Lleva tiempo

Gleb Napreenko*

Aceptación/rechazo: este par de términos opuestos describe la forma predominante de tratar la alteridad del goce en el discurso común, para situarla en algún lugar. Sin embargo, si observamos detenidamente la forma en que la aceptación y el rechazo funcionan en el tiempo -tanto en la retórica pública como en el curso del psicoanálisis personal- podemos reconocer las piruetas que la gente hace con ellos.

Aceptación: «Te acepto tal y como eres»; «Me acepto tal y como soy». Incluso si se consigue encontrar un lugar desde el que se puedan decir estas palabras, ¿cuáles son los límites de esta aceptación? ¿Cuánto tiempo se tarda en llegar al momento en que algo se vuelve insoportable, en que se descubre algo inaceptable?

Rechazo: intento de eliminar a ciertos extranjeros del cuerpo social. Ya sean, por ejemplo, judíos, homosexuales, comunistas, «enemigos del pueblo»[1], inmigrantes o «agentes extranjeros»[2]. El inconveniente es una creciente dependencia de la sociedad para tomar la fuerza necesaria para llevar a cabo esta eliminación. Si en un principio se atribuye un goce ajeno, vicioso, sucio o corruptor a los extranjeros (que beben la sangre de los bebés cristianos, se dedican al sabotaje, violan a «nuestras» mujeres, promueven «relaciones no tradicionales» con los niños [3]); posteriormente, cuando llega el momento de criticar un determinado régimen político, se atribuye el goce transgresor a sus dirigentes y ejecutores. Por ejemplo, está la depravación especial de Lavrenty Beria o Henrikh Yagoda, las orgías nazis o un poste de striptease en el palacio de Vladimir Putin [4].

El psicoanálisis comienza donde el par aceptación/rechazo y la topología incorporación/expulsión resultan inadecuados. Para eliminar el dominio de estas oposiciones, es necesario un tratamiento especial del tiempo, inherente al psicoanálisis, en el que se descubre que la aceptación y el rechazo son los efectos de un cortocircuito, los efectos de la urgencia por resolver la cuestión del tratamiento del goce, con la tensión que se experimenta en el cuerpo. Si salimos de esta urgencia de la definición, abriendo el campo de la indefinición, o de la incertidumbre, entonces podemos encontrar una certeza especial. No la certeza que discurre necesariamente por los contornos de la categorización socialmente establecida, sino la certeza del nombramiento íntimo (aunque lo socialmente establecido y lo íntimo puedan coincidir verbalmente para un sujeto) [5]. Entonces un analizado puede sorprenderse al ver cómo convierte apresuradamente la indefinición de una cierta tensión del cuerpo en algo que se puede definir. Con esta operación puede tomar forma un fantasma, que permite al sujeto advertir la brecha temporal en la que esta conversión, esta interpretación podría ser cuestionada y poner en duda su universalidad. También es posible aquí afrontar el problema del Otro radical, de la diferencia sexual, que, como subraya Freud, no está cubierta por las oposiciones inherentes a las pulsiones, incluida la de la aceptación/rechazo [6].

Para ello, es necesario abrir la brecha temporal mediante la práctica psicoanalítica, dentro y entre las sesiones. Una brecha en la que sería posible separar el significante del significado que lo persigue, el contenido del discurso de su acto, y no apresurarse a entender las palabras y a categorizarlas. Esa prisa domina hoy la vida pública: «tú lo dices, así que eres…», o «tú lo dices porque eres…» (por ejemplo, hombre/mujer/gay/ruso/negro…). Es lo que se llama política de la identidad, cuya lógica se encuentra en declaraciones que están aparentemente en los extremos opuestos del espectro ideológico.

Por ejemplo, está la pregunta que se plantea regularmente en Estados Unidos: «¿tiene derecho una persona que no es queer/mujer/negro a hablar de los problemas de quien no es queer/mujer/negro?». O la reciente declaración de la patinadora artística rusa Tatyana Navka, que comparó el patinaje artístico masculino con la «propaganda gay» y se alegró de que «no exista tal cosa en Rusia»[7]. Según esta lógica, el significante y el significado, el significado y el nombramiento, el sujeto del discurso y el «yo» se derrumban, creando no sólo una separación entre «lo nuestro» y «lo suyo», sino también el efecto del presente absoluto, en el que todos los pecados de la persona quedan grabados para siempre, con las consecuencias mortales que se derivan de unir el futuro de uno a su pasado. Aquí convergen inesperadamente la «cultura de la cancelación» y las declaraciones de Vladimir Putin contra la «reescritura de la historia»[8].

Desde este punto de vista, el psicoanálisis es una práctica que orienta al sujeto hacia lo real de su propio tiempo, pero a costa de encontrarse con la indefinición, con el psicoanalista como moderador de ese proceso.

* Psicoanalista en Moscú.

Traducido por Amparo Tomás.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://www.thelacanianreviews.com/it-takes-time/

[1] Expresión que ganó especial popularidad en la URSS durante el terror estalinista.

[2] La ley sobre «agentes extranjeros» aplicada a los individuos (y no solo a las organizaciones como lo era desde 2012) fue introducida en Rusia en 2018 y revisada en 2020, lo que dio permiso para considerar «agente extranjero» a cualquier persona que se dedique a una actividad política y reciba cualquier tipo de apoyo del extranjero. La práctica de nombrar a los «agentes extranjeros» es cada vez más popular en Rusia hoy en día en relación, en primer lugar, a los periodistas que no son del agrado de las autoridades.

[3] La ley «que prohíbe la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales entre menores» se introdujo en Rusia en 2013 y hace imposible retratar o discutir públicamente las relaciones diferentes a las de un hombre y una mujer, sin señales especiales, por ejemplo, «18+».

[4] Película del líder de la oposición Alexei Navalny y su Fundación Anticorrupción, que habla del palacio secreto de Vladimir Putin, construido con financiación corrupta. https://www.youtube.com/watch?v=ipAnwilMncI

[5] Podemos referirnos al caso descrito por Fabien Grasser sobre una persona que se definía a sí misma como «discriminada», lo que le daba cierta estabilidad mental. Fabien Grasser. Nomination et Interprétation // Les noms et la nomination. ACF IdF, L’Envers de Paris. 2012.

[6] Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de la pulsión. Ed. Amorrortu. Tomo XIV. 104’134. Argentina.

[7]https://bermuda.bpositivenow.com/tatyana-navka-she-compared-mens-rhythmic-gymnastics-with-gay-propaganda-and-was-glad-that-there-is-no-such-thing-in-our-country-meduza-i-found-the-four-time-russian-champion-and-talked-to-h/

[8] Por ejemplo: https://carnegie.ru/2020/10/29/coercive-history-lesson-from-vladimir-putin-pub-83075 (El psicoanalista Mikhail Strakhov llamó la atención sobre esta declaración de Putin en su blog: https://t.me/phobosov/52)

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