta antes de esta pandemia, los telediarios y semanales nos bombardeaban con promesas cientificistas, ahora se confía en una promesa más realista (aunque no todo el mundo viva para verla), una vacuna (los tratamientos contra virus son como son). Es decir, hay mayor realismo en la espera de la ciencia que en la abundancia de promesas cientificistas previas a algo que evoca a la gripe española de 1918.
    Aunque sea por un breve período, se espera en la ciencia, desaparece el cientificismo y resurge la pseudo-ciencia. Y no me refiero por pseudo-ciencia solo a las archiconocidas; lo hago también de modo explícito para incluir en ella a muchos, demasiados, epidemiólogos. En realidad, muchas frivolidades me han hacho dudar de la utilidad de los servicios de M. Preventiva en nuestros hospitales (al menos, tal y como están planteados), oyendo lo que oigo y viendo lo que veo.
    Pero no todos los que han mirado a la Prevención han sido ingenuos. En 2016, se publicó en el BMJ una estimación, con una probabilidad de 0.2, de que se declarasen cuatro o más pandemias en este siglo, siendo al menos una de ellas de gripe (https://www.bmj.com/content/352/bmj.i225). No se hizo caso. No se hará tampoco después de esto. Estas cosas no impactan (en sentido literal de la bibliometría científica). Los que no asistieron al MOBILE no eran tontos. Tampoco Bill Gates (https://www.bbc.com/mundo/noticias-52009150) .
    Mis mejores deseos de salud a cuantos escribís aquí y a todos los lectores.
    Un abrazo,
    Javier

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    1. Gracias Javier, y como siempre es un placer leerte. Me gusta mucho esta metáfora de Dracula. Es para seguir pensando. Hay en el imaginario (Hollywood ha contribuido mucho) popular esta idea de que el otro me pasa el virus y nos convertimos en zombies. Con la muerte acechándonos. Efectivamente no pretendía criticar a la ciencia (desde el libro que has escrito he aprendido mucho) sin embargo si como tu lo señalas a esta idea (que sostienen los politicos) que apoyándoselo en los científicos toman decisiones correctas y de hecho vemos que hay mucho debate. Hasta los científicos no s ponen de acuerdo. Evidentemente quienes inventen la vacuna harán ciencia de otra manera. Un fuerte abrazo! Y cuídate!

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      1. Gracias a ti, Mario.
        Cuídate tú también. Esperemos que esto vaya amainando en unos meses. Y el próximo año será diferente. Es una lección dura la que estamos pasando. A la vez, una posibilidad de aprender. Vosotros habláis de tiempos de ver, comprender y concluir, creo. Me parece que aún estamos mirando.
        Un fuerte abrazo
        Javier

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