“CORÓNICA” DEL MUNDO EXTERIOR I

“CORÓNICA” DEL MUNDO EXTERIOR I

 

Gustavo Dessal*

 

¿Qué es el mundo? ¿Existe el mundo? El mundo es en verdad una abstracción inexistente, hecha para poder entendernos como de costumbre, o sea, malamente.
Existen los mundos (y existen porque las palabras nos salen del cuerpo y tienen el poder performativo de crear aquello que dicen), los mundos en plural, el de cada uno, la invención narrativa que los seres humanos nos fabricamos. Piezas únicas y exclusivas con las que armamos un pequeño argumento que sirve para orientarnos. De lo contrario, el caos sería aún más grande: la pura realidad material moviéndose al compás de las invisibles leyes fisicoquímicas.
El mundo que cada cual encuentre afuera probablemente sea tan reducido como el cubículo en el que ha permanecido encerrado todos estos meses. Será un poco más incómodo, eso sí, debido a las restricciones impuestas a la libertad de convivencia. La libertad. Esa otra cosa inexistente en la que depositamos una fe inmensa y muy curiosa: quienes más creen en ella suelen ser los que más se la niegan a los otros. A esas restricciones se las llama “distancia social”. Muchas expresiones son como los chistes. Nadie sabe quién los ha inventado, pero una vez que ingresan en el habla se propagan velozmente. Esa de “distancia social” es muy buena, es perfecta para contrarrestar la ilusión colectiva de la proximidad globalizada. Una pandemia, como una guerra, tiene la desgraciada virtud de producir un efecto de “pentimento”, ese fenómeno tan peculiar que se observa en algunos cuadros del pasado, cuando el artista corregía algunos detalles de su obra cubriéndolos con nuevas pinceladas. Con el paso del tiempo, la versión original comienza a hacerse de nuevo visible. Es una suerte de milagro de la belleza, solo que ahora la cosa es un poco diferente, porque mucho de lo que asoma tiene aspecto de barbarie y huele a cadáver. En España han retirado los restos de Franco de su majestuoso templo, pero por ahora solo ha valido para que el fascismo endémico del país refuerce su sistema inmunológico.
Lo llaman “Nueva normalidad” (la gente es sin duda imaginativa, por qué negarlo), incluso se emplean las siglas “N.N.”, que por pura casualidad son las mismas que leemos en las tumbas de los muertos no identificados. N.N.: “nomen nescio”, lo que en latín significa “desconozco el nombre”. Visto así, no se podría haber inventado nada mejor para ponerle nombre a este nuevo mundo que no tiene nombre, pero que ya nos amenaza con ser normal, lo cual es suficiente para ponernos los pelos de punta. La normalidad es esa maniobra con la que se consigue que el acíbar (una resina amarga de propiedades purgantes) nos sepa a mermelada de arándanos. El número de abril de la edición española de la revista Elle ha obrado la magia de hacer desaparecer todo rastro de lo sucedido. Ni una sola vez se mencionan las palabras “pandemia”, “confinamiento”, “coronavirus”. Trescientas treinta y ocho páginas repletas de destinos paradisíacos a los que no podemos ir, por falta de aviones y dinero, fastuosos restaurantes que ya han quebrado antes de inaugurarse siquiera, y fantasmales salones de fiestas. Por tan solo 4,5 euros uno puede comprarse una dosis de negacionismo y saborearla pasando las hojas.
¿Cómo habrá de transformarse el mundo de cada uno? Los historiadores -hablaré de esto el próximo domingo- dicen que las pandemias son episodios que tienden a reprimirse en el relato de la civilización, porque al imaginario colectivo le resulta muy difícil representarlos. Llevamos más de tres meses confinados en el discurso del coronavirus, y así seguiremos durante mucho tiempo, aunque nos hayan abierto las puertas. Sin embargo, el gran interrogante es saber si toda esa epidemia desinformativa, verdadero apocalipsis del malentendido inmemorial del lenguaje, habrá de sernos útil para volver a reunir todo lo que se ha desatado. Tal vez se necesiten otras palabras, unas que evoquen, que resuenen, pero no nombren. Shakespeare, el inventor del ser humano, supo hablar del asunto como nadie. Se merece una mención especial en la “corónica” que viene.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog. (Restaurante en Puerto Iguazú, Argentina)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s