Una extranjera en su propia tierra

Una extranjera en su propia tierra

 

María Cristina Aguirre*

 

Mientras pensaba en escribir estas líneas, siguiendo la invitación de Marie-Hèlene Brousse, resonaban en mí las palabras del cantante y compositor argentino Facundo Cabral: Ni soy de aquí, ni soy de allá.

¿De dónde viene esa sensación de extranjero? Lo puedo remontar por supuesto a mi propia historia, pero también al lenguaje y a ser mujer.

Nacida en los Estados Unidos y más específicamente en Nueva York, a temprana edad mi familia se mudó a Ecuador, donde crecí. Cuando tenía 4 años, vinimos por un período largo de tiempo a los Estados Unidos y cuando regresamos a Ecuador había olvidado hablar español. Reconocí a mis primos quienes eran mis compañeros de juegos e inmediatamente comencé a hablar con ellos, pero sin darme cuenta les hablaba en inglés. Ellos no me entendían y yo no sabía por qué. Estaba aterrada.  Desde entonces, me apodaron “la gringa”, término usado por los latinos y los hispanos para nombrar a aquellos que vienen de los Estados Unidos y/o Europa, los extranjeros. Entonces la lengua me convirtió en una extranjera entre mis semejantes.

Más adelante cuando estudiaba en Francia, yo hablaba francés con lo que gentilmente decían “un acento encantador”, marcando el hecho que yo no era de “allí”.

El otro punto común que estos dos lugares tenían era que yo no podía votar pues no era ciudadana.

Cuando decidí mudarme a la ciudad de Nueva York, mi ciudad natal, tenía la ilusión de que finalmente estaría en casa, donde nací y donde podría votar. Pero, nuevamente, el real de la lengua instaló su barrera invisible que marcaba mi diferencia: también tenía acento en inglés, lo que llevaba constantemente a la misma pregunta “¿De dónde eres?”.

No tengo una respuesta inmediata para esto, puesto que la “verdadera”: “yo soy de aquí” deja al otro insatisfecho y con sospechas. Entonces estoy obligada a encontrar respuestas ingeniosas, creativas sin tener que contar mi historia a desconocidos en el ascensor o en otros encuentros fortuitos.

Inclusive pensé tomar clases para reducir el acento hasta que alguien me dijo que todos tenemos un acento especialmente en inglés y que tenía su encanto.

Entonces he aceptado el rasgo de “gringa”, extranjera, representado por el acento pero pienso que va mas allá. Pienso que es la forma particular que tiene para mí el ser mujer, la marca de la diferencia, siendo otra para una misma. Y sí, disfruto de los equívocos que las tres lenguas producen.

 

*Psicoanalista de la AMP (NLS)

 

Una respuesta a “Una extranjera en su propia tierra

  1. Interesantísimo análisis María Cristina. Nací en Barcelona de familia castellano hablante. A partir de los 12 años empecé a hablar catalán y desde los 20 años frecuento el Ampurdan (Gerona). En España me dicen ¿eres catalán? En Latinoamérica y Europa, ¿es español? Cuando estoy en el Ampurdan me dicen ¿ets de can fanga (eres de Barcelona)?
    Los acentos: linda manera de marcar orígenes e identidades para quién necesita destacar su origen e identidad y que en el fondo es diferente. ¿Qué pasaría si en vez de diferenciarnos por nuestro origen o identidad, nos diferenciásemos simplemente por nuestra cultura y nuestros conocimientos o nuestra capacidad de ayudar?
    Verdaderamente la torre de Babel ha sido la manera perfecta de separarnos. ¿Tan malos fueron nuestros ancestros?

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