Reseña de la Conversación organizada por Zadig-Madrid

Reseña de la Conversación organizada por Zadig-Madrid

 “Los fenómenos migratorios: modos de la segregación”

 

 

En la sede de Madrid de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y con la colaboración de la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid (BOLM) ha tenido lugar en la mañana del 3 de marzo de 2018 la primera Conversación de Zadig-Madrid, actuando como coordinadores del equipo organizador del encuentro Joaquín Caretti Ríos y Dolores Castrillo Mirat, ambos psicoanalistas y miembros de la ELP y la AMP.

Ante unas 70 personas en la sala, psicoanalistas, estudiantes del Nucep y amigos del psicoanálisis, Joaquín Caretti procedió a la apertura de la jornada de trabajo presentando la Red Zadig como una red mundial -extensión de las Escuelas del Campo Freudiano- que pretende incidir en el campo de la política, en la realidad efectiva que vivimos. Confiando en la autonomía del propio pensamiento, el objetivo de Zadig es construir -como lo propuso Jacques-Alain Miller- una organización flexible y reticular, radicalmente descentralizada. Sin convertirse en un partido político y sin incorporarse en alguno previamente existente, es su intensión hacer escuchar a los políticos y a la ciudadanía lo que tiene para aportar el discurso psicoanalítico sobre los temas que queman en la vida ciudadana, así como dejarse permear por otros discursos que estén preocupados por los síntomas de la cultura y hacer lazo con ellos.

Siguiendo la estela del Foro Europeo de Roma del 24 de febrero: “El extranjero, Inquietud subjetiva y malestar social en el fenómeno de la inmigración en Europa”, en esta conversación de Madrid se abordó la cuestión candente de las migraciones y la deriva segregacionista impulsada por la mayoría de las democracias del mundo, en el deseo que del debate surjan ideas fértiles para aportar a la política.

Se agradeció a los ponentes su presencia y participación y a la Junta Directiva de la sede de Madrid, su colaboración con este acto.

Primera mesa: “El extranjero, lo extranjero: abordajes posibles”.

(Reseña de Beatriz García Martínez*)

Fue coordinada por Dolores Castrillo, que lanzó la hipótesis que el psicoanálisis tiene sobre el tema: el odio al extranjero es en el fondo odio al goce propio. El extranjero tiene un goce que nos es extraño y hace aparecer la idea de que es el extranjero el que nos roba nuestro goce. Siempre hay alguien a quien culpar de que no gozamos lo suficientemente bien: es una forma de desconocer que en el sujeto mismo hay una radical inadecuación con el goce, que siempre es poco o demasiado, siempre nos perturba. El extranjero es depositario de este odio al propio goce.

Isidro Rodríguez, director de la Fundación Secretariado Gitano lanzó la pregunta ¿cuándo deja uno de ser extranjero?, apuntando a cómo, a pesar de la antigüedad de seis siglos de los gitanos en España, aún no se les considera españoles. La propuesta desde el poder siempre ha sido la asimilación, dejar de ser como son, bajo pena de torturas, cárcel y expulsiones, a lo que han respondido con una identidad de resistencia. En democracia por primera vez son sujetos de derechos, pero tampoco se acepta su diferencia. Apuntó como objetivo a que la diferencia deje de ser inquietante para la sociedad.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, señaló que España ha producido extranjeros entre los suyos, por el alejamiento de uno mismo que supone que muchas personas tuvieran que callar sus propios orígenes al cruzar la puerta de su casa. Si eso no se cuenta fuera de casa, soy extranjero, si mi familiar está en una cuneta, si tuvo que exiliarse y no se le ha reconocido, es que no es español, si muchas cosas se le hacen extrañas, es que no es español. Habló del mandato por ley de “no significarse”, una suerte de “ley de la insignificancia”, y señaló la ausencia de estudios universitarios en Madrid sobre la represión franquista: muchas cosas aún no se han podido enunciar ni denunciar.

Andrés Borderías, psicoanalista, destacó la falta de un nombre para el inmigrante que nunca llega, son miles y no dejan ni rastro, ni tumba ni memoria, así como la abyección de las políticas que criminalizan la ayuda. Señaló la diferencia entre integrar y acoger. Integrar es imponer un significante amo, mientras que acoger, que nada tiene que ver con el mandato denunciado por Freud de amar al prójimo como a sí mismo, tiene que ver con ofrecer hospitalidad, empezando por la inscripción de un nombre.  El sujeto siempre nace a una lengua extranjera y a lo que tenemos miedo es al cuerpo que goza, siendo este miedo al goce innombrable que nos habita la raíz del racismo.

Francisco José Martínez Martínez, catedrático de Metafísica de la UNED, habló de la diferencia entre los derechos del hombre, que son por el hecho de haber nacido, y los del ciudadano, que ya implican la pertenencia a un estado, siendo mucho más restringidos. La tendencia es a aumentar la exclusión, justamente cuando todas las sociedades son multiculturales. Situó la cuestión en la pregunta ¿qué es una vida buena?, como eje para pensar cuándo reivindicar la integración y cuándo respetar la diferencia, puesto que no todas las diferencias son necesariamente respetables y buenas.

EL DEBATE

La conversación con la sala tocó cuestiones como la diferencia entre el modelo multiculturalista anglosajón, donde hay leyes generales, pero también leyes particulares para cada comunidad, un modelo que también produce segregación, y el centralismo republicano del derecho francés, que es un “todos bajo lo mismo”, que no contempla que, en realidad, no todos somos iguales, porque hay grupos hegemónicos.

Habría una dialéctica necesaria entre reconocer la diferencia y resistir a la segregación, lo cual conlleva una identidad que no se contrapone a la diferencia de cada cual, puesto que cada cuerpo goza de manera diferente, pero al mismo tiempo las identidades son necesarias.

Segunda mesa: “Experiencias: segregación y políticas”

(Reseña de Elisa Giangaspro Corradi**)

Coordinó la mesa Joaquín Caretti Ríos, quien a su inicio plantea desde el refrán “la caridad bien entendida empieza por casa” -el cual significa que antes de ocuparse de los demás hay que ocuparse de uno mismo- que cambiando caridad por segregación, podemos decir que hay una segregación que nos habita como seres hablantes. Es decir, hay en nosotros mismos, algo segregado de nosotros mismos. Como efecto de esta segregación de lo extraño de uno mismo, se segrega lo extraño del otro, ya que hace presente lo extraño propio de lo que no quiero saber nada. La segregación es inherente a la condición humana. En la medida en que nos identificamos y tenemos una identidad, segregamos al que no pertenece a nuestro mundo.

El problema es qué hacer con la segregación. Desde el psicoanálisis proponemos restituir al extranjero su condición singular de sujeto, de la que se lo ha privado y pensar qué quiere decir esto: ¿solidaridad, caridad, integración, ciudadanía…? Se solicita a los ponentes de la mesa que están en contacto con el tema que nos convoca que nos hagan conocer su experiencia y el modo en que piensan puede hacerse un abordaje de esta.

Intervención de Ramiro García de Dios, Juez de control del CIE de Madrid:

En temas de inmigración, si hablamos de derechos sin un sistema de garantías estamos en una pura retórica. Los flujos migratorios son muy plurales igual que los proyectos que tienen en su interior. La legislación española es claramente discriminatoria, excluyente y represiva frente al inmigrante irregular. En 1985 el gobierno español se constituyó por ley en centinela de la frontera sur de Europa con pretensión de ser reconocido por esto por la UE. Toda la costa andaluza se convirtió en una gran cámara de vigilancia de los migrantes africanos y además se inició el control de las fronteras terrestres aéreas que afectaba fundamentalmente a los sudamericanos.

El tratamiento de la inmigración es, en general, cruel y deshumanizado; el ser humano deviene pura mercancía y sorprende que sea así cuando la historia nos enseña que la historia de la humanidad es en gran parte la historia de las migraciones. La xenofobia social ha tenido un incremento de apoyo en base a la xenofobia institucional, que ha procedido a abordajes muy poco amables. Como Juez, desgraciadamente, he sido testigo de los CIE como espacios de opacidad e impunidad policial. Ya no se trata sólo del miedo al migrante, sino que ha tenido lugar una criminalización injustificada.

Intervención de Patricia Campelo Corrales, periodista, colaboradora del diario Público:

La segregación es una realidad a la que le están dando cobertura de legitimidad ciertas políticas europeas. He estado en el campo de refugiados del Puerto del Pireo, quince días después de que entrara en vigor el acuerdo entre la UE y Turquía, posiblemente uno de los mayores golpes asestados contra los derechos humanos en los últimos tiempos. A través de la historia de dos familias, una afgana y la otra siria, pone en evidencia como la segregación acompaña a los migrantes en todo el periplo desde sus países de origen a la UE.

Señala que el convenio UE-Turquía ha sido el instrumento político principal con el que se torpedea los trámites de los solicitantes de asilo y pone en evidencia la falta de cumplimiento de los cupos de acogida. Manifiesta el hecho de que la sociedad civil y las ONG están realizando el trabajo que correspondería a las instituciones y que asistimos, en el caso de los refugiados, al desarrollo clarísimo de una política en su contra.

Intervención de Rodolfo Rieznik, economista y vocal de Economistas sin frontera:

Emigrantes, refugiados y segregación conforman desde un ángulo estrictamente económico una misma realidad. Hablamos en términos monetarios de lo que en realidad es un drama humano, porque su origen no puede ser entendido al margen de las relaciones sociales derivadas del modo de producción capitalista. Este se basa en el crecimiento económico del beneficio y no en la satisfacción de las necesidades humanas.

La economía capitalista, con el tiempo, tuvo que salir de sus fronteras nacionales porque la competencia no era suficiente para la obtención del lucro y tuvo que ir a otros mercados para obtener los recursos necesarios para incrementarlo. El capitalismo se expandió en base a la existencia de países desarrollados y países sometidos, colonias, la población de las cuales se vio forzada a emigrar. La situación se agrava cuando la globalización económica produce en los países desarrollados una crisis en el interior de sus propias economías que ocasiona nuevos flujos migratorios por fenómenos segregativos internos.

Cualquier empresa cuando hace cálculos de beneficios a largo plazo, el primer factor que considera es la inflación. Los derechos sociales claramente no se defienden de la misma manera en estas sociedades profundamente desiguales, donde el poder hace lo que se le da la gana en tanto que los oprimidos, los vulnerables, los excluidos, lo tienen que hacer sobre la base de la movilización.

Intervención de Santiago Castellanos de Marcos, psicoanalista miembro de la ELP y la AMP:

La práctica del psicoanálisis desde sus orígenes es una fuente inagotable de información sobre la condición humana. Freud escribe en “Consideraciones sobre la guerra y la muerte” y luego en “El malestar en la cultura” que a pesar de que la civilización y la cultura tendrían que producir cierta pacificación y educación de los instintos más agresivos y primarios, en realidad no hay exterminio del mal y que hay una innata inclinación del hombre hacia la agresión, la destrucción y la crueldad. Lacan nos recuerda que el rechazo, el odio y la segregación de lo diferente es parte de la historia, que “no es nada más que una fuga, de la cual sólo se cuentan éxodos”. En 1967 subrayará que en un mundo en el que los mercados son cada vez más globales, lo que retornará es “la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”. Podemos afirmar que la fragmentación del lazo social, la multiplicidad de los goces, la crisis y la caída de los ideales que ordenaban el lazo social, generan nuevos discursos en los que las identificaciones y las nuevas identidades promueven el racismo y la segregación, el odio a lo extranjero y el rechazo a lo diferente.

El discurso analítico, dado que se orienta por una ética que defiende al sujeto y a la civilización frente a las derivas mortíferas y autoritarias que nos pueden conducir a lo peor, navega a contracorriente de la tendencia de nuestra época y tiene un carácter subversivo frente al discurso capitalista.

EL DEBATE

Finalizadas las ponencias se produjo un debate de casi una hora de duración con el público en la sala, de la que es resaltable el nivel dialogal y la fertilidad del intercambio interdisciplinario que tuvo lugar. Los ejes principales del debate pasaron por:

1.-Las diferencias entre los diferentes discursos

El discurso capitalista -con sus vueltas en redondo sobre producir más para consumir más y consumir más para producir más- plantea el interrogante de cómo salir de esto. El estado de bienestar fue una limitación al desenfreno y en otro orden, la pérdida de los ideales empujó al goce y al relativismo, a la que el psicoanálisis también ha contribuido. Así mismo lo han hecho, la alianza entre el discurso de la ciencia que forcluye al sujeto y el discurso capitalista que forcluye el límite. El psicoanálisis puede aportar contra el relativismo, que hay algo que no se va a resolver, hay una parte de real en juego que es irreductible. Cuando Lacan habla del discurso capitalista, habla de un funcionamiento que regula el goce y los lazos sociales. Actualmente, el neoliberalismo empuja a gozar sin límites y el sujeto deviene no sólo un consumidor sino un objeto consumible. Pero, para que esto funcione y pueda existir tendría que desaparecer la subjetividad, lo cual es imposible, no se puede subsumir y lo que aparece son nuevos discursos que arriban a un lugar vacío comandados por la pulsión segregativa y el odio.

2.- Goce y segregación

El goce es singular y el odio a ese goce es propio de la condición humana y por lo tanto es imposible de erradicar. El ideal de erradicar toda violencia resulta imposible, lo cual no implica que no pueda ser tratada y que se pueda sostener una comunidad de experiencia que no sea segregativa. Al auto-odio del sujeto, estructural, las sociedades actuales del rendimiento -especializadas en la fabricación y depuración de depresivos y fracasados- han añadido un plus y dicho plus está en relación con las condiciones económicas que ha creado la globalización, impuestas por un poder cada vez más sólido. Las personas son a la vez víctimas y culpables de lo que les pasa. Legalmente, el odio no es juzgable porque es un afecto, pero sí lo son los hechos delictivos que pueda incitar. En materia de extranjería, la ley sigue un modelo acabado de utilitarismo, dando respuesta a las necesidades del capitalismo y no a las de los sujetos. Como dice Agamben, el orden social actual es el campo de concentración: detenciones preventivas y hacer reinar la arbitrariedad. Todos vivimos en un estado de excepción, no solo los refugiados y los campos son un modo de ordenarnos.

*Beatriz García Martínez, psicoanalista miembro de la ELP y de la AMP y   directora de la BOLM

**Elisa Giangaspro Corradi, médica, miembro de la Red Psicoanálisis y Medicina (inscripta en el ICF)

 

Foto editor del blog: Foro de Augusto

 

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