Vuelve el hombre, sin perdón

Jose R. Ubieto*

“En esta época en la que se pide perdón por todo yo no voy a engrosar las filas de los que piden perdón, no lo voy a hacer”, declaró Aznar hace unos días en la Convención del PP en alusión al papel histórico de España en América. En esa misma reunión afirmó con contundencia que «España es una nación plural, pero una; no son 17 naciones ni cinco ni cuatro ni tres; ni es un Estado plurinacional ni es un estado multinivel ni, con perdón, ni la madre que los parió».

En los dos casos vemos una invocación a la madre como referencia sagrada e intocable. Ni la madre patria ni la madre biológica pueden ser objeto de discusión y cuando alguien las pone en duda -eso incluye al Padre máximo, el Papa Francisco, que había pedido perdón a México por los «pecados cometidos» en la Conquista española- la potencia varonil debe salir en su ayuda, sin pensarlo.

Esa vocación de salvador del honor materno es muy propia de caballeros, personajes que se ofrecen como héroes y se envalentonan con esa misión. No en vano, Aznar se ha lamentado en repetidas ocasiones que los musulmanes nunca le han pedido (sic) perdón por haber invadido la península durante 7 siglos y él mismo, en su presidencia, alentó la guerra justa contra Irak. Una misión así infunde valor y mostrar cualquier signo de debilidad, cómo pedir lo que sea -incluido perdón- es demostrar que uno está en falta, que le debe al otro alguna explicación.

Aznar, a propósito de las razones de la guerra de Irak o del cambio climático, declaró repetidas veces que a él no le importaban las causas, sólo los hechos (por cierto, inventados). Las causas, razones diversas que explican un fenómeno, siempre son parciales y dejan dudas sobre su relación con los efectos. Nunca hay causalidad directa entre aquello que podemos suponer como antecedentes y lo que, luego, encontramos como consecuencias. Ocurre en la vida cotidiana y en las situaciones personales y, por supuesto y con mayor razón, en los hechos colectivos. Ni una agresión individual tiene una única explicación (juegan muchas variables) ni menos un conflicto nacional o internacional.

No querer saber de las causas es no querer saber de las responsabilidades que cada cual tiene en eso de lo que se queja. Como cuando el presidente de su partido, Pablo Casado, declaró que: “La Guerra Civil fue un enfrentamiento entre quienes querían la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia”, borrando así la existencia de una cruel dictadura que se alargó 40 años y cuyo legado sigue presente en algunos sectores de su propio partido.

Esa promesa del eterno retorno del hombre salvador está hoy muy presente también en Europa, donde vemos muchos ejemplos de este personaje, que más tarde o más temprano, se confronta a aquello que vela el mito: el culto a la personalidad y la arbitrariedad del acto redentor. La frase de Vargas Llosa, en la misma convención: «Lo importante de unas elecciones no es que haya libertad, sino votar bien» es un buen ejemplo. Salvar al otro, y más cuando éste no lo pide, no parece entonces un buen método para el otro ni para la convivencia social. Otra cosa son los beneficios para sí mismo. Y de esos beneficios tenemos sobrados ejemplos, sin que hasta la fecha nadie haya pedido perdón. El amor de una madre lo perdona todo, sin duda.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)´

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://catalunyaplural.cat/es/vuelve-el-hombre-sin-perdon/

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