¡Coraggio Casimiro!  Se alentaban Freud y Abraham en tiempos difíciles

¡Coraggio Casimiro!

 Se alentaban Freud y Abraham en tiempos difíciles

 

Erick González*

 

Últimamente cuando hablo con amigos o cuando alguien me habla de la dureza de estos tiempos, en el momento de cortar la comunicación, me viene siempre esta frase, y no me queda muy claro si se la quiero decir a ellos, o a mí mismo, como un antídoto. ¡Coraggio Casimiro!

Es una frase que me ha venido siempre a través del aire, pero que proviene inicialmente de un intercambio epistolar. El de Freud y Abraham.

Cuando en mi trabajo se aproximan las estragantes épocas -previsibles casi siempre- de las exigencias que parecen insuperables como montañas, del frenesí estadístico -situaciones que ahora evidencian su nimiedad-, cuando toca hacer memoria y evaluar la actividad clínica, traducir nuestro quehacer cotidiano en esquemas, formatos, algoritmos, mi jefa –una lúcida partenaire en estos trances- me dice: “¡Coraggio Casimiro!” Y añade: “Esto siempre me lo decía un colega” –otro lúcido psicoanalista- “cuando venían tiempos difíciles”.

Lo bonito es que, a su vez, esta especie de demostración de la tradición oral, este “me-dijo-ella-que-lo-que-siempre-me-dice-se-lo-decía-otro” se reproduce, se multiplica de manera casi exponencial.

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Se trata en realidad de una expresión que se repite en las cartas entre Freud y Abraham, en las que al final se puede encontrar “Coraggio Casimiro”, e incluso más adelante las siglas “CC”. El editor de esta correspondencia nos aclara:

“Abraham en una excursión había encontrado dos guías para una ascensión a una montaña y llevaron un trozo de carne cruda para prepararse el almuerzo. Cuando llegaron al refugio la carne se había alterado, no obstante lo cual la cocinaron y un guía alentó al otro para que la comieran con las siguientes palabras: “‘Coraggio Casimiro'”[1].

Karl Abraham fue el primero en usar la frase en una postal que le envía a Freud desde Roma en la que firma: “El judío sobrevivió, saludos cordiales y Coraggio Casimiro”[2].

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Sobre esta nota encontramos un comentario de Jacques-Alain Miller en las “Conferencias Porteñas 3”[3]:

“Es increíble pensar que es esta frase la que retuvieron Freud y Abraham y la citan continuamente para darse el uno al otro coraje de seguir en el psicoanálisis. Claramente algo en la carne del psicoanálisis se había alterado, es lo que hay que aguantar, y estamos en la posición de ‘come tu Dasein’, estamos obligados a comernos las consecuencias del acto de Freud. El objeto a está en el nivel de aguantar las consecuencias, y por supuesto hay algo ridículo en esto de un hombre que alienta al otro a comerse su Dasein, pero aquí estamos, y justo en el punto en que vamos a terminar este horrible almuerzo”.

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Nuestros tiempos entonces, quizá abren otra dimensión. Tal vez este “CC” tenga ahora una doble, una triple vida, y quizá no solo designe el momento en que alguien tiene que franquear un obstáculo y su necesidad de llenarse de coraje, sino también el de un extraño consuelo ante la idea de que el horrible almuerzo esté a punto de acabarse.

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Un matiz sobre el coraje

Recibo un mensaje de otro lúcido partenaire, de esos que solo te pueden dar el psicoanálisis, la música, el buen encuentro. Se trata de una foto de un fragmento de un Seminario de Lacan –lo reconozco por la tipografía-, que va acompañada por un pie añadido por él. Percibo su finísima ironía: “Matiz sobre el coraje”.

Reconozco en la captura no sólo la tipografía de Paidós sino también las habituales líneas firmes de mi amigo, su particular nomenclatura al subrayar. Flechas que van en diferentes sentidos, especies de emoticonos dibujados con lápiz. También como suele proceder al enviar estos recortes, se guarda la referencia para él.

No tengo ganas de transcribir las palabras que leo, trasladarlas al recuadro en blanco de Google para obtener su localización en la cartografía lacaniana. Entonces le pregunto y me la da inmediatamente: página 221, Seminario 16. Como mi reacción es de sutil enfado, tardo un poco en leer con detenimiento la cita, e incluso en ir a dar con su ubicación. Me gustaba la historia de “¡Coraggio Casimiro!”. Abro unos días después el libro y estallo en risas cuando veo que la clase en la que está ubicada ha sido titulada por Miller: 39 de fiebre. Lacan además de en un estado febril por una gripe de Hong Kong, está furioso. Está furioso por perder el tiempo leyendo textos de pésimo gusto.

Más adelante aborda la situación post-mayo del 68. Señala el peligro de “precipitarse contra los bedeles musculosos”[4] elevando la bandera del coraje. Lacan dice: “En esta oportunidad precipitarse contra los obstáculos que se les presentan es exactamente actuar como el toro”[5], y es por ello por lo que antes ha dicho que ese coraje en específico carece de interés. “Se trataría justamente de pasar más allá de donde hay obstáculos. En todo caso, no interesarse especialmente en los obstáculos”[6].

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Podríamos decir que en el momento de ese “matiz sobre el coraje” se trata de aquello que, del Oráculo manual y el arte de la prudencia de Baltasar Gracián, ha incidido en el posicionamiento de Lacan, con respecto a los eventos que afectan en ese momento a la Universidad. “Eso no es lo mismo que lo que sucede ahora”, murmuro con el Seminario delante.

Se trata de una indicación que esboza una línea en relación con la política que podemos ver también magníficamente recogida por Jacques-Alain Miller en Vida de Lacan, en la que el tema de fondo es el de la inteligencia frente a los obstáculos: “Un adagio clásico expresa muy bien de qué se trata: Uti foro, que quiere decir: tomar el mercado tal como es; hacer lo mejor con lo que hay. En lugar de estrellarse contra la masa de los prejuicios del Otro, más vale tenerlo en cuenta y rodear el obstáculo para alcanzar sus fines. La astucia es necesaria para quien ha tomado la medida de sus fuerzas y de las del Otro, y no se rebaja a ladrar contra el Cielo”[7].

Para ambas indicaciones tomaría un elemento de la frase misma de Lacan que recibí como interpretación, la de la captura de la página 221 del Seminario 16, un elemento con el que abre la idea, y que es un elemento temporal; y es ese “en esta oportunidad”. Ese elemento lo podemos tomar como herramienta para trazar una línea, traducirlo por “en esta oportunidad -la específica de la situación de la que allí se trata- mejor la inteligencia que el coraje”, o quizá, “mejor la astucia que ladrar contra el Cielo”.

Es por ello por lo que habría que aplicar un matiz al matiz sobre el coraje.

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Un matiz al matiz sobre el coraje

 Retomando la primera parte del texto sobre Coraggio Casimiro, que originalmente publiqué en mi muro de Facebook antes de que comenzara la desescalada del confinamiento en España, y que me fue solicitada para publicar en inglés por Florencia Shanahan para la Lacanian Review Online, y ahora para Zadig-España; retomando esa primera parte, entiendo que ese antídoto significante respondía a una cierta constatación de la extensión de una atmósfera dominada por un sol negro, en plena entrada de la primavera. El cansancio, la dificultad para seguir en el trazo de las prácticas inventivas, una gran derrota que toca directamente a la presencia, al abrazo de la reverberación de la voz.

Sin pretender generalizarlo se trataba para mí de inscribir la marca de la aflicción, del trance, por una serie de acontecimientos imposibles de reducir con la poética. Coraggio Casimiro era entonces, más allá del obstáculo, un sintagma para recoger el imposible, ante el cual, sin embargo, sería inútil quedarse completamente en silencio.

Entonces recordé otra carta. Escrita esta vez por Miller en el año 2001, en la que encontramos también el trasfondo de la furia, y en la que se trata de otra versión, para Lacan, del coraje.

“Cuando le preguntaba a Lacan sobre el afecto, me remitía a las Tusculanas [es de total actualidad leer hoy a Cicerón]. La depresión, decía, al igual que los maestros antiguos, es una cobardía moral. El coraje cura la depresión, y no hay píldora para el coraje. Un poco de aguardiente, quizá, si no hay más remedio. Pero el coraje moral no consistía a su entender en hacer carrera de carne de cañón, ni en considerar su mal con paciencia, poner al mal tiempo buena cara, prescindir de lo superfluo, vivir en conformidad con la naturaleza, disfrutar del momento, no tomar los deseos por realidades, cambiar los deseos antes que el orden del mundo, establecer siempre lo universal en su conducta, y otros principios de filosofía antigua y moderna; el coraje, según Lacan, era no faltar al deber de descifrar el inconsciente del que se es sujeto”[8].

He estado dando vueltas a la propuesta de reproducir estas líneas en el espacio virtual de Zadig. No me pasó lo mismo con la propuesta de publicar en inglés. Me parecía un alegre distanciamiento. Sin embargo, ¿por qué no habría de publicarlas? ¿Por qué no tomar como indicación, lo que sigue en esa carta, lo que sigue en esta cita?

“Lee Séneca, sí, dejando a un lado todo lo demás como recomiendan para tu salud nuestras grandes revistas –representantes del bien público, protectoras de nuestra calidad de vida-, que son la oración semanal del filósofo. Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft[9].

Creo que ahí reside la resonancia que comporta esta cantinela en tiempos difíciles. En un más allá de los enunciados contrapuestos, de la anécdota: el coraje de la enunciación.

De esta forma vuelve el estar obligados a comernos las consecuencias del acto de Freud, cifrado en ese Coraggio Casimiro.

* Socio de la sede de Barcelona de la ELP

 

Fotografía seleccionada por el autor. (Un fragmento de la carta original de K. Abraham en al que se menciona El Coraggio Cassimiro)

 

 

[1] A Psycho-Analytic Dialogue: “The Letters of Sigmund Freud and Karl Abraham 1907-1926”. Eds Hilda C. Abraham and Ernst L. Freud, Basic Books, New York, 1965, p. 146.

[2] Se trata de la imagen con la que acompañamos el texto, encontrada en internet.

[3] Miller, Jacques-Alain. Conferencias Porteñas 3. Paidós, Buenos Aires, 2010, p.71.

[4] Lacan, Jacques. El Seminario, libro 16, De un otro al otro. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 221.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Miller, Jacques-Alain. Vida de Lacan. Gredos, Barcelona, 2011, p. 60.

[8] Miller, Jacques-Alain. Carta clara como el día por los veinte años de la muerte de Jacques Lacan. ELP, Barcelona, 2001, p. 8.

[9] Ibid.

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