Louis XI contra Trump

Dominique-Paul Rousseau*

“Qui nescit dissimulare, nescit regnare” **

“Aquel que no sabe disimular, no sabe reinar”. La máxima le venía como un guante al reinado de “la Araña universal”, apodo poco halagüeño dado a Luis XI (1461-1483). El reinado trumpiano fue la antítesis del aforismo de Luis XI.

La fórmula y la expresión arácnida dice mucho de los métodos del Valois: espionaje, disimulo, engaño, duplicidad, etc. Que le permitieron reforzar y centralizar, como nunca ante de él, el poder real. Aunque Luis XI no tenía reparos en utilizar sus “chiquillas” (cadenas y grilletes con los que apresaba eventualmente a sus adversarios políticos) fue, sin embargo, lo contrario de lo que es el presidente Trump: una fuerza brutal que opera bajo los fuegos de los protectores.

Una vez presidente, Trump sigue siendo el personaje mediático de tele-realidad que encarnó principalmente en The Apprentice en la NBC durante una decena de años. La tele realidad funciona bajo un principio de impudor: se muestra lo que se supone ha de quedar en la sombra. Eso, eventualmente, puede tener como consecuencia “dieciocho suicidios de antiguos candidatos de emisión de telerrealidad (…) entre 1997 y 2012” (1), en el momento en el que se pronuncia el resultado de las elecciones con un You’re fired!  “¡estas despedido!”, según diversas modalidades, lo que, a su vez, no puede escuchar Donald Trump.

El prácticamente expresidente (que no ha dicho su última palabra) (2) ha logrado hacer lo que ha soñado más de un hombre: entrar en cada una de las cabezas de más de 7 mil millones de individuos, tal cual una “Araña universal”, no por el arte del disimulo valoisiano, que acabó con los grandes feudatarios (a la vista de las adquisiciones de Louis XI entre 1461 y 1483), sino por lo contrario: la obscenidad.

Seguro que se puede contra argumentar que Donald Trump es el disimulador supremo que se hace pasar por el que dice la verdad.

Sin embargo, dando una vuelta más aprovechamos el razonamiento que hacen buen número de sus seguidores: precisamente porque él es, sin duda, un formidable disimulador se puede tener confianza, ya que la política es el reino del disimulo. Por lo cual, el aparece como el, disimulador excelente, que descubre a todos los disimuladores.

Hay, en este sofisma, el punto paradójico de Epiménides: si se supone que todos los políticos son unos disimuladores, los 11.000 tweets de sus 33 primeros meses en la Casa Blanca (4) dirían la siguiente “verdad”: de todas maneras, es imposible distinguir verdadero y falso. Lacan comenta esa paradoja: si “todos los hombres son mentirosos (…) ¿qué digo, según el sofisma, sino que yo mismo miento, e incluso que no puedo avanzar nada válido en lo que concierne, no simplemente sobre la función de la verdad, sino sobre la significación misma de la mentira?. (5).  Cuando Trump declaró que en el momento de su investidura estaba presente “la mayor multitud jamás vista durante una investidura, y punto”, es mentira. Pero en el reino de la política en el que Todos los políticos son mentirosos, es, simplemente, un “hecho alternativo”, según la expresión de la portavoz de la Casa Blanca. De tal manera que un «hecho alternativo» separado de la relación verdad/mentira, basado sólo en el ciclo indiscutible de su propia existencia, que sólo se refiere a sí mismo, se convierte en algo más que una burda mentira.

El “hecho alternativo”, no es un concepto. El concepto supone un creador que haga una construcción determinada por su espacio-tiempo. El hecho alternativo, es, según una fórmula de Lacan a propósito del mandato No mentirás, lo que “tiene por función retirar del enunciado el sujeto de la enunciación” (7): lo que es “retirado de la palabra del sujeto, es la relación entre la ley (Tu no mentirás) y el deseo (de mentir), siendo que “esta palabra (en tanto que ella) no sabe ella misma lo que dice cuando miente y que, por otra parte, mintiendo, alguna verdad aparece.” (8).

La eterna posibilidad de la mentira erige al pequeño otro en gran Otro. Es la dimensión misma del inconsciente como Otro en nosotros que, en ocasiones, “puede ejercerse en el seno del engaño” (9). “En efecto, señala Lacan, ¿cómo no habría verdad en la mentira? –esta verdad que lo hace perfectamente posible, contrariamente a la pretendida paradoja que afirma – miento. “

Me parece que el hecho alternativo trumpiano es una salida del inconsciente freudiano. En efecto, los tweets de Trump no son ni verdades ni mentiras: son interpretaciones de la subjetividad de nuestra época, es decir, la que muestra el goce que “no es asunto de la adecuación o de la verdad y de la dialéctica”. (10).

Lo que Trump tuitea es sin equívocos: no hay juego con la relación sexual que no hay. Lo que el tuitea es del orden del “hecho alternativo”, es decir de la relación sexual que hay. Él se expresa de un modo asertivo sin nada que explicar ni que explicarse. Lo que tuitea es lo que hay (quoddité) y no lo que es (quiddite) según los términos de Jacques Alain Miller (11). Y lo que hay no es “el rastro” (12) del goce, sino el goce y punto- para retomar la traducción de la expresión trompiana dada más arriba. Donald Trump “tuitea”, “comunica”: no habla con el lenguaje ni con el equívoco de la lalangue.

No hay ni siquiera un “deseo de mentir” al que relacionar la noción de “post-verdad”, lo cual implicaría, a pesar de todo, disimulación (sin «arte de») por parte del sujeto en la que, al menos, se podría tropezar con su inconsciente para decir la verdad mintiendo o para mentir diciendo la verdad.

El tweet trumpiano, no está infiltrado por el inconsciente: es un lenguaje material, el del “hecho alternativo” recalcado, asestado, anunciado, expuesto, etc., en un registro comparable al performativo. Tweet significa sin embargo “trinos, gorjeo” y el gorjeo en la lengua lleva al goce de lalangue, es decir a lo que resuena, no a lo que hace sentido.

La obscenidad consiste en poner en escena lo que el pudor mantiene entre bastidores. Lo que, antaño, era insoportable. Pero es necesario constatar que el estado actual de la civilización, apoyándose en los medios numéricos, no solamente no la rechaza, sino que a veces la exige y la comprende por motivos respetables y absolutamente necesarios en la vida democrática.

Subirse a la cima de uno de los Estados más poderosos del mundo, ¿no es ocupar una posición fálica suprema? Preservando el semblante parecería ir de suyo. Sin embargo, Trump, al hilo de nuestro tiempo, ha roto con todos los protocolos atribuidos a la función de presidente de los Estados Unidos, en primer lugar, con la lengua.

Sin el semblante de la función, él encarna un Padre “para el bien” un padre libre, que hace excepción a la ley simbólica y a sus instituciones. Lo más fuerte es que, durante cuatro años, ninguna denuncia, ningún proceso ha llegado a destituirlo de sus funciones (juicio político, etc.) ¡ni siquiera la Covid 19!

Trump ha hecho un credo de su slogan Make America great again y, lejos de entrar en una relación dialéctica con la ley y sus instituciones, que condujera a los compromisos sintomáticos de una política clásica, lo ha utilizado: ha usado el goce simbólico, y en particular, en el proyecto de deshacer sistemáticamente, sin sombra de duda, todo lo que su predecesor había hecho.

Se ha visto a Trump fuera de “todo” protocolo político y diplomático tanto americano como mundial. La imprevisibilidad de sus actos y de sus palabras (13), extensamente comentada en la prensa americana e internacional, ha constituido su “línea” política: sin ningún otro programa más que el que reitera o decide en el momento, y en Twitter. Pasa totalmente del Otro y de sus consejos.

Ahora bien, lo que puede surgir al azar y fuera del marco es poderosamente ansiógeno. Es lo propio de “la pieza suelta” sobre la que J-A. Miller nos ha enseñado a reconocer el objeto a (14). Nuestro objeto a. En efecto, el populismo no es otra cosa que el resto inmundo de la operación de significación hiper democrática de nuestro goce promovido por la ciencia y empujado en bloque por un capitalismo desbocado.

Trump funciona como una cabeza de Medusa (16) – sólidamente pegada al resto del cuerpo. Hay tanto horror a la castración como en la imposibilidad de la castración. Cuando el complejo de castración no opera, el falo como significante de la falta no puede funcionar como tal. En el universo trumpiano, nada falta, toda la grandeza de América está allí haciéndose manifiesta en la omnipresencia de su presidente. Y por consecuencia, toda la angustia. El falo no asegura, en ese caso, el semblante que esconde la obscenidad de nuestro goce, del que el objeto a es el colofón.

La obscenidad es por lo tanto un poderoso medio de aniquilar el falo. Queda la grosería y el ridículo del miembro al descubierto.

Las redes sociales son más que nunca un contra poder necesario, para la democracia misma (17), pero también son un espantoso lugar de obscenidades, de odio, de calumnias, de racismo, etc. Hoy por hoy es, precisamente, el sitio donde se practica una cierta «política», la del «hecho alternativo», lengua de plomo lastrada de puro goce

Así que podemos volver a la máxima de Luis XI para aplicarla a los populismos de cualquier pelaje: “el que no sabe ser obsceno, no sabe reinar… hasta un cierto punto. Y ese punto, con Trump, ha aparecido.

*Psicoanalista.

**Maquiavelo

Fotografía seleccionada por el editor del blog. (Luis XI, atribuido a Jacob de Litemont ¿1475?)

Traducción por Mari Cruz Alba. Revisada por Joaquin Caretti.

Fuente: https://lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/12/LQ-901.pdf

  1. Frat M., «¿La tv-realidad responsable de 18 suicidios?», TV Mag Le Figaro, 5 septiembre 2012, disponible en internet, aquí.
  2. Cf. Lyall S., «Cuando un líder no quiere irse», título del New York Times del 15 noviembre 2020 au sujet du long nongoodbye du Président Trump..
  3. Épiménide, Cretense del siglo IV a.c., enunciado: «Todos los Cretenses son mentirosos” y “yo miento”.  La proposición «yo miento» es falsa, ya que, Épiménide era cretense, el miente es por tanto una verdad; pero la proposición “yo miento” puede igualmente ser verdad puesto que Épiménide dice que miente como todos los Cretenses y por consecuencia es falso. Es la célebre paradoja del mentiroso».
  4. Vissière H., «Lo que es necesario retener de los 11 000 tweets de Donald Trump», Le Point, 6 noviembre 2019, disponible en internet.
  5. Lacan J., El Seminario, libro VII, La ética del psicoanálisis, texto establecido por J.-A.- Miller, Seuil, Paris, 1986, p. 99.
  6. R.K., «Investidura: el equipo Trump no miente, evoca “hechos alternativos”, Le Parisien, 22 enero 2017, disponible en internet.
  7. Lacan J., EL Seminario, libro VII, La ética del psicoanálisis, op. cit., p. 99.
  8. Ibid., p. 100.
  9. Lacan J., El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos del psicoanálisis, texto establecido por par J-A Miller, Paris, Seuil, 1973, p. 38, citando el caso de la joven homosexual en el que los sueños señalaban que ya no le gustaban los hombres para inducir en error a su analista. (cf. Freud S., «Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina», Neurosis, psicosis y perversión, Paris, PUF, 1973, p. 264).
  10. La Sagna P., «La lalangue et “L’étourdit”», La Cause du désir, n° 106, novembre 2020, p. 52 & 53.
  11. Ibid., por referencia a Miller J-A, «La orientación lacaniana. Extimidad», lección del 8 enero 1986, inédito.
  12. Ibid., p. 53.
  13. Acuérdense de la expresión desconcertada de la cara del Dr. Deborah Birx, asistente en el discurso de Trump sobre las virtudes de las inyecciones de desinfectantes para luchar contra la Covid-19 (cf. «Consternación y parodias tras las ideas del “Dr Trump”» que quiere inyectar desinfectante a los pacientes», 24 abril 2020, disponible en nouvelobs.com.)
  14. Cf. Miller J.-A., «La orientación lacaniana. Piezas sueltas», curso pronunciado en el departamento de psicoanálisis de Paris 8, lección del 17-24 noviembre 2004, La Causa freudiana,n° 60, febrero 2005, p. 156.
  15. Cf. El desarrollo en el capítulo “Todos iguales, todos rivales» de Lebovits-Quenehen A., Actualidad del odio, Paris, Navarin, 2020, p. 23-60.
  16. Cf. Freud S., «La cabeza de Medusa», Resultados, ideas, problemas, t. II, Paris, PUF, 1985, p. 48-49.
  17. Cf. entre otros, Auffray A., « Violencias policiacas : Darmanin en el banco de los acusados», Libération, 26 noviembre 2020, disponible en internet, ici.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s