Uno por Uno: el colmo del neoliberalismo (ontología del sujeto numeral)

                      Uno por Uno: el colmo del neoliberalismo

                      (ontología del sujeto numeral)

 

 

José Angel Rodríguez Ribas*

En esta reflexión escrita que traigo a colación me gustaría enunciar algunos planteamientos, que surgen de ciertos indicadores. De allí se desprenderá que según el real que se ponga en juego así advendrá según que sujeto.

Pongamos en fila el hecho que la ciencia ha descubierto que no hay homínidos iguales[1], de otro lado, la salida de la transexualidad de la próxima CIE[2] o que el verdadero negocio actual, dicen eminentes economistas, no está tanto en producir objetos, mercancías, como en el dominio monopolístico de los algoritmos de un sector de negocio[3]. ¿Qué tienen en común y que puede llegar a constatarse?

 Para comenzar, debemos, quizás, reconsiderar el estatuto mismo del Discurso Capitalista en la obra de J. Lacan (1992). Bajo una manera topológica plana este discurso, como modalidad de lazo, supone una inversión del Discurso del Amo que, cortocircuitando la propia imposibilidad inherente, genera una distribución cerrada, tautológica, circular y sin borde ni fisura posibles. De esta manera, al transmutar el orden lingüístico “natural” de sus lugares, es capaz de reabsorber todo ente, objetivo y subjetivo, en una cadena equiparable. Ya desde el mismo Marx o Heidegger, continuando por los Situacionistas, Postmodernos, Lyotard, Vattimo o Baudrillard hasta hoy, aparecieron numerosos estudios acerca de los efectos sobre las subjetividades contemporáneas de la injerencia de este discurso en las más variadas esferas humanas. Expropiación, absorción y trasmutación lenta, inexorable, aunque bien es cierto, nunca consumada, acabada del todo[4].

El Psicoanálisis, con su deber ético de estar a la altura de la dignidad que los tiempos le reclaman, ha respondido tratando de oponer una serie de fórmulas simbólicas en buena lógica con sus principios epistémicos. Digamos que en general se sostienen, al decir de Solterdijk (2002) o Espósito (2006), bajo una lógica “inmunitaria” y defensiva frente a un real que se volvió loco y vociferante. Algunas de ellas, apelan a la responsabilidad y propiedad del cuerpo, junto al Derecho de decisión, haciendo un llamado a la Democracia y la Libertad de elección a la hora de escoger determinado tipo de opción de vida o acompañamiento terapéutico. Otras cuestionan, y con razón, la verdadera cientificidad de muchas producciones técnicas que se manifiestan bajo ese acápite. Las más, ponen el acento en la invención de un saber-hacer distinto con el goce propio, menos alienante; en este sentido, la invención de un Nuevo Amor o un amor con condiciones se mantiene en lugar destacado. Casi todas, remiten al poder de la Palabra y la Conversación en el momento de provocar el advenimiento de una alteridad castrada, fracasando de la buena manera, cuyo efecto mismo sería no tanto el de la tolerancia ingenua, como el consentimiento al goce en el Otro en su extranjería constitutiva. Dentro de esta lógica, que discurre por conceptos como el analista-ciudadano, la Escuela-Sujeto, el inconsciente es la política, la ciudad analítica o el inconsciente transindividual, hacia donde apuntan prácticamente todas ellas, podíamos decir finalmente, es al tratamiento del Uno por Uno, a tomar cada caso en su absoluta singularidad en el momento de orientar una cura por la palabra.

Sin duda, estos intentos defensivos -pues a fin de cuentas el sujeto no es más que la constitución de un Saber frente a lo real- son francamente loables. Sin embargo, por muy heréticas que se pretendan, dejan cierto magro regusto frente a la voracidad expropiatoria de este llamado Discurso. ¿Dónde queda lo subversivo, aún, de la epistemología psicoanalítica?

¿De dónde viene esta impresión? Lo diremos. A nuestro entender se produce, de un lado, en el empeño de sostener la inmanencia inmutable del Sujeto desde su condición simbólica parlante, sexuado y mortal. Y de otro, por minusvalorar el poder disgregador y expropiador del Discurso del Capital.

Expliquémonos. ¿Qué sucedería si el psicoanálisis no dejara de ser un accidente, un síntoma más del malestar de la Civilización en su operación de olvido del Ser?[5]. ¿Y si el concepto mismo de sujeto no fuera más que ese producto cristalizado en un tramo epocal, efecto de lo que se vino en llamar, según Ricoeur, la “Filosofía de la Sospecha”? Sabemos que hay un cuerpo de la Historia y una historia del Cuerpo. La misma fenomenología no solo clínica sino la perceptiva y existencial, la que pretende ir a las cosas mismas, tan cara a M. Ponty, tampoco podría darse por asegurada, dado que la experiencia de la vivencia misma del cuerpo, y sus correlatos psicopatológicos, ha ido variando a lo largo de la historia acontecida. Pensemos en la “edad” que tienen las psicosis, la histeria, la anorexia-bulimia, la familia o, incluso, el inconsciente, la intimidad o la sexualidad misma[6].

A pesar de que el concepto del Otro pueda incluir elementos vocales, fonéticos, propioceptivos, imaginarios de Lalangue; o los topológicos y estructurales del Lenguaje, con sus cadencias y encadenamientos, aun así, su perennidad no está garantizada. Muy al contrario: si no existe el Otro del Otro, entonces el Otro no será Uno sino un otro para sí mismo, dinámico, incluso, particular. Ya, el Otro al que advenimos al mundo no es un Otro absoluto, universal y garante del Lenguaje. Por mucho que sea el tesoro de los significantes o el universo de la cultura, no hay dos Otros iguales: si acaso, se puede hablar de la (no) existencia de un Otro común y un Otro propio, ambos incompletos e inconsistentes. De ahí podrá inferirse que, si la manera que tienen los humanos de relacionarse con lo simbólico no es sin cambios, nuestro real, la brecha insalvable instituidora de la propia alteridad, tampoco lo será: lo real, tampoco puede ser inmutable.

De esta constatación, emergen algunas conjeturas que queremos traer a colación, a grandes rasgos. Pues bien, considero que el Discurso del Capital no sería un mero discurso más…ni siquiera un posible contradiscurso. El Discurso del Capital, si damos cuenta de la radical tensión epistémica que provoca, es el Anti-discurso mismo, más bien contra-discurso, una neoplasia maligna absoluta. Cuya misión principal sería la de desintegrar cualquier condición de posibilidad de emergencia del Lenguaje mismo y, por ende, cualquier modalidad discursiva y corporizadora. No es ya que corroa o desestabilice el orden de los lugares que constituyen la matriz discursiva, sino que impide la constitución misma de los Lugares. El discurso del Capital, considerado como un auténtico dispositivo ontológico, más que el hecho de producir subjetividades nuevas atentaría contra el proceso mismo de subjetivación.  

Bajo el orden de este Real del Número que no hace estructura, lazo ni vínculo, solo cabe una serie equivalencial: aquella que sustituye el matema y el nudo por la ecuación, el algoritmo y la estadística. No sería tanto, como se ha dicho, que este discurso expropia a los sujetos de sus recursos simbólicos o del real de los sujetos (tiempo, cuerpo y palabra), cuanto que procede a un desplazamiento, promoción e inflación de otra versión del universo simbólico: lo simbólico numeral.

En el capítulo “La era del hombre de cantidad” de su texto: Todo el mundo es loco (Miller, 2015: 131) fecha el inicio del discurso de la Ciencia a partir del momento en que las matemáticas inciden en la Naturaleza: física matemática, lo que transforma la naturaleza en un real que contiene un saber. Más adelante (op.cit.: 148), comenta que a partir de que la biología se volvió molecular y matemática, algo fue franqueado en la lógica del viviente: “que hoy se impone con sus mayores consecuencias en la organización del mundo. El resultado impondrá su ley”. No en vano cita a Heidegger, que lo toma a su vez de Nietzsche: “avanza el desierto de la cuantificación” (op.cit.:30). La matemática, continúa, sería el presupuesto de todo saber (op.cit.: 155). La versión lacaniana es que “los números son lo real”. Así, la ciencia no tiene ningún tipo de sentido. Para Miller, lo inaccesible de la relación sexual es lo que explica el acceso al número.

Por su parte, recordamos como el propio Lacan, ferviente abanderado del espíritu freudiano del sujeto descentrado, no autónomo, pregnante ni volitivo como afirmación de su freudismo inaugural, colocó al psicoanálisis bajo la égida de la subversión del sujeto cartesiano: “allá donde pienso…no soy”. Pues bien. Este Otro del Número, ese Otro de Unos…sin Otro, procedería de una reversión o más bien, de una doble subversión del cogito lacaniano: “soy…allá donde calculo” …o, “soy…los efectos de un cálculo”[7], en la medida que el plus de goce quede reducido a pura plusvalía. Más que de mutaciones teleológicas en el orden simbólico de la Historia que formulan el Ser desde el pensar, este, se presenta como reducido a la pura carnalidad cifrada de la nuda vida. No es que el Otro se haya vuelto loco, es que el Otro actual es radicalmente distinto. La caída del amor, del deseo, la petrificación fantasmática, la debilidad mental y “debilización” corporal[8], la ordinarización de numerosas psicosis, como veremos, muestran el destino ejercido por la instauración inexorable de aquello que podemos denominar un Gran “pequeño a”, a costa de su pequeño “Gran A”, que queda como resto y yecto[9]. Y, a diferentes mundos simbólicos otros reales en juego:  un real sin saber, el del inconsciente del Lenguaje y un real numérico, puro saber, tomado de ese enjambre que es Lalangue.

Es el paso que va del Logos a la Logística, tal y como vaticinó Heidegger[10].

Con estas mimbres se pueden entender sucesos como que la Ciencia, apoyada en la teoría del neurodesarrollo descubra ahora que no hay dos seres humanos iguales. La voluntad fagocitaria del Capital, de entrada, forcluye y ningunea cualquier filosofema enunciado ya hace muchos años, apropiándose de él, para traducirlo y mostrarlo como novedoso, bajo fórmulas neurofisiológicas y neuroquímicas[11]. Dejando de lado lo que tiene de impostura epistémica, ese sería su programa: Todo sería “traducible” -transferible, transliterable, transducible- bajo un paradigma, único y mismo lenguaje, en razón de su amalgamiento TecnoTeocientífico[12].

Visto de esta manera, se comprenderá que apelar al Uno por Uno, identificarse a la singularidad del goce o saber-hacer con la pulsión, actualmente y en el tiempo en que la educación, la salud, la sexualidad o el trabajo demandan soluciones y respuestas hiperpersonalizadas…haciendo uso de sofisticados procedimientos de coaching individual no deja de provocar cierta perplejidad. Ya no nos sirve la estrategia autoinmunitaria, porque el virus y el antiviral son la misma cosa. Lo que supone, fatídicamente, que el recurso a ciertas fórmulas lacanianas si no son explicadas de la buena manera puede proporcionar cierta tesitura para consumar ese neoliberalismo adaptativo, irónico, utilitarista y pragmático, que tan bien señalara R. Rorty (1991)[13].

Hoy más que nunca, resulta vigente el aserto lacaniano de que el futuro de la subjetividad, y del psicoanálisis en particular, dependerá de lo Real. Está por ver –Bauman denomina interregno a este tiempo de impasse[14]– aún, que tipo de sujeto sería aquel que surja de un algoritmo numérico. Siquiera, si todavía se le podría llamar sujeto[15]. No por nada, resulta cuanto menos intrigante la adhesión de numerosos individuos a los postulados maquínicos del Transhumanismo o el Aceleracionismo, en la medida que en la soledad del número los humanos se librarían de las injusticias y desvaríos del lenguaje. En contra de lo que, cándidamente, muchos piensan el problema no radicaría tanto en la “singularidad” de la máquina, en el momento en que esta adquiera plena conciencia, sino que los humanos terminen “hablando” como las máquinas (Miller, 2015: 135)[16]. Demorémonos, en algunos de sus rasgos.

El Humano Numeral, el sujeto del Uno solo, excepcionalidad infinita, con su operación de clausura de las Luces, de gestión de la “miseria” y creyente de la “relación sexual”, ante todo, se queja y reclama, demanda y compara. Este individuo (cardinal u ordinal) al recusar cualquier imposibilidad constitutiva, adora lo uniforme, lo normativizado, pero, a cambio, no condesciende a diferencia ni diversidad alguna. De ahí que, en esta serie de Unos, rígidos y licuados, su labor sea la de reivindicar un reconocimiento exponencial…sin alteridad[17]. En realidad, este sujeto banal y desafectado de aquello que el otro tenga que decirle, no soporta casi nada ni a casi nadie, y menos aún, a sí mismo, así sea a costa de su sempiterno terror por la soledad. Anonadado, susceptible, embotado, adicto y adepto en su inflación narcisística se nos presenta o exitoso o desinsertado y precarizado[18]. Consumidor, empresario y bróker de sí, como siempre está en menos…en déficit, “porque yo lo valgo”, su orientación está dada por un “nada es suficiente” para el “qué hay de lo mío”. De hecho, invirtiendo a la espera de beneficios, no le es dado perder. Alienado a ese plus diferenciador que reclama como suyo pide sin ceder, ni pagar, para terminar siendo Todos iguales (los que quieren ganar sin perder) y lo que es peor: todos contra todos. No resulta nada extraño desembocar en esa guerra generalizada a la que asistimos.

Experto conocedor, el sí que Sabe de relaciones causa-efecto; por eso, conoce muy bien cómo (se debe) vivir, pleno de sentido…bajo el dictado de un mundo Semiocapitalizado. En consecuencia, el ser numeral, escritor generalizado del goce, adora la transparencia pues solo de ahí, de una evaluación continua puede surgir un goce que sea objetivable. La eficiencia y eficacia a la búsqueda de la perfección, la excelencia y el progreso en los que cree ciegamente, son tomados como algunos de sus ideales, junto a la salud, la felicidad, la seguridad y la pareja en todas sus variantes más especulares. Más que en (verdadero) cambio, sobre todo, repite y re-itera subordinado a una presión sin contemplación, por mucho que a eso se le llame innovar e inventar.  Por eso, si algo no camina como debiera siempre es por su culpa. La caída de la transferencia sustituida por la sugestión y el embaucamiento es palmaria en este sentido. Oscilando entre la manía y la depresión, como cualquier esfera de la vida es susceptible de convertirse en un trastorno ya nada es “enfermedad”, sino meras desviaciones de una curva normalizadora. Son las actuales “diversidades funcionales”[19], focalizadas, pero sin ruptura alguna: por lo tanto, ya no habría nada de lo que curarse como no sea mera reeducación adaptativa u orgánica. Los afectos concomitantes a esta, si se le puede llamar, “posición” transitan por el odio, la envidia, la ignorancia, la deuda y la culpa hasta el tedio más pertinaz.

¿Qué de subversivo sigue siendo el psicoanálisis?, ¿qué respuesta dar a este proceso que, en su momento, denominamos de entropización subjetiva ?, ¿queda territorio, resto simbólico o algo de goce que aún no haya sido colonizado por el valor de cambio de la mercancía?, ¿se trata de una pragmática del goce, de una economía libidinal[20] o, más bien, de una ética de Deseo particular? Pues si bien es cierto que el Capital es homólogo a la pulsión mientras que la libido no es sin un cuerpo propio que sustenta su circulación, también lo es que el capital en su vocación fagocitadora es un incorporal que pretendería excluir toda corporeidad posible: los cuerpos-hablantes, mientras puedan serlo, son ese resto imposible de reabsorber por el Capital (Rodríguez Ribas, 2013, 2016b, 2017b).

Habría que tomar cumplida nota que el principal escollo que encuentra la per-vivencia del Sujeto, no radica ya en la infinita variedad de objetos que jalonan su experiencia del goce sino, justamente, en sus condiciones primeras de constitución dado que cada vez hay menos lugar para el Otro del Lenguaje. De esta forma, y sin desdeñar los finales de análisis -que también, y del que hace su avance nuestro rigor psicoanalítico- la cuestión apela directamente a ese “otro” del Otro, a lo extranjero, a poder instaurar esa otredad causante de Alteridad.

Si los procesos de subjetivación dependen tanto de los propios recursos simbólicos, como sus determinantes con los que el sujeto fue primero inscripto, trazado en las huellas de su cuerpo -también, de su alienación estructural junto a su insondable decisión que da cuenta de la contingencia del encuentro traumático con Lalengua- no podemos por menos que deducir que nuestro trabajo debiera ir en pos de crear las condiciones de posibilidad para la emergencia de un otro Otro particular, un neoOtro pero, sobre todo, de un héteroOtro, incluso, de una héteroLetra (hétero-somas y semas)[21]. Este alterOtro solo puede venir -con su corte, su enigma y función oracular, trópica al fin- de un deseo decidido y encarnado, no anónimo, por un “otro” (a´) del Otro.

“Cuerpos sensibles a las resonancias” apuntaba Lacan en su Sem. XXIII[22], “la salvación por los desechos”, se lee en Miller (2010). En tanto el sujeto es el lugar de la “locura del Otro” (R. Acevedo), dar lo que jamás se puede dar porque jamás se tuvo, esa “libra de carne” recuperada en el Otro sigue siendo requisito para un encuentro acontecimiental que pueda re-sonar y con-mover los cuerpos hablantes. Como dice Derrida: “un cuerpo extranjero es siempre un síntoma, hace siempre síntoma del cuerpo del yo”[23].

La verdadera differencia, derrideana, es diferencia y diferancia pero también deferencia[24]: membrana, frontera, litoral: junta y separa…o separa…porque junta. Se trata, más que nunca, de inventar subjetivaciones desde un Otro regido por la paradoja, la contingencia y la imposibilidad. O lo que es lo mismo, llegar a transmitir aquello que resulta intraducible –por indecible e indecidible- en términos de lógica equivalencial. “Poner” el cuerpo, “dedicar” tiempo y “emitir” palabra, puede ser condiciones fundantes, donaciones de real de lo simbólico, a la búsqueda y transmisión de un Otro barrado, afectado.  “La estructura de la huella es en general, la posibilidad misma de una experiencia de la finitud”, recuerda Derrida (2017: 648). Hablamos de una ética que sea “Poética del con- de lo ex-”.

Como lo real del Lenguaje es lo que puede hacer agujero, borde y vacío a ese exceso de lo real del Número instaurando una imposibilidad posibilitante, es de ahí -de esa radical hiáncia entre el número y la palabra, entre la cifra y la letra, como dos reales de distinto orden que son- de donde pueden surgir las héteronimias primordiales de un antagonismo político que sea verdaderamente emancipador.

Mientras que del maridaje entre ciencia y técnica surgió ese sugerente capitulo que es la ciencia-ficción[25]…un deber anticipador, no solo defensivo, sino epistémico, ético y clínico se nos impone[26]. El sujeto sobrevivirá en la medida que la letra no sea aplastada por el número y la cifra manteniendo vivo su propio real. O, si quieren, que la Letra del Otro -bajo una lógica de lo Hétero siga Viva en su propia subversión. Que es como decir que lo subversivo es la Vida misma:  un “otro Otro”, debería ser posible…

 

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Foto seleccionada por el editor del blog

                                          Referencias.

Alemán, Jorge.

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Alemán, Jorge y Larriera, Sergio. 1998: Lacan: Heidegger. El psicoanálisis en la tarea del pensar. Ed. MGE. Málaga.

Álvarez, José María; Colina, Fernando. 2016. Las voces de la locura. Ed. Xoroi. Barcelona.

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Derrida, Jacques.  2017. Psyché. Invenciones del otro.  Ed. La Cebra. Avellaneda. Argentina.

Esposito, Roberto. 2006. Bíos. Bioplítica y filosofía. Ed. Amorrortu.  Buenos Aires.

Flórez Zapata, Eugenia. 2016. Usos del cuerpo en las toxicomanías en la época del parlêtre. Ed. Grama. Buenos Aires.

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-1992. Seminario XVII. El reverso del psicoanálisis. Ed. Paidós. Barcelona.

-2006. Seminario XXIII. El sinthome. Ed. Paidós. Buenos Aires.

-2008.  Seminario XVI. De un Otro al otro. Ed. Paidós. Buenos Aires.

Laurent, Eric. 2016. El reverso de la biopolítica. Ed. Grama. Buenos Aires.

Lyotard, Jean-Francois. 1981. Dispositivos pulsionales. Ed. Fundamentos. Madrid.

Miller, Jacques Alain.

-2010. “La Salvación por los desechos”. Radar N° 56 En:

http://www.nel-mexico.org/articulos/seccion/radar/edicion/61/59/La-Salvacion-por-los-desechos

-2015. Todo el mundo es loco (2007-2008). Ed. Paidos. Buenos Aires.

Mbembe, Achille, 2011. Necropolitica Ed. Melusina. Santa Cruz de Tenerife.

Pié Balaguer, Asun. 2014. Por una corporeidad postmoderna. Ed. UOC. Barcelona.

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-2013. La Práctica Psicomotriz en el tratamiento psíquico. Ed. Octaedro. Barcelona.

2016. “Carne Debilizada: escorzo para una ética de la Deferencia”. Aperiódico Psicoanalítico. Nº 29. Directora: Edit Beatriz Tendlarz. En: https://es.scribd.com/document/376199695/aperiodico-29-HIPERMODERNIDAD. Junio 2018.

-2016b. Cuerpos del Inconsciente (sus paradigmas y escrituras). Ed. Miguel Gómez. Málaga.

-2017.  “Los cuerpos son la política: por una pragmática de los restos”. Blog ZADIG-España. En: https://zadigespana.wordpress.com/2017/09/25/los-cuerpos-son-la-politica-por-una-pragmatica-de-los-restos/. Junio 2018.

-2017b. Psicoanálisis para psicomotricistas. Ed. Corpora. Buenos Aires.

Rorty, Richard. 1991. Contingencia, ironía y solidaridad. Ed. Paidós.  Barcelona.

Sloterdijk, Peter. 2002. El desprecio de las masas. Ed. Pretextos. Valencia.

Sibilia, Paula. 2009. El hombre postorgánico. Ed. FCE. Buenos Aires

[1] En: https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/enhorabuena-la-ciencia-confirma-que-nadie-es-normal. Junio 2018.

[2] En: https://www.eldiario.es/sociedad/OMS-considerar-transexualidad-enfermedad-incongruencia_0_783572396.html. Junio 2018.

[3] En: http://www.computerworld.es/tendencias/los-algoritmos-estan-redefiniendo-la-arquitectura-de-los-negocios. Junio 2018.

[4] Los estudios de Jorge Alemán alrededor de las fórmulas: “Lacan: Heidegger”, “Soledad: Común” e “Izquierda lacaniana”, a partir del cuadrípodo formado por Heidegger, Freud, Marx y Lacan, son sumamente esclarecedores al respecto (Ver bibliografía).

[5] Al menos, así lo piensa J. Derrida (2017: 415)

[6] Como no evocar acá los estudios de psicopatología de José María Álvarez (2008 y 2016).

[7] Como no recordar acá la fórmula: “soy…allá donde gozo”… En: http://wapol.org/fr/articulos/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intPublicacion=13&intEdicion=2&intArticulo=1813&intIdiomaArticulo=1. Junio 2018.

[8] Rodríguez Ribas, 2016.

[9] Rodríguez Ribas, 2016.

[10] Jorge Alemán y Sergio Larriera, 1998: 61.

[11] Fijémonos al paso, que dicha operación de ninguneo y apropiación es estructuralmente homóloga al doble movimiento de inversión y sustitución del discurso del Capital.

[12] Perfectamente compatibles, pues ambos mantienen en su seno su vocación tautológica

[13] La Ley del corazón y el Alma Bella en la acción analítica: La Infatuación: un nombre del extravío. Gabriela L. Basz. Rev. Ornicar?. En: http://wapol.org/ornicar/articles/bsz0048.htm. Junio 2018.

[14] En: https://www.clarin.com/ideas/entrevista-zygmunt-bauman_0_HJjEXpdsw7l.html. Junio 2018.

[15] Términos como “necrosubjetividades”, “necropoder” o “necropolíticas” … (Achille Mbembe, 2011), configuran algunos elementos de este espacio.

[16] Es cierto que habría que pensar si la matemática no tiene, también, en su seno su propio punto de imposibilidad. Algunos así lo pensaron, pero por el momento no dejamos de constatar sino sus efectos.

[17] Apenas quedan jornadas para tanto Dia de…u Orgullos de…

[18] No es de extrañar, también ha sido muy señalado, el grueso hilo conductor que va del capitalismo neoliberal a los llamados postfascismos y las postreligiones.

[19] Pié Balaguer, Asun. 2014. Resulta muy interesante el auge de las Teorías Queer y Crip, referidas a las prácticas sexuales y las diversidades de la funcionalidad corporal. Todo un debate,  foucoultiano en su origen, que poniendo el acento en lo imaginario social del momento y su respetabilidad, desdeña cualquier tipo de implicación y responsabilidad subjetiva en sus elecciones vitales.

[20] Jean-Francois Lyotard. 1981.

[21] Aludo acá al prefijo héteros, tal y como hace Lacan al remitir a la sexuación femenina, como un goce Otro femenino que le habita y hace ajena a sí misma.

[22] “Para que resuene este decir, para que consuene, otro término del sínthome madaquín, es preciso que el cuerpo sea sensible a ello. De hecho, lo es. Es que el cuerpo tiene algunos orificios, entre los cuales el más importante es la oreja, porque no puede taponarse, clausurarse, cerrarse. Por esta vía responde en el cuerpo lo que he llamado la voz” (J. Lacan, 2006: 18).

[23] J. Derrida, 2017: 360

[24] Rodríguez Ribas, 2017.

[25] Resulta llamativo, o quizás no tanto, que no exista una “filosoficción” …

[26]  Una “Epistemología Oblicua”, en nuestro proyecto de Somática Lacaniana, que ni sea vertical, esencialista, arborescente, más propia de los paradigmas modernos Ni transversal, rizomática, líquida, común en los Estudios culturales, postmodernos. Una epistemología analógica que remita al “desde donde hablo…”, e incluya el testimonio experiencial de los cuerpos-hablantes. Una epistemología que, al decir milleriano, eleve cada caso a la dignidad de la Cosa, al rango de paradigma.

2 respuestas a “Uno por Uno: el colmo del neoliberalismo (ontología del sujeto numeral)

  1. Apreciado José Ángel,
    Creo que es muy de agradecer este lúcido artículo, que plantea serios interrogantes. No comentaré su riqueza porque me excede, dadas mis dificultades y limitaciones a la hora de entender adecuadamente todo su contenido.
    Pero no me resisto a mostrar brevemente una evocación que me surge de la lectura que de él hice, a riesgo de que no venga al caso.
    No estamos ante algo teórico, precisamente, sino muy pragmático y que implica la perversión del lenguaje. Quizá un ejemplo de este “sujeto numeral” al que te refieres venga dado por la vigencia actual de la llamada “Medicina Personalizada”, que parece la más despersonalizada de las medicinas, al confundir un cuerpo enfermo (sólo existen ya cuerpos) con una constelación de marcadores, generalmente bioquímicos (incluyendo los genéticos), que facilitarían el tratamiento adecuado de cada uno (algo tristemente bastante irreal).
    Aludiendo a una verdad parcial (hay subgrupos de tumores que hace años se consideraban idénticos), se ha desarrollado una carrera desenfrenada que sólo atiende a un postulado: cada enfermo es único y concebido como perfil de marcadores, y a ese perfil ha de atender un tratamiento también único. Un postulado que se muestra ficcional, como promesa salvífica, y que alimenta un frenesí de “biopsias líquidas” y de citostáticos muy caros para su eficacia real. Todos los cuerpos enfermos, pero cada uno distinto, “personal”.
    Un abrazo,
    Javier

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  2. Gracias Javier. Es un placer saberme escuchado. La cosa…es que « lo personalizado» se convierte en un universal. Lo curioso, es que cuanto mas se la apela…menos se le tiene en cuenta. Finalmente….me temo, el psicoanalisis sera de los pocos, casi unico, lugares que de valor a los testimonios…. personales. Gracias!

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