Del transexual al transhumano

Carla Tisi*

El carrusel de goces desenfrenados está globalizado por los medios de comunicación. Paul B. Preciado escribe que tras la esclavitud y la industrialización avanza el capitalismo de tercer tipo, un poder basado en la biotecnología y la difusión global que actúa sobre el cuerpo, el sexo y la sexualidad que, a partir de los años cuarenta, se convierten, progresivamente, en territorios de gestión y control técnico y político. La unión entre ciencia y capitalismo crea un sistema farmacopornográfico, productor de prótesis químico-hormonales, plásticas y quirúrgicas al servicio del goce propio, subjetivo, fuente de enormes beneficios gracias a la difusión mediática globalizada de modelos asequibles.  Las sustancias químicas sintéticas han suplantado a los remedios naturales de los que las mujeres fueron depositarias de conocimiento, antiguamente. Desde la Edad Media, la caza de las brujas y el odio a la diversidad han sido pretexto para imponer un control sobre la subjetividad, la sexualidad y los cuerpos de un modo violento, mientras que, actualmente y en poco tiempo, se ha provocado una cambio hacia el control tecnológico sutil, pero cada vez más penetrante, hacia el ámbito íntimo y privado. Son muchos los hechos que cita Preciado en su Texto tóxico para subrayar el advenimiento del poder biotecnológico: la lucha contra la homosexualidad; la primera cirugía de faloplastia; la producción de hormonas y la comercialización de la píldora, que separa la heterosexualidad de la procreación; el uso farmacológico de sildenafil, que se comercializa con el nombre de Viagra; la molécula de metadona, un poderoso analgésico y sustituto de la heroína…

En los años de la Guerra Fría, las transformaciones legales y económicas relacionadas con la pornografía y la prostitución abrieron el camino al mercado del sexo, mientras se difundía la práctica del consumo de drogas que constituyeron otras vertientes de la producción de capital. También fue el comienzo de la aventura espacial, pero no solo. Manfred E. Clynes, científico, y Nathan S. Kline, psiquiatra, trabajaban en la NASA y en 1960 publicaron un estudio científico Cyborgs and Space utilizando por primera vez el término cyborg y sugiriendo la hipótesis de implantes subcutáneos para la liberación de sustancias en el cuerpo: una especie de prótesis osmótica. Al respecto Preciado afirma que «[…] el término cyborg define una nueva condición biotecnológica, una especie de “máquina blanda”[…] sujeta a nuevas formas de control politico, pero así mismo capaz de desarrollar nuevas formas de resistencia» ₁. En el mismo período se creó con fines militares el Arpanet, antepasado de la Internet actual, y se implementó la industria y consumo de objetos plásticos hasta la formación del Trash Vortex, un continente flotante de residuos principalmente plásticos. Las prótesis plásticas se utilizan en los rotaciones de la sexualidad polimórfica, aumentando el impacto capitalista sobre el sujeto. Preciado está convencido de que todos tenemos prótesis y estamos dentro de una esfera de control biotecnológico: «La sociedad contemporánea está habitada por subjetividades toxicopornográficas: subjetividades que se definen por la sustancia o sustancias que dominan su metabolismo. […] El negocio de la farmacopornografía es la invención del sujeto y después de su producción global ” [2].

El género es una imposición de la sociedad que a lo largo de los siglos ha definido como patológico, ilegal o criminal al sujeto que no encajaba en el binarismo sexual, mientras que hoy el protocolo para el cambio de género y la industria del sexo son brotes de un sistema capitalista centrado en el control técnico del cuerpo que puede ser modificado hasta la concepción transhumanista de un ser cyborg como singularidad tecnológica. “El transhumanismo es una intensificación de una tendencia ya inherente a la cultura dominante, es decir, al capitalismo” [3].

Anuja Sonalker, CEO de Steer Tech, dice: “Ha habido un avance significativo hacia la tecnología sin humanos y sin contacto. […] Los seres humanos son biológicamente peligrosos, las máquinas no» [4]. La tormenta Covid-19 ha implementado el uso de la tecnología al acelerar una revolución que ha logrado la destrucción de los ideales, el empuje al goce, la apertura del mercado online. La oferta capitalista supera cualquier propuesta fantasmática. “La tecnociencia ha establecido su autoridad material al transformar los conceptos de psiquismo, libido, conciencia, feminidad y masculinidad, heterosexualidad y homosexualidad en realidades tangibles, químicas, moléculas comercializables, cuerpos, biotipos humanos, valores mercantiles manejables por multinacionales farmacopornográficas” [5].

El poder tecnológico, que ofrece un carrusel de los goces más allá de la castración, ya está avanzando una dictadura laxa pero no por ello menos mortífera.

“A esta omnipotencia biotecnológica, de carácter absolutamente nueva, corresponde, en segunda instancia, una impotencia, también de carácter radicalmente nueva. […] Con esto quiero decir que hoy, primordialmente, no somos seres mortales, sino que podemos matar» [6] escribió el filósofo Günther Anders en 1966, subrayando que podemos olvidar los acontecimientos de Auschwitz e Hiroshima, pero no podemos eliminar su repetición.

Queda por preguntarse si este capitalismo farmacopornográfico en el que “el sexo, los órganos sexuales, el goce y la impotencia, la alegría y el horror pasan al centro de la gestión tecnopolítica cuando entra en juego la posibilidad de obtener un lucro a partir de la fuerza orgásmica” [7] será más o menos letal que una guerra. Por nuestra parte solo queda seguir abriendo espacios y sostener, gracias al discurso psicoanalítico, la singularidad irreductible opuesta a la singularidad tecnológica.

Entre restos protésicos, corporales y de lenguaje, el eje de la respuesta sigue siendo el deseo del analista, más allá de la lógica del lucro y de la ruidosa confusión fármaco-pornográfica “porque lo que importa es aquello que él debería saber” [8].

*Participante SLP – Turin

Traducción: Diego Ortega Mendive

Fotografia seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://www.slp-cf.it/rete-lacan-n-25-20-marzo-2021/#art_6

[1] B. Preciado, Testo yonqui, Sexo, drogas y biopolítica . Anagrama 2020.

[2] Ibidem, pag.32-33

[3] O’Connell, https://www.pensierocritico.eu/transumanesimo.html

[4] Klein, https://www.dinamopress.it/news/screen-new-deal/

[5] Paul B. Preciado, Testo yonqui, Sexo, drogas y biopolítica . Anagrama 2020.

[6] Günther Anders, La obsolescencia del hombre  vol. II, Ed Pre Textos (2011)

[7] B. Preciado, Testo yonqui, Sexo, drogas y biopolítica . Anagrama 2020.

[8] Lacan, Propuesta del 9 Octubre 1967, en Otros Escritos, Paidós 2012

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