Los ‘menas’: un síntoma social

Los ‘menas’: un síntoma social

 

Mario Izcovich*

 

Dada la situación actual, la única manera de que el sistema de pensiones sea sostenible en el futuro será gracias al improbable aumento de la natalidad y a la llegada de extranjeros. Esto Alemania lo sabe muy bien y por ello en los últimos años acogió a más de un millón y medio de inmigrantes refugiados.

Se sabe que los extranjeros en su gran mayoría buscan garantizar su futuro y por tanto vienen decididos a trabajar en lo que sea. Lo vemos en nuestras ciudades con nuestros mayores, que envejecen mejor en sus propias casas y no en las instituciones. Para ello están al cuidado de extranjeros. Lo vemos en el campo, donde los trabajos más duros van a cuenta de inmigrantes. Lo mismo en la construcción, en los servicios y un largo etcétera.

Sin embargo, esto no se suele reconocer. Nos preocupamos (cada vez menos) por cómo viven en sus lugares de origen, pero cuando los tenemos cerca nos molestan. La figura del extranjero es la del diferente a mí, que puede amenazar mi identidad, mis costumbres.

Lo que ocurre en esta época no es nuevo. Hace más de 500 años en España ya lo vivieron los judíos que, o se convertían -es decir se asimilaban- o se los echaba, como ocurrió. La Inquisición fue en realidad la consecuencia, el ambiente social ya era hostil. ¿Cuánto evolucionamos? Seguramente como sociedad organizada muchísimo. Sin embargo, en ciertas cuestiones parecería que no tanto.

Lo hemos visto en los últimos meses en relación con acontecimientos violentos con niños extranjeros (principalmente magrebíes) que son tutelados por la Administración. He tenido ocasión de leer los comentarios de mucha gente en las redes sociales a raíz de un Centro que el gobierno de la Generalitat abrió en Collserola.

El patrón fantasmático se repite: vienen a quitarnos algo, lo más preciado. Vienen a atacar sexualmente a nuestras hijas. Vienen a introducir sus dogmas y cambiar nuestras tradiciones. Hay una frase que insiste: ¡Que se vuelvan a su país de origen, que se vuelvan con sus padres! Se convierten ellos en aquello que odiamos: violadores, ladrones, sin ley.

Lamentablemente, allí donde se puede ver una oportunidad, en cambio, se los fija en el peor lugar. La administración los clasifica, es decir, les otorga un nombre que reemplaza al nombre propio: Menores extranjeros no acompañados, con el acrónimo ’menas’ y se los pone a vivir a todos juntos como en una especie de guetto.

El nombre fija más su lugar, funciona como las etiquetas patológicas: se coagula la identidad. Ser otra cosa para estos niños o jóvenes será, pues, un trabajo arduo. ¿De qué son responsables? ¿De no tener familia? ¿De aventurarse a otra vida, mejor quizás?, ¿de querer acceder a los objetos que el Capitalismo ofrece y que a ellos se les niega?

Recuerdo ver la película Pixote, de Hector Babenco que mostraba de forma cruda el fenómeno de los niños de la calle en Brasil, fenómeno que luego se extendió a todo Latinoamérica. Niños invisibles para el resto de la sociedad, que tienen que sobrevivir. La única salida del personaje principal es la delincuencia. ¿Hay otro destino posible para estos niños? Aquí también son invisibles, son pocos quienes se interesan por ellos, hasta que alguno comete un delito.

Estos niños tienen algo en común, se les ha sustraído la infancia. Son confrontados a decisiones de adultos que, obviamente, tienen consecuencias. Por supuesto, algunos de estos jóvenes infringen la ley y por tanto han de ser sancionados, pero por sus actos, no por el hecho de ser extranjeros. A la vez que han de ser acompañados. Sin embargo, no son reconocidos por la mirada del Otro, es decir queridos. Y sin duda esto promueve en ellos el rechazo, el sentirse excluidos. No son de aquí pero tampoco son de allí.

¿Qué porvenir les espera a estos niños? Especialmente cuando ven a su alrededor como viven otros menores como ellos. El diccionario, que no reconoce (aún) el acrónimo ’mena’, nos explica que una ‘mena’ es un mineral del que se puede extraer aquel elemento porque lo contiene en cantidad suficiente para poderlo aprovechar. Paradojas del significante.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Publicado en https://www.lavanguardia.com/vida/20190927/47651976126/los-menas-un-sintoma-social.html

 

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