CORONAVIRUS: “Los delincuentes por sentimiento de soledad”

Los delincuentes por sentimiento de soledad

 

Gustavo Dessal*

 

 

En Japón aumenta el número de ancianos que cometen delitos porque desean ir a la cárcel. Allí se sienten acompañados, se los trata bien, y el confinamiento resulta preferible a la extrema soledad que padecen. Freud escribió un ensayo titulado “Los delincuentes por sentimiento de culpabilidad”, referido a aquellos sujetos que cometen delitos para que la sanción legal atenúe su sentimiento inconsciente de culpa. Ahora podríamos añadir una variedad: los delincuentes por sentimiento de soledad. En Japón son fundamentalmente mujeres las que roban un sándwich para recibir un castigo de un año de prisión. Un año donde tener compañía asegurada, y la escucha de los guardianes que -según el testimonio de algunas convictas- son amables y pacientes. Cuando se recobra la libertad, la estancia puede renovarse con el robo de un segundo sándwich, lo cual da acceso a cinco años más (la reincidencia es severamente penada en Japón). Total, seis años menos solitarios.
Es curioso. En muchas partes del mundo el confinamiento resulta insoportable para tanta gente, mientras que en Japón hay personas que lo ansían de modo extremo. También existen en ese país los “delincuentes por sentimiento de pensión insuficiente”, lo cual es algo más que un sentimiento. En la cárcel se puede incluso ahorrar dinero, como dice Toshio Takata, un viejecito que amenazó en un parque a una mujer con un cuchillo. No tenía la menor intención de hacerle daño, sino de asustarla lo suficiente como para que llamase a la policía. Ocho años de reclusión le garantizaron techo, comida, y algo de dinero en el bolsillo cuando salió. Para Toshio, el negocio no fue tan malo.
Erich Fromm supo muy bien que la libertad da miedo. Da miedo también a los manifestantes armados que en USA reclaman el fin del confinamiento. Ellos creen que reclaman libertad, y no se dan cuenta de que en nombre de la libertad lo que verdaderamente persiguen es morirse. Los seres humanos no soportan demasiado ni la vida ni la libertad. Para una gran mayoría, la vida y sus incertidumbres es algo que prefieren evitar como sea, y la libertad una carga muy pesada como para llevarla sobre la espalda. Por eso gente como Bolsonaro, Trump, y otros pueden ser líderes adorados por las masas, porque las conducen hacia la muerte y la esclavitud.
La diferencia entre un neurótico y un perverso, es que el primero tiene más probabilidades de ir a la cárcel. El segundo siempre se las ingenia para evadirla. De eso tenemos ejemplos de sobra en todas partes. Hay políticos neuróticos y políticos perversos. Los primeros lo hacen todo mal para ser castigados, incluso en las urnas. Apenas gozan un poquito. Los segundos, en cambio, gozan todo lo que les da la gana. No pagan condena ni pierden nada. Es la habilidad del perverso, y cuando algún milagro judicial los mete en cintura, tienen amigos que les consiguen los mejores puestos incluso estando confinados.
Con su “Robinson Crusoe”, Daniel Defoe (que por cierto escribió también una obra menos conocida, “Diario del año de la plaga”, sobre una peste en Amsterdam en 1664) nos ha dejado toda una reflexión sobre el aislamiento como estímulo para la regeneración moral y la reinvención de la vida, un mensaje que en estos tiempos vemos surgir como flores de esperanza, ramilletes de buenos deseos sobre el verdadero valor de la vida. Defoe consideraba al ser humano “la más miserable de las criaturas”, por haberse condenado a sí mismo persiguiendo espejismos vacíos. Robinson convirtió la necesidad en musa inspiradora, y reconstruyó en su isla una existencia basada en el arrepentimiento. Encontró oro, y grande fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que no valía la pena extraerlo de la tierra. Defoe fue uno de los grandes moralistas de la historia de la literatura, pagó cárcel por sus ideas políticas y acabó sus días encerrado y oculto de sus acreedores. Ahora, azotados por esta tormenta que muchos vieron venir pero que nadie quiso aceptar, hemos naufragado. La nave se ha ido a pique y hay quienes piensan que vamos a resurgir mejores y más buenos. Que como Robinson, vamos a cultivar nuestras verduras y volver al estado de naturaleza del que hablaba Rousseau. Un mundo sin aviones, sin bancos, y sin desigualdades. Un grupo de ecologistas franceses le envían un vídeo a Macron proponiéndole que desaparezcan los aviones, y que recuperemos el velero como medio de transporte. A mi edad, se me haría un poco largo ir de Madrid a Buenos Aires en velero. Pero por soñar, que no falte…

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s