Hace falta tiempo

Gabriela Medin*

Nos encontramos en medio de un interesante debate respecto de la sexuación a partir de las nuevas legislaciones en materia de derechos sexuales.

Una de las aristas del debate que me interesa particularmente es el estatuto que se le da al discurso del niño o del adolescente, el lugar que se le da a las afirmaciones que los niños y adolescentes hacen respecto de su cuerpo, de su identidad y de su elección de género.

Ha sido a partir de la clínica con niños, que me he interrogado en diferentes momentos de mi formación, acerca de la articulación tiempo- estructura, dado que constataba una y otra vez que hay tiempos de efectuación de la misma. Hay momentos clave a lo largo de la infancia y la pubertad, no se trata de los tiempos del desarrollo, pero si de tiempos lógicos.

Incauto de lo posible

La infancia es el tiempo privilegiado de construcción subjetiva, el tiempo en el que tomando la expresión de Lacan [1]nos hacemos “alfabeto vivo” de ese “girón de discurso” que no proferimos por la garganta, pero nos habita. La infancia es el tiempo de la constitución del sujeto. Un tiempo de anudamientos en los que se produce lo más singular: la respuesta del sujeto al malentendido[2] , al desajuste, a la hiancia, a lo real de la no relación sexual. Lacan nos lo dice en el Seminario 21 “El niño debe aprender algo para que el nudo se haga. Para que él no sea, si cabe decirlo, no incauto, es decir, incauto de lo posible”[3].

La producción de esta respuesta singular requiere tiempo. La enunciación propia, así como la asunción como ser sexuado requieren tiempo.

Es este tiempo de infancia el que, a mi entender, corre el riesgo de ser cortocircuitado, elidido en la civilización contemporánea.  La frase típicamente escuchada durante la infancia, “cuando seas grande…”, que conllevaba la promesa futura pero también introducía la dimensión temporal, está cada vez más ausente del discurso parental.

Los propios padres que recibimos en consulta están desorientados, angustiados frente a las demandas, los planteos y los síntomas de los niños, sumidos en el desconcierto frente al debilitamiento de lo simbólico, la proliferación imaginaria y la pluralización de goces con el concomitante empuje a elegir. Me encuentro una y otra vez conversando con padres en la consulta señalando que hace falta tiempo para ubicar lo que le sucede a su hijo/a.

El lugar del niño en la actualidad

Hace tiempo que venimos conversando en el Campo Freudiano y ha habido muchos artículos en Lacan Cotidiano, acerca de las variaciones en el lugar del niño en el siglo XXI. Actualmente es el niño el que produce la familia y esto ha tenido consecuencias. También es hoy, un consumidor más: videojuegos con pago incluido, oferta audiovisual que incluye merchandising y consumo de productos, el niño es cada vez más el objetivo de diferentes estrategias comerciales.  

En línea con los cambios mencionados, se ha acentuado la tendencia a tomar el discurso del niño al pie de la letra, y darle el mismo estatuto de verdad a su enunciación que el que se daría al discurso de un adulto, desconociendo las particularidades del mundo infantil y produciendo un borramiento de las diferencias entre niño y adulto.

Aún no precipitado

En los últimos años, acompañando la evolución de las reivindicaciones en materia de género, este modo de considerar el discurso del niño se ha acentuado, especialmente en las afirmaciones acerca de su cuerpo y su sexualidad. Las palabras o las expresiones de deseo, de malestar, las expresiones sintomáticas que en el niño dan cuenta de la dificultad de asunción de una identidad sexual, son interpretadas como demandas a tratar de complacer, calmar y solucionar con premura. En muchas ocasiones, falta tiempo para dar lugar al despliegue, a la dialectización necesaria. Sabemos que en la infancia la prisa por definir va en contra de la posibilidad de dar el tiempo necesario para que se produzcan los anudamientos.

En varios momentos de la enseñanza de Lacan encontramos orientaciones que nos permiten precisar la especificidad del sujeto en la infancia y la particularidad del discurso del niño. En el Seminario 6, Lacan conceptualiza el modo en que el sujeto de la enunciación se presenta en el sueño de Anna y afirma que “El modo bajo el cual éste se anuncia no es indiferente. En el sueño de la pequeña Anna Freud, se anuncia nombrándose al comienzo del mensaje del sueño. Les indiqué que allí quedaba algo ambiguo: ese yo, como yo de la enunciación, ¿es o no autentificado en ese momento? Les doy a entender que no lo es aún, y que esto constituye la diferencia que Freud nos da como aquello que distingue el deseo del sueño en el niño del deseo del sueño en el adulto”[4]. Concluye, luego, con una aseveración que considero clave para la clínica con niños: “En el niño algo no ha sido acabado, precipitado por la estructura, no ha sido aún distinguido en la estructura”[5].

Jacques Alain Miller también nos ha orientado respecto de esta diferencia niño-adulto: “Lo que Lacan llamó sinthome es un circuito de repeticiones, un ciclo de saber-goce que se desencadena a partir de un acontecimiento de cuerpo, es decir, la percusión de un cuerpo por un significante. En el que llamamos niño, tenemos la suerte de poder intervenir antes de que los efectos de retroacción de esta percusión hayan tomado la forma de un ciclo definitivamente estabilizado, e incluso si lo es, queda un margen que aún permite orientar el ciclo del sinthome, para que el sujeto pueda encontrar allí para él, bajo medida, orden y seguridad”[6].

Podemos decir, entonces, que el niño está más cerca del momento de constitución del parlêtre. Durante la infancia, el niño debe apropiarse de su cuerpo. Para que el cuerpo devenga propio es necesario un abrochamiento que anude, que solucione la inadecuación inicial entre la imagen y la experiencia del cuerpo. Ese abrochamiento no viene de entrada, y la clínica con niños, justamente a partir de los casos donde esto no está consolidado, nos lo confirma.

El registro subjetivo del cuerpo, así como de la sexualidad y la muerte cambia con el tiempo, no es el mismo en la infancia que post salida de la misma.

Sexualidad y muerte como nombres de lo real, pueden, en el tiempo de la infancia, quedar a cargo del Otro. Pero si el Otro, no distingue, no toma en cuenta, la diferencia entre el niño y el adulto, corre el riesgo de cerrar, de fijar prematuramente.

Lo que Jacques Alain Miller denominó “inmixión del adulto en el niño”, es inevitable y necesaria. Efectivamente, Daniel Roy lo señala en su texto de orientación para las últimas Jornadas del Instituto del niño, pero también distingue que la lógica y la economía de goce del adulto son distintas de las que prevalecen en la infancia. Así, nos indica: “La intromisión del adulto en el niño es que el niño va a ser conducido a ser distinguido y a distinguirse niño o niña en función del semblante constituido en la edad adulta según otra lógica y otra economía de goce distinta de la que prevalece en la infancia. ¿Cómo lo va a tener en cuenta, cuando no se le pide aún pagar por “el valor que más adelante habrá adquirido la pequeña diferencia”?Aquí se establece una solidaridad de semblante entre las generaciones, solidaridad que indica y vela, al mismo tiempo, lo real del goce en juego y que da su consistencia a la estructura familiar, a sus modalidades tan diversas”[7].

Los tiempos cambian, las formas familiares también, sin embargo, sigue siendo importante que sostengamos la necesidad de dar tiempo, el tiempo que haga falta, para que, cada uno, uno por uno y con esos algunos otros que lo rodean, produzca las ficciones, las invenciones y los anudamientos necesarios para que la sexuación advenga.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.


[1] Lacan Jaques, El psicoanálisis y su enseñanza. Escritos 1 p. 419. 2002. Siglo XXI.

[2] Lacan Jacques, Clase 10 de junio de 1980.

[3] Lacan Jacques, Seminario 21 Les non dupes errent. Clase del 11 de diciembre de 1973.

[4] Lacan J, El seminario libro VI El deseo y su interpretación. Paidós. P. 93

[5] Ibid. P. 94

[6] Miller JA, El saber del niño. En: Los miedos de los niños, p. 35.

[7] Roy, Daniel. Quatre perspectives sur la difference sexuelle. En : https://institut-enfant.fr/orientation/quatre-perspectives-sur-la-difference-sexuelle/

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