Vivir donde no somos (tras el debate Zadig-España)

Miquel Bassols*

 

«Vivir donde no somos». Tenía que ser el poeta —y amigo del Campo Freudiano a quien leo con gusto— Luis García Montero quien soltara la frase del debate que me dio su interpretación. Ponedla como eslabón de los tres ejes que formaban el programa y tendréis la cadena significante que nos explica la experiencia singular que estamos haciendo en estos tiempos.

En los efectos de la pandemia. Ya sea que estemos confinados en casa, ya sea que estemos en las calles de una ciudad que quiere parecer «nueva» y «normal» a la vez —nunca ha sido ni lo uno ni lo otro—, vivimos tan adentro de donde estamos que sólo encontramos allí una vida que está toda ella fuera de sí misma, en un exterior que no llegamos a abarcar ni con las palabras. La experiencia de lo real —la frase vuelve a ser del poeta, tanto como nuestra— no es sólo la experiencia de este virus-máquina que parece de ciencia ficción, invisible y sin vida biológica. La experiencia de lo real es que vivimos donde no estamos ni donde somos y que sólo estamos allí donde podemos perder la vida.

♠ En los efectos de lo Tele-: del tele-trabajo, de la tele-enseñanza, del tele-amor, del tele-todo, y sobre todo del telele. En el Tele nos pasamos las horas viviendo donde no estamos. Y eso nos hace más evidente aún la naturaleza cada vez más deslocalizada del sujeto de nuestro tiempo, un sujeto al que se le escapa el ser con todos los bits que van de un lugar a otro del planeta y que sólo saben decirle: ahora sí, ahora no; ahora estás, ahora no estás. A esto le llaman ahora «Telecoupling», que quiere decir finalmente que el ligero movimiento de la mariposa en un rincón del mundo puede producir un tsunami de muerte en todos los otros rincones del mundo. Quiere decir que tú estás también en aquel murciélago de Wuhan que te puede hacer la vida imposible. Y significa sobre todo que lo que haces en tu casa tiene efectos inmediatos en la casa del Otro.

♠ En la Europa de nuestros días. Vivimos en Europa, ¿pero somos Europa? Los que creemos que estamos en ella cada vez sabemos menos qué es ser Europa. Y algunos que no viven en ella quieren estar ahí a toda costa, aunque sea llegando muertos a Lampedusa con barcas de goma. ¿Qué constatamos estos días de pandemia? Que son las pequeñas comunidades las que se las arreglan mejor para sobrevivir y que los grandes Estados-nación son un fiasco a la hora de hacer realidad lo que prometen. La llamada democracia social quizás sabrá vivir mejor allí donde no está —fuera de parlamentos huecos de palabra— y ser allí donde no podemos vivir —en las ciudades vacías de sí mismas.

♠ Y yo añadiría ahora un cuarto registro, un cuarto elemento que me pareció que unía a los otros tres en el debate. La izquierda ya no sabe vivir donde está, y ya no está allí donde le parecía que podía vivir. Tampoco en el arco parlamentario sabe encontrar su lugar, simplemente porque hace tiempo que le han robado el discurso, el ser de sus palabras. Todo parece ya «supuestamente de izquierdas», como decía uno, todo un «puro semblante», como decía otro. Y sólo para terminar escuchando un «no puedo respirar» que fue otra de las frases del debate. La izquierda ya no respira. Decir que esto es la impotencia de las izquierdas, es decir demasiado poco. Más vale decirle que no ha tenido en cuenta lo real como imposible, aquel real del que está hecha la experiencia del psicoanálisis. Que el hombre de izquierdas ya está muerto[1] y aún no lo sabía hace de sus funerales una fiesta permanente de las derechas, que sí saben que pueden vivir allí donde les plazca, a derecha e izquierda del planeta. Y una de las razones de este desbarajuste parece insultante de tan evidente: la represión funciona. Funciona la represión social y funciona la represión meta-psicológica. Funciona la represión social cuando se acepta la judicialización de la política, aunque sea haciendo una pequeña mueca cuando no iban a por ti. Pero ahora van a por ti también, y no quieres ver que no hiciste nada cuando iban a por los demás, a por tantos otros. Y a veces sólo cuando falla llegas a saber cómo funciona la represión, cuando el retorno de lo reprimido te muestra y te hace sufrir el síntoma donde no te sabías reconocer, cuando ahora ves que también vives allí donde no eras, y que estás allí donde no sabías vivir.

Pues sí, estimado Luis, yo también siento que vivo allí donde no estoy, y que estoy en un estado donde no me resulta fácil ser y vivir. Pon este «estado» con mayúsculas si quieres, dile «estado del bien-estar», que no es estado del bien-ser y que debería ser finalmente un estado del bien-decir. Del bien-decir que a veces la poesía sabe sostener.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog. (Disco de calcita hallado en la zona más secreta del templo de Nanna en Ur en el que se representa a Enheduanna, suma sacerdotisa y poetisa, que nació aproximadamente en el año 2300 a.C. en el Imperio Acadio. Escribió el primer poema del que se tenga registro.)

Traducido del catalán por el autor

Texto publicado en “Ciutat de les Lletres”: https://www.ciutatdeleslletres.com

Debate de Zadig España: https://zadigespana.com/2020/06/30/video-del-debate-organizado-por-zadig-espana-el-26-6-20-titulado-lo-por-venir-en-tiempos-de-coronavirus-nueva-normalidad/

 

 

[1] Jacques-Alain Miller, «Tombeau de l’homme de gauche». Lacan Quotidien, 4 décembre 2002:

https://www.lacanquotidien.fr/blog/2002/12/jacques-alain-miller-tombeau-de-lhomme-de-gauche/

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