CORONAVIRUS: “El efecto-verdad del virus”

El efecto-verdad del virus

 

Vilma Coccoz*

 

Mientras llegaban las primeras y contradictorias informaciones la oscilación entre el miedo y la incredulidad era patente, palpable. Nada nos había preparado para un acontecimiento de esta naturaleza. Las versiones sobre la génesis en laboratorio del virus no se hicieron esperar, era preciso encontrar un agente, alguien con malévola astucia que justificara el desastre.

A medida que el contagio se desplazó a Europa, y comenzaron a comprobarse las insuficiencias del sistema sanitario para cuidar de sus ciudadanos, el sentimiento de desamparo se hacía más agudo, y con ello la propensión a minimizar el impacto, dando credibilidad a aquellos expertos que equiparaban esta enfermedad a la gripe, intentando convencernos de que sólo era letal cuando afectaba a personas mayores y con otras patologías y que, por lo tanto, no había motivo de alarma.

Mientras tanto, las ventas de la obra de Camus se habían disparado, incluso los profesionales sanitarios, exigidos a estar y responder en primera línea, buscaban en la referencia a películas una manera de representarse esta catástrofe.

El presidente francés le puso nombre al estado en el que nos encontramos: guerra.

Pero el enemigo es acéfalo.

Hemos comprendido la responsabilidad de cada uno ante el peligro invisible, sin forma, que amenaza nuestras frágiles existencias.

El periódico de Bérgamo es elocuente, en la edición del viernes pasado las necrológicas ocupaban no una página como era lo habitual, sino diez.

En efecto, las personas pertenecientes a la población de riesgo que han sucumbido al contagio, mueren.

Y ya no valen las justificaciones mezquinas de que hubieran perecido por alguna otra causa. Ahora sabemos en qué condiciones abandonan este mundo, a solas, sin ceremonia, sin la mano de sus seres queridos.

Ahora sabemos que las consecuencias de esta pandemia son y serán tremendas. Y que es preciso arrimar el hombro. El voluntariado se está organizando rápidamente[1], y ese es el signo inequívoco de la salud social.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

[1] Me he sumado a la lista que el colegio de Psicólogos de Guipúzcoa ha confeccionado para la atención telefónica con motivo de esta emergencia.

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