Se oyen gritos al atardecer bajo el cielo de Madrid (2)

Texto que hace serie con el publicado el 18 de mayo de la misma autora sobre la movilización de la derecha en contra del gobierno de España. Esta comenzó en la calle Núñez de Balboa y se extiende hoy por distintas ciudades.

 

Se oyen gritos al atardecer bajo el cielo de Madrid (2)

 

Azucena Bombín*

 

¡España no se rinde! Yo sí. Estoy en directo. Me tiemblan las piernas. Camino. Escucho. Observo.

Ahora mismo en Narváez con Ibiza. Estruendo de cucharas golpeando cacerolas, pero también farolas y mobiliario urbano al grito feroz de dimisión. Salvaje. Y las miradas. En esos rostros enmascarados sólo queda la mirada atravesada por el odio, la rabia. ¡Abajo el gobierno! ¡Libertad! ¡Dimisión! Pero esta vez no me voy. Quiero dar cuenta de lo que pasa. ¿Qué derecha es esta? ¿Quién es esta gente? ¿Son mis vecinos? ¿Es este mi barrio? ¿Dónde estoy?  Ahora el himno vociferado de tal manera que jamás podrá ser el mío. Tampoco su bandera será nunca la mía.

¡Viva España! ¡Viva! Viejos. De mediana edad ¡Y jóvenes, la mayoría! La pitada sostenida de los coches al pasar agitando banderas por las ventanillas añade un toque futbolero a la escena.

¡Viva la policía! ¡Viva la guardia civil! ¡Viva España! Todos a una: ¡Viva! ¡España no se rinde! Lo de siempre, España es sólo suya.

Son pocos en la calle, de momento y que así siga. Que desaparezcan pronto, aún mejor sería. En las ventanas y en los balcones, es ya costumbre, corea la compañía. Pero ¿cómo no?, si la mismísima presidenta, Doña Isabel Díaz Ayuso, amenaza a nuestros representantes con recuperar para Madrid la horda primitiva. La horda primitiva quita hierro y les define bien. Me da la risa. Mejor ya me voy. Camino hacia el Retiro. En el jardín deseado y prohibido desbordan las tapias de primavera. La cara entre las rejas, miro hacia dentro como se mira hacia afuera. Lo anhelo.

Cruzo hacía Alcalá, quiero ver la puerta. Camino tranquila entre gente tranquila: ¿Empezó así el boicot a la República? ¿Les es este gobierno tan insoportable como lo fue aquel y como lo sería cualquier gobierno que osara contemplar mínimamente lo común, lo social?

Esta derecha heredera de la CEDA, implacable y sin ningún respeto por la democracia, ¿no es responsabilidad de todos nosotros que continúe ahí intacta? ¿Qué clase de democracia hemos tenido durante estos cuarenta años en los que no hemos sido capaces de cuestionar a esa derecha franquista ni tampoco de ponerla en la tesitura de que se cuestionara o tuviera que reconsiderar su responsabilidad en el Golpe de Estado, su participación más que activa en la instauración de un régimen dictatorial de 40 años y sus crímenes contra la humanidad? La realidad es que nunca tuvieron que responsabilizarse de esa España atroz que fue la del nacionalcatolicismo, versión española del fascismo. ¿Acaso no fue eso, establecer responsabilidades y autorías criminales, lo que se hizo en los países que pasaron por una dictadura cuando finalmente recuperaron la democracia?

Digamos que durante los nuevos 40 años que siguieron a aquella larga noche obscura de nuestra historia hemos mirado para otro lado, y ya en la primera década del 2000 y con el PSOE en el gobierno, pesaron más las excusas cómodas que las razones de peso en la decisión de no hacer nada. Como sociedad, consentimos. Y ahora tenemos una derecha corrupta hasta las cejas y a la que no le duelen prendas en transmitir a los suyos la consigna de que este gobierno es ilegal: difunde, pásala.  Como sociedad nos inhibimos dejando así el camino libre a las consecuencias. Parece que la denegación no sirve de mucho y que lo forcluido siempre vuelve, a por lo suyo.

A la Puerta de Alcalá un enorme crespón le ciega el arco central. De repente entiendo por qué siempre me he sentido tan extranjera, tan fuera de lugar, tan ajena. Y es que, en España, mi país, siempre ha habido y sigue habiendo una derecha que expulsa al otro, al diferente, al que quiere otra cosa. Una derecha que se cree dueña y señora y que grita: ¡Fuera! ¡Fuera! en cuanto pierde el poder y la posibilidad del mangoneo con él. Así las cosas, alguna razón de ser tienen también las autonomías.

Y después de todo: ¡Qué gente tan absurda! ¿No habrán sido ellos los equivocados, los descolocados de la Historia?  Me invade un cansancio, una fatiga, un aburrimiento, una indiferencia profunda. Reportera por unos días. El tiempo de ver, comprender y concluir. No necesito volver. No me interesa.

Diré como en yoga: estoy en paz conmigo misma y con el universo. A otra cosa mariposa.

 

*Profesora de francés. Socia de la sede Madrid de la ELP.

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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