Chahdortt Djavann: “El fardo de la libertad”

Chahdortt Djavann: “El fardo de la libertad”

 

Eduardo Scarone*

 

Nació en Irán y desde 1993 vive en París donde ha estudiado antropología. Chahdortt Djavann es novelista y ensayista de lengua francesa y nacionalidad francesa.

En su ensayo titulado “Cómo luchar eficazmente contra la ideología islámica” (Grasset, noviembre 2016), además de su análisis social y político de la situación actual de las relaciones entre el islam y el mundo occidental, escribe en uno de los últimos capítulos titulado “El precio de la libertad”, las circunstancias y el modo en que ella ha vivido su salida de Irán y su llegada a Francia.

“Abandoné Irán a causa del islam que condena el cuerpo, que vela a las mujeres, a las niñas. He abandonado Irán a causa del islam que amordaza, encierra en prisión, tortura, ejecuta, incluso a los menores. He abandonado Irán a causa del totalitarismo islámico”. (1)

La experiencia traumática corresponde a la transformación sufrida en su país después de lo que se llamó la Revolución islamista de 1979. Vivió bajo ese nuevo régimen durante toda su adolescencia, hasta 1991, fecha en que deja Irán. Llega a Francia en 1993, después de pasar dos años en Turquía. Tiene 25 años. La llegada a Francia corresponde con lo que Chahdortt Djavann había deseado fuertemente. Se encuentra por fin en el lugar que representa para ella la libertad. Un año después, “después solamente de un año de libertad, me corté las venas, tendones y nervios con un cutter en una habitación de hotel”. Analiza  ese episodio paradójico en su libro, después de “una operación quirúrgica, una estancia en hospital psiquiátrico y largos años de psicoanálisis y de estudio”:

“La inmigración en Francia era mil veces más difícil que lo que yo podía imaginar. La tierra soñada, la tierra prometida no existía; y la libertad no prometía nada glorioso, era una gran fuente de angustia. Desclasada social y económicamente, tenía multitud  de problemas, un pasado doloroso –como lo es a menudo el caso de los inmigrados- y la libertad bajo el brazo, que me reenviaba a mi responsabilidad  de adulto demócrata, cuando no lo era. Ya no tenía la excusa de un sistema islámico que me oprimía, que me prohibía esto o lo otro…El derecho a una vida libre, concedido. Me había quitado el velo, pero mi visión del mundo y de la vida, mi comprensión de mí misma y de los otros se habían quedado profundamente enraizadas en mi educación iraní, en los años de frustraciones y de prohibidos bajo el régimen de los mollahs” (2).

El psicoanálisis nos revela  aquí que la realidad no es un dato exterior al sujeto. Ella está comprometida con su propia vida, su propia historia. Tal como descubre Freud, la realidad es siempre y únicamente accesible a través de la ventana del fantasma de cada uno. A varios miles de kilómetros de ese país del que huye, Chahdortt Djavann se había llevado con ella el encierro y las prohibiciones, como una marca subjetiva que le permitía abordar el mundo y la relación con los otros. La distancia geográfica no había sido suficiente para permitirle modificar su realidad psíquica. Se mantenía pegada de forma sintomática a lo que había vivido, como modo de goce enraizado en lo más profundo de su ser.

“(…) he comprendido que lo que me había hecho hundirme era, entre otras cosas, el fardo de la libertad. Esta libertad terrorífica, angustiante, que me había caído encima de golpe y que había cuestionado todo. La libertad sin lengua, sin lazos, sin referencias y la soledad del inmigrante que yo era me habían encerrado en un ghetto mental; y sin embargo yo era joven, no me faltaba inteligencia, podía hacer lo que quería; el horizonte abierto: tenía la vida delante de mí; pero no sabía qué hacer de esa libertad, por qué extremo cogerla, por dónde empezar una vida libre, cómo gestionarla. La libertad había matado mi deseo, mi salvaje voluntad de vivir, de resistir. Cuando tenía la libertad total de beber, de salir, de bailar, de conocer a gente, de hacer el amor (joder)…me quedaba enclaustrada. (…), se me podía comparar con esos prisioneros que, liberados después de años de detención, sucumben a una grave depresión e inconscientemente hacen todo para volver a la casilla de salida , al mundo que les es familiar: la prisión”(3).

Podemos aprender de la manera en que Chahdortt  Djavann habla de la libertad. No del lado del ideal por el que se lucha, sino del lado de la experiencia real de la libertad, de su concretización en la vida del sujeto.

“La libertad no es una medida de felicidad. (…) ella os da de golpe una enormidad de responsabilidades que no sois capaces de asumir y que os aterrorizan. Ella os desilusiona, la libertad. (…) La libertad os hace comprender que la vida es corta (…) la libertad no promete la alegría, ni la felicidad, y cada vez menos el confort material. Hay que educar la libertad, domesticarla, gestionarla, Hay que cultivar vuestra libertad como se cultiva vuestro jardín.

Ni la libertad ni la democracia son evidentes para los inmigrantes y los refugiados que desembarcan. (…) la libertad significa perderse, afrontar los propios tormentos, nuestras contradicciones, reconocer nuestros errores, asumir los fracasos, para reconstruirse mejor” (4)

Chahdortt Djavann enuncia aquí a su manera, lo que sin duda todo sujeto, y especialmente el sujeto femenino descubre, de ser no-toda inscrita en la función fálica, en la confrontación a la experiencia de la libertad, ahí donde los semblantes del Poder se borran. Es la experiencia que confronta al sujeto a un dato nuevo, frente al cual nada le prepara verdaderamente, dato que le empuja al descubrimiento, a la invención de una respuesta. Una transformación subjetiva, un acontecimiento de cuerpo, que anuncia un tiempo después, que exige deshacerse de los impedimentos que organizaban la vida del sujeto bajo la autoridad del Otro. Entonces se abre el espacio de una libertad: el sujeto intenta autorizarse de sí mismo, por primera vez. Ciertamente, como sugiere Chahdortt Djavann, se puede atenuar algo las consecuencias de esa transformación con la educación, con el fin de autorizarse igualmente con algunos otros.  Se puede hacer la hipótesis de que es en la aceptación de ese hetero en ella misma donde se forja su combate para que la unión Europea reconozca la fatwa (incitación al asesinato) como un acto criminal y que comprometa sus persecuciones internacionales contra los que decretan fatwas. (Fuente: Chahdortt Djavann. Le Figaro, 18 de febrero 2008) Un combate, al contrario, de querer convertirse en igual a los hombres, pero situado en ese más allá propio de la posición femenina.

La posición femenina da esta experiencia, goce suplementario, de reconocer que queda siempre un hueso duro, un elemento inevitable, que necesita que cada uno dé su propia respuesta, singular, fuera de las normas, a su medida. Nadie podrá sustituir al sujeto en esta decisión que es del lado del acto.

*Psicoanalista de la AMP (ECF)

Traducción: Elvira Tabernero

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

1-Djavann, Chahdortt Comment lutter efficacement contre l’idéologie islamique, Grasset 2016, p.197-198

2-Ibid., p.198

3-Ibid., p.199-200

4-Ibid., p.200

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