CORONAVIRUS: “Humo y espejos”

Humo y espejos

 

Robyn Adler*

 

“No habría que mirar nada. Ni a las cosas ni a las personas.

Solamente habría que mirar a través de espejos, porque los espejos sólo nos muestran máscaras.”

Oscar Wilde, Salomé*(1)

 

Esta cita me ha estado rondando desde hace tiempo. Apareció en el catálogo de mi primera y última exposición como artista contemporánea, coincidiendo con las secuelas de la crisis del 11-S.  La exposición titulada “arte, artificio, adoración” giraba en torno a la historia de la supuesta espía de la Primera Guerra Mundial, Mata Hari, ejecutada por el pelotón de fusilamiento en Vincennes.  Como madre soltera, Margaretha, nacida en Holanda, asumió la identidad de una exótica bailarina javanesa para poder sobrevivir.  El artificio de Mata Hari resultó en la muerte y mi exposición supuso un golpe de muerte para mis aspiraciones como artista, las imágenes del 11 de septiembre se mostraban excesivamente digeridas por lo simbólico, al producir una imagen de más que resultaba innecesaria, indulgente y sobraba. Me dediqué entonces al estudio de la iconografía y me embarqué en mi propia muerte simbólica a través del psicoanálisis.  Un desafío que lleva no solo a la inexistencia de Dios, sino también a la impotencia del padre como garantía de la palabra.

Veinte años después, nos enfrentamos a otra crisis.  Esta vez amenaza a cada uno de nuestros cuerpos.  Australia, que comenzó el año con incendios forestales devastadores, ahora es víctima de una pandemia mundial. En poco tiempo, nos hemos familiarizado con las máscaras: primero entraron en nuestro vocabulario las “máscaras P2” e, inmediatamente después, las “máscaras N95”.  Veo en los titulares de hoy: “El único número que hay que considerar con respecto al COVID-19”. El “factor de crecimiento”, la nueva medida de todas las cosas, tomando el lugar del padre, es lo único que cuenta.  Leo:  “Hay un solo número que revela a simple vista si el brote de coronavirus está mejorando o empeorando. En las próximas semanas, valdrá la pena entenderlo y seguirle la pista”.  ¡Sigue este número si quieres entenderlo!  Los cálculos de nuestros cuerpos contenidos en la red de seguridad de los comités científicos se nos presentan como gráficos – inscripciones legibles de forma instantánea dirigidas a toda la sociedad.  Si cada uno de nosotros pone su granito de arena, se podría cambiar la trayectoria de esta inscripción del gran mandato del buen utilitarismo, del mejor, el máximo, el útil, a expensas de la singularidad del placer y el dolor, que se niega a ser medido relativamente. Mientras tanto seguiremos mirándonos en espejos que sólo nos muestran máscaras.

El uso de plataformas de conferencias por Internet nos permite volver al trabajo con una mínima interrupción de la productividad.  Nos adaptamos fácilmente, encajamos en nuestras pequeñas y ordenadas pantallas que desafían tanto el contagio como el hablar todos a la vez. Tenemos que aprender a interrumpirnos de forma diferente, a preparar un guion de antemano, a comunicarnos de forma efectiva.  Sin embargo, las tasas de suicidio se han disparado y las líneas de ayuda están recibiendo un número de llamadas sin precedentes.  No hay duda de que nuestras máscaras y la distancia entre las personas y las cosas están aumentando la ansiedad en manifestaciones muy singulares, a pesar de nuestros esfuerzos colectivos para “aplanar la curva”.  Las máscaras y los espejos son inadecuados frente a lo real invisible.

Lo que escapa a la imagen especular de las máscaras y espejos es el cuerpo de LOM. LOM, introducido por Lacan en El Sinthome, es homofónico con lo que lo precede: “Nous sommes z’hommes”.  Se podria traducir como “nosotros el pueblo”, la frase inicial del preámbulo de la constitución de los EE.UU. o de la Declaración de 1789, su introducción oscila entre el “Hombre” (l’homme) del título y el pueblo (les hommes) de su frase de apertura.  Lacan enfatiza el “sommes”, el ser del pueblo en un registro ontológico desprovisto de sustancia. “Nosotros (somos) el pueblo” como masa generalizada que sólo contamos en la medida en que asumimos un lugar preestablecido en un gráfico, que comunica a través de las latosas, la única “[e]videncia de una medida común y una excepción, que, bajo su regla, se tuerce “1; una función utilitaria en la que el Nombre del Padre es sustituido por el mandato ¡Contar! (2)

Pero LOM, esta condición mínima del humano (3), escapa a esta masa generalizada.  LOM, con su artículo definido borrado, homofónicamente tanto singular como plural, neutral en cuanto al género, trinitario y con resonancias con las tres letras del ADN, no está del lado del ser sino del tener.  “El hombre tiene un cuerpo, es por el cuerpo que se tiene.  La otra cara del habeas corpus”(.4) Anteriormente, en el seminario de 1974 en Niza, Lacan había dicho: “El hombre ama su imagen como lo que le es más prójimo, es decir su cuerpo. Simplemente, de su cuerpo no tiene estrictamente ninguna idea.  Cree que soy yo [moi]. Cada uno cree que es él.  Es un agujero.  Y después, afuera está la imagen.  Y con esta imagen hace el mundo”(.5) Este agujero en el centro de la vida, marcado como una letra de lalengua, L-O-M.

Una de las cosas que el hombre puede hacer con su cuerpo es hablar, pero habla con de l’une bévue, la equivocación (6) de lalengua.  En efecto, esto hace que su cuerpo sea inútil comparado con los animales dotados del conocimiento instintivo que se requiere para sobrevivir.  El inconsciente, como el cuerpo hablante, no es en absoluto útil en el sentido utilitario.  Funciona de una manera que es “perjudicial para la felicidad y el bienestar del sujeto… A través de la estupidez del inconsciente la especie humana sobrevive “(7).   Así que mientras que por su cuerpo él es asumido, LOM nunca es totalmente reducible a la captura biopolítica porque esta inutilidad inherente, este núcleo opaco de goce, lo hace incapaz de ser representado plenamente.  Algo siempre se escapa y permanece en el lado de lo singular, dejándolo con un cuerpo con el que sólo él puede hacer algo.

¿Cuál es nuestro deseo con respecto al nuevo uso de los cuerpos?  ¿Cuerpos políticos en virtud de que sean contados uno por uno como parte de un colectivo, y no una masa homogénea condenada a ser representada gráficamente por los discursos de la ciencia y el capitalismo?  Ha surgido una urgencia como “exigencia del psicoanálisis post-Joyceano: apuntar a un análisis que no sea bidimensional “(8). Si lo real es la vida, como inscribe Lacan en el círculo de lo real en La Troisième, entonces es igualmente la imposibilidad de la vida.  “Nosotros, el pueblo”, de repente salimos de nuestras zonas de confort y nos sumimos en la incertidumbre de una pandemia invisible que nos obliga a inventar algo.  Mata Hari, u “ojo del amanecer”, fue capaz de hacer algo con su cuerpo para sobrevivir, al menos por un tiempo, un despertar que le produjo cierta satisfacción.  Salomé, bueno, se trata de otra satisfacción. Cada uno dejó restos idiotas, contables, opacos, retazos de síntomas, que no hablaban el lenguaje del Padre (9), en el lugar de la Historia.

*Universidad de Melbourne | MSD · Victorian College of the Arts

 

Traducción: Amparo Tomás García.

 

Fotografía seleccionada por el editor.

 

Fuente: http://www.thelacanianreviews.com/smoke-and-mirrors/

 

 

1.Jacques-Alain Miller, ‘Le Despotisme de la Utile: la machine panoptique de Jeremy Bentham’, Ornicar? 3, May 1975

2.See M-H Brousse Brousse para una discusión sobre el “superego estadístico “Ordinary Psychosis in the Light of Lacan’s Theory of Discourse”. Psychoanalytical Notebooks, No. 19, July 2009.

3.Jean-Claude Milner lo aclaró durante un reciente viaje a Australia. Ver Relire le Révolution, o en English, Political Considerations About Lacan’s Later Work, Crisis and Critique, vol. 6, no.1.

4.Lacan, Joyce le Symptôme, Autres Ecrits.

5.Lacan, The Lacanian Phenomenon, Seminar of November 30th, 1974.

6.Literally “twice seen”.

7.Jacques-Alain Miller, A Reading of Some Details in Television in Dialogue with the Audience, Barnard College, New York, April 1990.

8.Eric Laurent, A Portrait of Joyce as a Saint Homme, TLR5, p. 30.

9.See Eric Laurent, L’Envers de la Biopolitique, p. 43.

 

 

 

 

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