Retorno al futuro de una profecía de Lacan-situación de la psiquiatría en el siglo XXI

Pierre Sidon*

Si Lacan, después de haber conocido el psicoanálisis por la psiquiatría, termina declarando en 1979: “Todo el mundo es loco, es decir delirante” (1), no fue para encerrar a todo el mundo, sino para anunciar la demostración de un saber que había percibido desde hacía ya largo tiempo Blaise Pascal: “Los hombres están necesariamente locos…” Aún hacía falta que el psicoanálisis progresara, tanto en su práctica como en sus conceptos. Freud se había creído incapaz de tratar ciertos pacientes en relación con los cuales se sentía “intolerante”, cuestión que hacía de él, según lo escrito a Istvàn Hollos en 1928, “más bien un mal psiquiatra”. De esto, él todavía no tenía tanta evidencia, habiendo estado a cargo de numerosos pacientes psicóticos y diagnosticando algunos como tales (notablemente A.B. documentado por David Lynn en 2007). Con su estudio sobre el texto de Schreber, inauguró la era contemporánea donde el derecho de todos al psicoanálisis aparece como un derecho humano fundamental. Todos perversos con Freud, todos locos con Lacan, ¿qué le queda a la psiquiatría?

Ciertamente, el psicoanálisis ha contribuido a la ruina de ciertas determinaciones o imputaciones segregativas de la psiquiatría. Sin embargo, falta aclarar por qué y cómo no ha puesto en discusión la utilidad o la necesidad. Incluso ha contribuido considerablemente a humanizar y desarrollar los aspectos más rescatables puliéndola de aquello que constituía un rechazo. A su vez, cabe agregar que el psicoanálisis no es la causa eficiente de la anomia (Durkheim) de la psiquiatría contemporánea: es realmente el discurso de la ciencia el que, por el debilitamiento de las normas y la proliferación “insaciable” (2) del plus-de-gozar que produce, como escribe Franck Rollier, priva al sujeto contemporáneo de la palabra. (3) El rechazo de lo imposible, como principio de este discurso, es locura y angustia: se anuncia “el Uno-todo-solo comandado por un plus-de-gozar que se presenta bajo su aspecto más ansiógeno”, subraya Jacques-Alain Miller. (4) Serge Cottet confirma en 2017 que “la angustia no ha cesado de elevarse al cénit social; testimoniando de zonas de desinserción donde los psicoanalistas intervienen (CPCT, hospitales, dispensarios, etc.)”. (5) Parece que, parafraseando a Hölderlin, donde crece la locura, también crece el psicoanálisis que salva: a medida que se reduce y se deteriora el lazo transferencial con los practicantes de la psiquiatría, se extiende aquel del psicoanálisis.

¿Es este el fin de la psiquiatría? Podríamos creer que tanto sus teorías, su práctica, incluso el cuerpo de sus practicantes, parecen irremediablemente afectados. El reciente artículo de Jean-Daniel Matet en Lacan Cotidiano describe las razones de una “disciplina devastada”. (6)

Qué símbolo más brillante de esta evolución que la singular trayectoria del profesor estrella Thomas Insel, famoso ex director del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), que publicó ¡el certificado de defunción del DSM unos días después del nacimiento de su quinta edición! Él ya había declarado en 2010 que no se había realizado ningún progreso, diagnóstico o terapia, a pesar de los millones de dólares invertidos en “serios estudios” con fines científicos en los que él mismo tuvo participación (sin contar los demás) y concluyó burlonamente: “Merezco ser despedido”.(7) Debe, probablemente a su ligereza sostenible adquirida a partir de frecuentar largamente ratones de campo (8) –haber podido saltar de rama en rama para pasar sucesivamente de Verily, filial de Alphabet, consortium de Google, a su propia startup, Mindstrong, que ahora está desarrollando una aplicación psiquiatra para smartphones.(9) Del entonces insoportable peso de una teoría, que todavía se pretende a sí misma a-teórica, al psiquiatra en el bolsillo; qué reducción asombrosa para lo que aparece retrospectivamente como una profecía auto cumplida: el psiquiatra despedido por sí mismo, espejo de su profesión.

Privatización de instituciones sostenidas por la administración pública, desvío de prácticas, abandono de pacientes y cuidadores, etc., parecería que la psiquiatría está llegando a su final.

Esto no es lo que Lacan anunciaba en 1971 cuando afirmaba que el “servicio social” (10) no estaba a punto de desaparecer. Esta profecía de Lacan no ha sido aun explorada a diferencia de tantas otras que han sido largamente comentadas e incluso se han efectivamente realizado (11): la inexistencia de una relación que pueda escribirse entre los sexos que conduce al reinado del “Uno que goza todo solo”, el feroz retorno de la religión, el ascenso de racismo, entre otros. No podemos más que ser golpeados fuerte por algo y querer comprender los motivos y las consecuencias de esta profecía. ¿El método? Según J.-A. Miller: “Podemos descifrar nuestro presente en su gramática y vislumbrar la mueca del futuro que nos espera”.

Si el oficio social de la psiquiatría debe persistir, ¿no es porque la segregación es inherente al discurso del amo, como señala Lacan en 1971, y la psiquiatría es una de estas figuras? ¿No es porque el discurso del amo, lejos de desaparecer, muta bajo la influencia del discurso de la ciencia? ¿Qué forma toma y quid de la psiquiatría que lo acompaña? También se puede interrogar la evolución del discurso del amo por la lente de la disciplina psiquiátrica tomando el camino opuesto: ¿qué es lo que del discurso del amo de hoy hace que el oficio social de la psiquiatría siga siendo necesario, y hacia qué forma muta este?

Nada asegura de antemano que su “oficio” sea asegurado por sus practicantes bajo la forma actual. La debilidad del cuerpo de la psiquiatría crece y hace de este cada día algo más inapto de cara a su responsabilidad. Un síntoma notable acaecido en el último cuarto de siglo, la “anti-psiquiatría”, anunciaba y avizoraba la época actual. “La anti-psiquiatría es un movimiento cuyo sentido es la liberación del psiquiatra” (12), indicaba Lacan en 1971. Observado desde el punto de vista institucional donde ocupamos actualmente algunas responsabilidades, en esta pequeña sub-división del campo “médico-social” dedicado en Francia a los sujetos llamados adictos, la psiquiatría se muestra perdida, replegada, asfixiada y profundamente deprimida. Esta rechaza el contacto y expulsa todo lo que ella puede: se libera de pacientes que nosotros compartimos. En contraste con esto, el campo institucional que se reconoce en lo que concierne a las adicciones conoce un entusiasmo que no explica únicamente su frescura y su no menor gran desvío.

Una primera clave corresponde a la topología que caracteriza nuestras instituciones, topología inversa a aquella propia de la psiquiatría precisamente en cuanto a la demanda: es el paciente que demanda ingresar, a diferencia de los cuidados bajo coacción que constituyen el status nascendi de la psiquiatría; solo las salidas pueden ser impuestas. Esta topología no es una causa: esta es, ella misma, el reflejo del cambio de paradigma de la época que ha visto a la vertiente positiva del deseo tomar la delantera sobre su vertiente de interdicción, provocando, por eso mismo, la epidemia de adicciones. Es efectivamente la ciencia, indica Lacan, la que de aquí en más “gobierna el deseo”. (13) Deseo “frenético” que caracteriza la ciencia, deseo de los cuidadores de consagrarse, deseo que indexa el imperio del significante “adicto”. ¿Podemos decir que el campo de las adicciones constituye hoy en día el nuevo rostro de la psiquiatría?

Ciertamente no. En la era del Universal fácil (Jean-Claude Milner), que parece retratarnos, todo el mundo es adicto, ninguna función de discernimiento y asilo –funciones positivas inherentes a todo proceso de segregación– podría emerger del pantano conceptual que caracteriza el campo de las adicciones.

En la nueva topología del lazo social caracterizado por una “segregación ramificada” (14) donde se borran inexorablemente las fronteras, el encierro y la internación no pueden constituir más una respuesta aceptable a la locura. Es de esta manera que podemos explicarnos la constatación realizada por Jean-Daniel Matet que “una vez que el proyecto nacional desapareció, los psiquiatras no lograron más el convencimiento”. (15) No hemos aun percibido todas las consecuencias de esta reconfiguración estructural del mundo, pero estas saltan ya a la vista bajo la forma convocante imperativa del migrante. La Historia nos compele a extraer las consecuencias de la universalización. “El amo del mañana es quien, desde hoy, comanda” en tanto es posible dar cuenta de una tiranía generalizada del plus-de-gozar normalizador. ¿Qué es lo que tomará el relevo a partir de hoy de una psiquiatría cuyo rol de la protección de la sociedad se conjugaba tan bien con aquel de la protección del loco? Si todos somos locos, la psiquiatría de mañana (¡y este término suena mal para este oficio!) es el profesional consagrado a alojar a todos y a cada uno en un mundo cada vez más inhóspito, ya que “no se puede ser libre más que fuera del lenguaje. Desafortunadamente, el lenguaje humano es sin exterior, es una puerta cerrada. No se puede salir de ella más que al precio de lo imposible” (16), advierte Barthes. La ciencia se dedica a rechazar todo imposible para el hombre, a liberarlo de su causa: su lengua y lo que ella aloja de su singularidad inalienable. ¿Humano aumentado? Más bien disminuido, amputado, alienado.

Actualmente no vemos cómo la aspiración científica de la psiquiatría –su otro síntoma notable– podría abordar este oficio en torno a sus fantasías científicas. Estas resuenan siniestramente con las “fantasmagorías de gran magnitud”, “delirio agónico”, “fabulaciones compensatorias”, “refugios imaginarios”, términos que Lacan empleaba en 1947 en su trabajo sobre “La psiquiatría inglesa y la guerra” (17), a propósito de “la colectividad de los franceses”. Estas son una vaga emanación, una burbuja especulativa (18) cuya única producción seria es la de fake news (19), más aún cuando la colaboración con la ciencia disuelve la humanidad en lo humano. Sin embargo, estas dan cuenta, para retomar los términos de Lacan y aplicarlos a la psiquiatría, del “encanto deletéreo” que conduce a una “disolución verdaderamente temerosa de su estatuto moral”.

Disimulada detrás de la ecología del viviente, adviene hoy una ecología del parlêtre. Sus profesionales serán capaces de hacer de la locura de cada uno, la necesidad de todos –reconocerse hombres santos (saint-homme/sinthome) ellos mismos, ya que de eso se trata. Así es como nosotros entendemos la convocatoria de J.-A. Miller para constituir Zadig: Zero Abjection Democratic International Group. ¿Qué profesión entonces en la era del ocaso de la psiquiatría y el advenimiento de los adictos? ¿Zadigtólogos? (Addictologues → Zadigtologues).

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ECF)

Fotografía seleccionada por el editor del blog. (Pinel, médecin en chef de la Salpêtrière en 1795 por Tony Robert Fleury)

Traducción: Liliana Zaremsky. Revisión de la traducción: Tomás Verger y Joaquín Caretti.

Fuente: http://www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-778.pdf

1. Lacan J., «Lacan pour Vincennes! Journal d’Ornicar?», Ornicar ?, n°17-18, 1979, p. 278.

2. Lacan J., «Radiophoniea», Autres écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 435.

3. Cf. Rollier Fr., «L’addiction comme style de vie», La Cause du désir, n°88, 2014, p. 23.

4. Miller J.-A., «Une fantaisie», Mental, n°15, février 2005, p. 18-19.

5. Cottet S., «La psychanalyse SGDG (sans garantie du gouvernement)», Quarto, n°117, p. 38-39.

 6. Matet J.-D., «La psychiatrie dévastée», Lacan Quotidien, n°766, 14 février 2018.

7. Cf. Dobbs D., «The smartphone psychiatrist», The Atlantic, à retrouver ici.

8. Cf. On lui doit notamment une recherche sur le rôle de l’ocytocine et de la vasopressine chez les campagnols des prairies, vivant en couples fidèles et parents attentifs, versus ceux des montagnes, célibataires endurcis dont les mâles ne montrent aucun intérêt pour leur progéniture. (Cf. Palmer R., «Why do Voles Fall in Love?», Emory Magazine, printemps 1999, à retrouver ici).

 9. M. Lee S., “This Startup Wants To Track Your Smartphone — To Improve Your Mental Health”, BuzzFeed News, 15 juin 2017, à retrouver ici.

10. Lacan J., Je parle aux murs, Paris, Seuil, 2011, p. 94-96.

11. Cf. Miller J.-A., «Les prophéties de Lacan», Le Point, 18 août 2011, à retrouver ici.

12. Lacan J., Je parle aux murs, op. cit., p. 14.

13. Lacan J., Le Séminaire, livre XVII, L’envers de la psychanalyse, Paris, Le Seuil, 1991, p. 189. 14. «Je pense que ce qui caractérise notre époque, et nous ne pouvons pas ne pas nous en apercevoir, c’est une ségrégation ramifiée, renforcée qui produit des intersections { tous les niveaux et qui ne fait que multiplier les barrières. » Lacan J., «Note sur le père», La Cause du désir, n° 89, p. 8.

15. Matet J.-D., «La psychiatrie dévastée», op. cit.

16. Barthes R., Leçon. Texte de la leçon inaugurale prononcée le 7 janvier 1977 au Collège de France, Essais Points Seuil, 1978, p. 15.

17. Lacan J., «La psychiatrie anglaise et la guerre», Autres écrits, op. cit., p 101 & sq.

18. Cf. Gonon F., «La psychiatrie biologique: ¿une bulle spéculative?», Esprit, novembre 2011. 19. Monod O., «Les fausses informations scientifiques sont des “fake news” comme les autres»

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