El exilio y la hospitalidad de la lengua

El exilio y la hospitalidad de la lengua

 

Maurizio Mazzotti*

El tema del extranjero está inevitablemente ligado al de la hospitalidad. Entre los más sensibles al tema de la hospitalidad están seguramente aquellos que se reconocen dentro de una creencia religiosa, especialmente de la fe católica, la más difundida en nuestro país.

Un gran escritor y poeta hebreo, Edmond Jabes, escribió notables páginas dedicadas a la hospitalidad[1]. Si la fraternidad tiene una mirada, dice, la hospitalidad tiene una mano. La lengua también da hospitalidad, dice, da esa mano.

Como ha recordado Antonio di Ciaccia en su presentación del Forum de Roma, la lengua nos vuelve extranjeros para nosotros mismos, desde el momento que incluye el inconsciente, el lugar del Otro en nosotros, el lugar de una identidad imposible, porque como recordaba Lacan al final de su enseñanza, “el inconsciente permanece el Otro”[2]. Aquí es más bien el exilio lo que parece concernirnos, el exilio identitario.

Exilio radicalmente ignorado, cuando no rechazado, en/por el discurso en el que la pasión identitaria mueve los ánimos, fomenta segregacionismos, libra batallas políticas contra el extranjero, como hemos visto recientemente, sin vacilar en el uso de un léxico que involucra la raza, en el que se señala más o menos sin saberlo una mitología lustral, hiperbórea que conoció en el siglo pasado tan trágico como nefasto vuelco.

Por su parte la lengua, no conoce la raza, conoce solo diferencias. En efecto una lengua es diferente de otra, en cada una los nombres son intraducibles a otra y la gama de los equívocos posibles en una no lo es en otra. Aunque en este sentido puede tener una identidad propia, sin embargo, no excluye a nadie en nombre de una tierra, no se planta en una frontera a dar el alto! Según el poeta, ella dice más bien: “Tu país es el país de mi lengua”[3].

La lengua ofrece hospitalidad, hace vivir, hace vivir no solo como cuerpos, simples cuerpos, da una mano a vivir en la medida en la que nos induce a hablarla, a escribirla. A hacer algo con ella. Lo que importa es lo que conseguimos extraer para no segregarnos demasiado con nuestro goce. El psicoanálisis nos enseña que la hermandad termina donde toma lugar el goce. Ser hermanos en el goce es una utopía. Hay que descartarlo para no ir al encuentro de la cara horrible de lo real. Por consiguiente, tenemos que pasar por la hospitalidad de la lengua, y por la mano que ella nos ofrece para intentar evitar lo peor, el encuentro brutal con lo real del goce. Pero la lengua no nos da derecho alguno sobre ella.

La cuestión del extranjero no puede, por tanto resolverse trasladando la ‘identidad’ de la lengua a factor de ‘identidad’ nacional, desde el momento en el cual la hospitalidad que ofrece la lengua, y gracias a la cual ella nos da una mano para poder tomar distancia del segregacionismo de nuestro goce, nos implica siempre en la extrañeza del Otro consigo mismo. Si tu país es mi lengua, a cada uno le compete hacer algo en ese sentido. Y esto no es necesariamente una cosa simple, puede requerir tiempo. Devenir, a sabiendas, extranjero para uno mismo es un resultado no un dato de hecho, como bien sabemos a partir de la práctica psicoanalítica.

Es cierto que la hospitalidad, es la del mar, notoria y practicada en Italia, y también la de la tierra, del sóli, estas son hospitalidades que tienen una importancia jurídico estatal y en efecto, en torno a ellas han chocado diferentes ideas políticas que separan rudamente a unos de otros. La hospitalidad de la lengua es otra, pero es la hospitalidad que, habitada, humaniza, nos da una mano para contrarrestar el goce de lo peor, que construye el recinto del odio hacia el extranjero.

*Psicoanalista miembro de la AMP (SLP)

Nota del traductor:

Lustral. Adjetivo. Perteneciente a la lustración. Diccionario manual ilustrado, R.A.E.

Lustración. Acción y efecto de lustrar o purificar. Diccionario manual ilustrado, R.A.E.

Hiperbóreo. Adjetivo. Aplícase a las regiones muy septentrionales y a los pueblos, animales y plantas que viven en ellos. Diccionario manual ilustrado.R.A.E.

En la mitología griega, Hiperbórea era una región situada en las tierras septentrionales aún desconocidas, al norte de Tracia. Su nombre (en griego: (Υπερ βορεία) Hyper Boreia, ‘más allá del norte’)? deriva precisamente de que se creía que el dios-viento Bóreas habitaba en Tracia, y los hiperbóreos, sus hijos, lo harían más al norte de este reino, en el país de Hiperbórea. Wikipedia.

El autor: la palabra “sòli” es latina y significa “tierra”, “suelo”. En el texto la he utilizado para evocar la expresión ”ius sòli”,(latín: derecho de la tierra) que fue utilizada en Italia para nombrar la ley que había sido propuesta en el Parlamento para dar la ciudadanía, al cumplir 18 años, a los niños extracomunitarios nacidos en Italia.

Traducido por: Luisella Rossi.

Foto seleccionada por el editor del blog: Tésera de hospitalidad de la antigua Munigua (Villanueva del Río, Sevilla, España).

[1] E. Jabes, Il libro dell´ospitalità, Cortina, Milano 1991

[2] J. Lacan, L’insu que sait de l’un-bévue s’aile a mourre, in Ornicar? 12/13, 1977, p. 6.

[3] E. Jabes, Op. Cit., p. 55.

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