Pandemials: Los indoors y los outdoors

Elvira Dianno*, calmar me escribe

Indoors

La Vanguardia de Barcelona, en su edición del 27/09/20 [1], da cuentas de un nuevo significante que echa a rodar nombrando un fenómeno transgeneracional que incluye a quienes están “enfrentando las complejas situaciones que ha provocado y transformando su vida, su trabajo, sus relaciones… e incluso sus prioridades y su filosofía de vida para adaptarse a una nueva realidad que no imaginaban”. Adaptarse a barbijos, encierros, teletrabajo, telecomunicaciones, telereuniones con amigos.

El artículo de marras cita sociólogos, antropólogos y consultores, uno de ellos dice “El pandemial acepta y se doblega a las normas que se le imponen verticalmente, y no solo por la imposición institucional, sino porque está viendo las muertes que provoca la enfermedad”

Pesimismo, hiperconexiòn, proclives a los cambios y al aislamiento “nuevo vocabulario (aplanar la curva, confinamiento, nueva normalidad, distanciamiento social…– y nuevas habilidades y sensibilidades a la hora de cuidar de su salud, de valorar más a la familia y a los amigos, de preocuparse por los vulnerables, por las causas ambientales…” los caracterizan.

Señalan, además, menos migraciones y una incógnita sobre la tasa de fertilidad, amenazada por la incertidumbre.

Curiosamente, el artículo no menciona un fenómeno transoceánico y en su omisión marca el borde de los que no se incluyen en esa descripción pero que per se, le da consistencia.

Outdoors

Excepción hecha de algunas tribus -ya no más fuera del Ojo Global- a las que los drones han llegado, nadie que viva en este planeta puede ubicarse por fuera de la pandemia global, primera de estas características.

Primera, pero todo indica que no la última de tal alcance, en la que el virus se trasladó más rápido satelitalmente que “boca a boca” y estableció condiciones de vida igualitarias de una manera jamás imaginada fuera de la ciencia ficción. “COVID-1984” dice una pancarta en Marsella por los que reclaman en las calles la apertura de bares y restaurants.

Pandemials outdoors, al fin y al cabo, inundan las calles de las grandes y medianas metrópolis, a pie, en autos, en caravanas. Unos en reclamo de la “libertad de trabajar” (abogados, artistas, comerciantes, corredores inmobiliarios, la industria del turismo) otros resistiendo las restricciones a las “libertades individuales “, entre cuyas voces también se distinguen delirios multicolores.

Asombrosamente los tradicionales damnificados del reparto obscenamente desigual del planeta, no son quienes pululan en estas expresiones callejeras. Los condenados de la tierra de Frantz Fanon, más fáciles de hallar en el sursur del planisferio que en el rico nortenorte, se mantienen puertas adentro por convicción o por los férreos controles policiales. Eso sí, sin las posibilidades de los pandemials indoors adaptados a la tele-vida, casa, agua, jabón, wifi y trabajo. Nada de eso les tocaba antes en el reparto, mucho menos ahora.

Los llamados “trabajadores esenciales” pueden usar el transporte público, los indoors eligen bicicletas y automóviles.

Pero los también esenciales, policías, educadores y agentes de salud reclaman salarios más dignos.

Todo a la luz en redes y plazas públicas en una Babel en franco deterioro puso en jaque los sistemas de intercambio comercial, el reparto de las regalías y la plusvalía está desorientada. La pelea de los Titanes, no tan silenciosa, se puede ver en las bolsas y los twitters.

El punto es que también jaqueó la política – que no siempre sale airosa del embate por la propia decadencia de sus integrantes – y los niveles de descomposición social contagian exponencialmente en una curva en ascenso del descreimiento y el descontento, y eso no solo vale para los outdoors; los indoors, dicen los especialistas, “sufren miedo, se sienten indefensos y vulnerables, y no encuentran certezas ni líderes fuertes en quien confiar”

Una fórmula más letal que el virus, la tasa de mortalidad se llevará puestas nuestras formas democráticas que son sin duda las que más condiciones de comorbilidad de riesgo muestran.

Lacan ya anunciaba en los ‘70, el regreso de la segregación y el racismo, era cuestión de esperar, nada más, o, tal vez haya un margen aún, antes de que las vacunas lleguen y no encuentren a quien dárselas o hayan quedado pocos y las dosis alcancen. Bill Gates, el misántropo – conocido millenial, avenido epidemiólogo y futurólogo político – dice que llegará a los países ricos durante el transcurso del 2021 y a los otros durante el 2022. El sabrá por qué lo dice. Mientras, las anunciadas mutaciones hacen fila en las puertas de los laboratorios. La Ciencia, malherida, corre contrarreloj su Grand Prix.

Sin duda, esta guerra no es la de las Galaxias y se libra en los medios de difusión que llegan a todos lados, con un propósito deliberado de alienación y control, y lo consiguen, a menos que hagamos un esfuerzo de resistencia a la sugestión que a las masas ofrecen como cobijo en la intemperie, en busca de un líder que les prometa lo imposible: garantías.

Algunos ya se anuncian y prometen libertad sin barbijos y otros, pandemia y control para 100 años. Outdoors e indoors, se irán alineando. El regreso de la segregación, el racismo, las masas, la identificación.

Por suerte, se pueden barrar, si vous voulez.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (EOL)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.


[1] https://www.lavanguardia.com/vivo/lifestyle/20200927/483599211619/pandemials-cambios-covid.html

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