En Europa nada es lo que parece

Javier Terriente*

 

Durante años, una mezcla de arrogancia y mentiras compulsivas han engrasado una visión trascendental sobre el destino manifiesto de la UE en el mundo. El misticismo europeísta, ha sido la idea fuerza de la construcción europea, arrojando a las tinieblas exteriores las fuerzas emergentes de una sociedad de desigualdades crecientes, que exigen nuevos espacios democráticos. Misticismo, hay que añadir, a un narcisismo rampante, impenetrable a cualquier lógica en sentido contrario.

La retórica de un proyecto futuro común, de la mano de un rigorismo presupuestario y unas políticas de estabilidad innegociables, típicas de un calvinismo intolerante del Norte, ignora las lágrimas y los padecimientos insufribles de millones de ciudadanos expulsados de sus trabajos, de sus casas, de sus ciudades y comunidades, incapaces para hacer frente a deudas e hipotecas de por vida. Esa Europa dixit: “Eso te ocurre por manirroto, idiota. Los bancos, lo primero”.

En esta Europa, no en la soñada, Nadia Calviño, no pudo ser la Presidenta del Eurogrupo, a pesar del apoyo de Alemania, Francia, Italia, Portugal… Diez países de entre 19 de la eurozona, han decidido que sea el conservador irlandés Paschal Donohoe su futuro presidente, en sustitución del portugués Mario Centeno, socialista. Ha sido el candidato de los conservadores europeos, incluido el PP, en un alarde de patriotismo ejemplar.

Las reglas de juego establecen un sistema de decisiones en función del número aritmético de países, al margen de su peso económico, la dimensión territorial o cualquier otro factor corrector. De este modo, lo que sería teóricamente una alternativa necesaria al predominio de las grandes potencias, corre el riesgo de pervertirse en una forma de secuestrar Europa por un grupo de países unidos en intereses espurios.

Los grandes medios de comunicación se han apresurado a definir la derrota de Calviño como el fruto de una rebelión de los pequeños países europeos frente a la prepotencia de los grandes o de la confrontación N-S. Pura demagogia.

Es cierto que Irlanda, Holanda, Luxemburgo, Bélgica, Chipre, Malta, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania… se han opuesto a la candidatura de Calviño, apoyada por Francia, Alemania e Italia, entre otros países. Pero también, que estos países tienen una característica compartida: ser paraísos fiscales, en mayor o menor dimensión, que funcionan en red como una gran caja negra de la globalización. Las Islas Caimán y del Caribe en versión europea.

Centenares de billones de euros, y otras monedas, procedentes de orígenes oscuros, ilícitos y delictivos, encuentran refugio en las sucursales de la gran banca europea (y norteamericana), y se reconvierten en títulos de curso legal y en inversiones empresariales libres de toda sospecha.

Por ello, la realidad es mucho más cruda. La candidatura de Calviño en la medida que cuestionaba la baja fiscalidad a las empresas, la oposición frontal a la tasa Google y la protección de los paraísos fiscales, que agujerean la economía europea, suponía un paso decisivo para la construcción de un futuro común transfronterizo.

El programa europeo de Donohoe despeja cualquier duda: Disciplina económica, baja (o nula) fiscalidad a las grandes empresas tecnológicas, liberalización radical del mercado, reformas drásticas en el mercado laboral y de las pensiones… En resumen, trabajar por una Europa desregulada a merced de las grandes corporaciones, subordinada al Gran hermano estadounidense. Sin piedad. Sin perdón

Lejos queda el objetivo de un Estado de Bienestar Europeo. Exactamente en dirección contraria.

Un aviso a navegantes: “Espero que Donohoe sepa trabajar por la ciudadanía europea y que luche contra los paraísos fiscales”, señala la presidenta del grupo socialista europeo, Iratxe García. Soñar es gratis.

*Activista político

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://izquierdayfuturo.wordpress.com/2020/07/11/en-europa-nada-es-lo-que-parece/

Una respuesta a “En Europa nada es lo que parece

  1. Sí, soñar es gratis, pero sobre todo en política suele tener costes muy elevados. Parecidos, aunque no iguales, a “soñar” con que la Sra. Calviño hubiese ido exactamente en la dirección contraria. Ya se ve que de ilusiones también se vive, y años y años por cierto se puede llegar a vivir.

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