De la imposibilidad a la impotencia

De la imposibilidad a la impotencia

Oscar Strada*

 

La política española parece haber terminado con uno de los imposibles freudianos: la imposibilidad de Gobernar. Freud la teorizó como uno de los tres imposibles para el ejercicio de la función situando necesariamente al sujeto fuera de tal ejercicio.

Actualmente el ejercicio de la política española ha convertido la subjetividad  en una categoría que puede alterar las estrategias, las políticas y hasta el diseño de los aparatos ejecutivos de dichas políticas. La “falta de confianza” y hasta una “incompatibilidad personal” fue aducida por el presidente Pedro Sánchez como motivo principal para no poder confeccionar un gobierno de coalición con Unidas Podemos y especialmente con su dirigente Pablo Iglesias, al que llegó a vetar literal y personalmente poniéndolo como causa de imposibilidad de formar gobierno y compartir gabinete. Recientemente declaró que la sola idea de gobernar con Iglesias, le producía insomnio.

Posteriormente en la malograda sesión de investidura los líderes del PP, Ciudadanos, Psoe y también Podemos se prodigaron mutuamente en referencias personales descalificativas como si fueran categorías políticas, por ejemplo, soberbia e hipocresía, epítetos al servicio de garantizar la imposibilidad otra vez, de establecer o acordar acuerdos políticos que permitieran la gobernabilidad del país.

En las sesiones parlamentarias la dialéctica empleada se convertía en una especie de ejercicio perverso que consistía en atacar al adversario y acusar los efectos de los ataques recibidos, renunciando a mostrar el deseo de gobernar  y situándose como objeto para la domesticación, el dominio, o el sometimiento del otro, en un ejercicio pulsional destructivo, no sin cierto goce sado masoquista, ofreciéndose a la mirada del otro en un goce obsceno. Bastaba verles los rostros jaleados por el coro y el aplausómetro de sus bancadas.

Las razones del fracaso colectivo no se deben a la imposibilidad, sino más bien a la impotencia en términos de discurso, impotencia de formar gobierno frente a la caída del deseo de gobernar. Es decir, a retroceder frente al deseo del Otro del bien común, de la justicia distributiva, del Otro de la política, que no es sino el acuerdo, y la compatibilidad de las diferencias por el bien común.

Asistimos a un fracaso de la consistencia imaginaria, a la renuncia a mantener los pactos simbólicos y al resurgimiento del real imposible de la no relación. Ahí está instalada la clase política española que puede ser definida así, en función del lugar privilegiado que ocupa en las relaciones de producción y en el estatuto jurídico especial que la sustenta, fuera del pacto de las relaciones laborales que rigen para el resto de los trabajadores. Ellos pueden establecer un régimen laboral propio, la suspensión de sus funciones y sus propias indemnizaciones. Mientras tanto la ciudadanía parece adormecida en sus reacciones, privadas de su mecanismo representativo oficial en un asombroso silencio. Si sus representantes callan, los ciudadanos también callan y asumen su ejercicio de impotencia.

Pero no todo parece perdido y siempre puede surgir un Mesías cuya consigna es “Desafectados del País, Uníos. Decepcionados, Venid a mí. Este es mi cáliz”. Curiosamente surge así un partido político por razones terapéuticas, por añadidura.

Frente a este panorama que altera radicalmente el juego de la política y que se manifiesta en la ausencia de propuestas o respuestas ante esta decisión de paralizar las instituciones y congelar los discursos, invitamos a todos aquellos que se sientan concernidos o que quieran implicarse en un ejercicio de lectura y en una práctica discursiva que recuerde la advertencia freudiana frente del adormecimiento que contribuyan al despertar, a través de dispositivos como la red Zadig, por lo que instamos a participar activamente en ella.

*Psicoanalista. Socio de la sede de Madrid de la ELP.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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