No mires arriba

Beatriz García Martínez*

(Aviso: contiene spoilers)

Entre hilarante y espantosa, esta sátira de los tiempos que vivimos producida por Netflix, si bien tiene un metraje un poco excesivo y un trazo algo grueso, da en la diana de la locura civilizatoria contemporánea de un modo que la hace recomendable a pesar de todo.

El argumento parte del momento en que una estudiante de doctorado norteamericana y su profesor descubren que un cometa gigante se dirige a la tierra e impactará en seis meses, destruyéndolo todo. Su primera decisión es ponerlo en conocimiento de los líderes de la nación para que hagan algo. A partir de ahí se suceden las reacciones que nos muestran que el capitalismo en su versión más descabellada, aliado con el desarrollo tecnológico contemporáneo es un tándem de pura pulsión de muerte galopando hacia el abismo.

El paralelismo con las reacciones de los líderes mundiales ante los avisos de la ciencia acerca de las consecuencias del cambio climático es evidente. El negacionismo del covid y las respuestas políticas ante la realidad de la pandemia también pueden ser leídas desde esta óptica donde prima el beneficio económico por encima de todo ignorando lo real de la muerte.

Desde una mirada psicoanalítica podemos abordar algunas cuestiones presentes en la película:

El concepto lacaniano de lo real como aquello que, al igual que la eterna existencia de los cuerpos celestes, está por fuera de la capacidad humana de representación (1) es representado en la película por el cometa. La respuesta que la civilización contemporánea propone ante lo real, es negarlo: qué importa que vayamos a morir mientras podamos ganar unas elecciones o hacernos aún más millonarios. La figura del empresario tecnológico aliado con el estado en la pura estupidez de la lógica de la acumulación infinita y destrucción del planeta es suficientemente elocuente por su conexión con la realidad.

El mecanismo psíquico de la Verleugnung o renegación, descubierto por Freud y desarrollado por Lacan, está en la base del negacionismo tan en boga hoy en día: reconocer una realidad y negarla al mismo tiempo, por lo intolerable que resulta, es lo que hace del ser humano el único animal capaz de volverse loco. Negar lo real de la naturaleza en este caso y dejarse llevar por el discurso capitalista que propone que se puede gozar siempre más sin tomar nota de lo que no puede ser evitado: la muerte.

La película muestra también un matiz importante: el discurso de la ciencia es uno y el de la tecnociencia y el capitalismo, otro. No son necesariamente coincidentes. En este caso, los científicos avisan de un peligro, como lo hacen en la realidad con la pandemia de covid o las consecuencias del cambio climático. Pero el empresario tecnológico de estilo zen y brillante sonrisa que oficia como gurú de la presidenta encarnada por una Meryl Streep caricaturesca, pone el foco en las enormes ganancias potenciales, lo que convence a los mandatarios de tomar un rumbo suicida.

La canallada del poder se enhebra en el detalle del alto mando del ejército que recibe a los científicos para su audiencia en el despacho oval: los estafa cobrándoles unas galletitas para entretener la espera (la presidenta está ocupada celebrando un cumpleaños y no puede recibirlos a pesar de saber la noticia que traen). Las galletitas son gratis, pero él se las cobra, y la joven doctoranda no puede comprender por qué lo ha hecho, sabiendo que antes o después se enterarían. Es un alto cargo bien remunerado, no tiene necesidad de dinero, ¿por qué lo hace? La falta de pudor y de ética en los que manejan los destinos de todos se evidencian en esa anécdota malévolamente banal, que produce risa y tristeza a la vez, como todo en esta cinta.

La capacidad de destrucción del discurso capitalista preconizada por Lacan y su incompatibilidad con el amor son puestos de manifiesto en la película en las relaciones entre los personajes: desde los padres que rechazan a su hija que avisa de la amenaza del cometa porque están a favor de la riqueza que traerá consigo, a la presidenta que olvida a su hijo en tierra cuando escapa en la aeronave del planeta ya herido de muerte.

Por último, los grandes medios juegan un papel fundamental en la película, al igual que las redes sociales: todo debe ser convenientemente presentado como entretenimiento y todo se polariza. El profesor encarnado por Leonardo di Caprio se convierte en una estrella mediática y deja a su mujer por una presentadora “plastificada” a pesar de o, precisamente, a causa de saber que el fin está cerca. Finalmente, el asunto del cometa se convierte en cuestión de alinearse en uno de los bandos resumidos en dos consignas: mira hacia arriba, no mires hacia arriba. La paranoia constitutiva alcanza su máximo apogeo: el otro es el enemigo y lo que tengo que hacer es combatirlo. Mientras, el cometa avanza en su ruta mortal.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

(1) “Lo real no es el mundo. No hay la menor esperanza de alcanzar el real por la representación. No voy a empezar a argumentar aquí con la teoría de los quanta ni con la onda y el corpúsculo. Más les valdría no estar en Babia, aunque la cosa no les interese. Pero si quieren estar al tanto, entérense ustedes mismos, basta abrir unos cuantos libritos de ciencia”. Jacques Lacan, La Tercera

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