Tech-no-me, tech-to-me

Renata Teixeira*

Antes de la pandemia y el cierre de los colegios, trabajaba clínicamente con niños de 4 a 12 años, principalmente en su entorno escolar. Tras la decisión del gobierno de cerrar las instituciones educativas, me vi obligada a iniciar sesiones de terapia online con aparatos electrónicos. El psicoanálisis lacaniano implica el uso del cuerpo del analista como instrumento para que el analizante construya semblantes del objeto a(s). Me encontré entonces con la pregunta, ¿cómo interactuar analíticamente si mi presencia se filtraba por pantallas y micrófonos, especialmente con niños y adolescentes que reclamaban el uso de juegos y de la interacción física durante sus sesiones?

Al observar cómo los jóvenes hacían uso de los juegos online, incluyendo la creación de sus avatares como nuevas modalidades de imágenes del yo, decidí aprender acerca de algunos de estos recursos electrónicos para poder interactuar con ellos y así mantener nuestras voces conectadas durante sus sesiones. Aprendí a jugar a Minecraft y Roblox.

Gustavo Dessal en una conferencia para ICLO-NLS el 23 de mayo, titulada Ni Ángeles ni Demonios: Psicoanálisis y Tecnología, comentó que a diferencia de la Ciencia que postula los parámetros del sujeto universal, las tecnologías se interesaban por las individualidades. Tratan de capturar algo de las diferentes modalidades de goce de los sujetos, traduciéndolas en matemáticas mediante el uso de algoritmos. Estos recursos, según Dessal, podrían tener un nivel de eficacia tan grande como lo tuvo la promesa de una segunda vida postulada por la religión en el pasado.

Mientras me unía a algunos de mis jóvenes pacientes en sus juegos online favoritos, pude investigar cómo sus modalidades de goce estaban implicadas en la elección de un juego en particular y la forma en que lo jugaban. Es importante mencionar que ninguno de ellos presentaba adicción a los juegos, y que eran capaces de pasar de un juego a otro y eventualmente dejar de usar esta herramienta en sesiones posteriores.

Con un niño autista de 12 años jugamos Minecraft modo supervivencia. Es un jugador experto y me invitó un par de veces a su casa de Minecraft al tiempo que intercambiábamos objetos mientras jugábamos. Durante el juego mencionó que él nunca había expulsado a nadie de su mundo y no le gustaba cuando los jugadores avanzados no eran capaces de dar la bienvenida a los nuevos. Reconocí su capacidad para aplicar las habilidades sociales mediante la creación de un vínculo social con los jugadores. Esta capacidad no podría haber sido explorada en gran medida en una sesión cara a cara.

Otra analizante de 11 años que presentaba una relación conflictiva con la madre, yéndose a vivir con el padre debido a los escándalos de ésta, eligió jugar a Adopt Me en la aplicación del juego Roblox. Primero, reconocí como el título del juego que había elegido estaba relacionado con su conflictiva relación maternal. En segundo lugar, reconocí su deseo de cuidar de mí y a nuestras mascotas en el juego. Ella se encargaba de darnos de comer, de llevar las mascotas al doctor y estaba dispuesta a llevarnos en coche a donde fuera. En una sesión, mencioné su papel maternal en el juego y algo en la transferencia cambió. Decidió dejar de jugar a este juego online y prefirió hacer masas elásticas (slimes) durante sus sesiones, mostrándome los diferentes colores y texturas de sus producciones a través del uso de la cámara.

Dessal también mencionó que los seres-hablantes son consumidores de metáforas [1]. Incluso antes de la pandemia, los analistas sabíamos del uso masivo de juegos online por parte de niños y adolescentes para hacer amigos, inventar nuevos estilos de apego o usarlos de forma autoerótica. Mis intervenciones con estos pacientes consistían en incitarlos a hablar mientras jugaban. Aprendí sólo lo básico de los juegos ya que mi intención no era competir con ellos. Al contrario, dejé que mis avatares fueran guiados a sus terrenos de juego y una vez allí, les permití hacer uso de mi presencia digital, mientras mi voz reflejaba los encuentros en estos mundos imaginarios.

Como todo lo que hacemos en psicoanálisis, investigamos los resultados, caso por caso, sin la creencia de que estamos creando un método científico que se ocupa de la universalización del ser. Sin embargo, como practicantes del psicoanálisis lacaniano, tenemos que trabajar con las exigencias y recursos de nuestra época y estar abiertos al desarrollo de nuevas modalidades de goce que traduzcan las imposibilidades de lo Real [2].

*Miembro de Lacanian Compass.

Traducido por: Amparo Tomás

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://www.thelacanianreviews.com/tech-no-me-tech-to-me/

 [1] DESSAL, Gustavo. Ni Ángeles ni Demonios: El psicoanálisis y la tecnología. Webinar organizado por ICLO-NLS, Irlanda. 20 de mayo de 2020.

[2] MILLER, J.A. & JAANUS, M., Editores. Culture/Clinic, Numero 1, We’re all mad here. University of Minnesota Press. 2013.

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