CORONAVIRUS: “El Malestar en la cultura y la insoportable levedad del cuerpo ausente”

El Malestar en la cultura y la insoportable levedad del cuerpo ausente

 

Avi Rybnicki*

 

Se ha escrito mucho en la Escuela en las últimas semanas en relación con el extraño fenómeno de esta epidemia, en un intento de formular algo al respecto; nos ha planteado desafíos para todos y cada uno de nosotros, tanto en nuestra vida privada como en nuestra posición como analistas. Sin embargo, por mi parte, me he sentido incapaz de formular algo que pudiera contener algún pensamiento, idea o enunciación coherente. Finalmente, el encuentro con un fenómeno tocó mi cuerpo y me hizo actuar. Sobre esto me gustaría hablar brevemente.

En algún momento de esta crisis transferí a la mayoría de mis pacientes, que aún estaban dispuestos a asistir en persona, de sesiones presenciales a atención telefónica, aunque no a todos. Las razones de esto fueron varias, pero no voy a elaborarlas aquí. Me decanté por el teléfono y no el ZOOM porque así podía estar más cerca del cuerpo y escuchar.

Como ya otros han escrito, esto conlleva ciertas dificultades que requieren que el analista emplee su capacidad de invención, lo que a veces también crea algunos efectos analíticos sorprendentes e interesantes.

Hace unos días, un analizante me dijo: “Es más fácil para mí hablar en análisis por teléfono que en la clínica con usted presente. Puedo atreverme a decir cosas que a veces me abstengo de decir en presencia”. En ese momento comprendí que había un problema: ¡es demasiado fácil! Elude algo de lo real, que Freud ya percibió y por ello abandonó la hipnosis.

J.-A. Miller responde a la pregunta de Eric Favereau sobre la importancia del diván: “El [diván] encarna la siguiente paradoja: tienes que llevar tu cuerpo a la sesión, y al mismo tiempo, debes despojarlo. El diván es una máquina, una multiguillotina, que amputa al cuerpo de su motricidad, su capacidad de actuar, su estatura erecta, su visibilidad. Él materializa el cuerpo abandonado, el cuerpo roto, el cuerpo abatido. Acostarse en el diván es volverse puro hablante, mientras se experimenta a sí mismo como un cuerpo parasitado por la palabra, pobre cuerpo enfermo de la enfermedad del habla”. [1]

Verdaderamente no dudo de la indispensabilidad de la presencia del cuerpo tanto del analizante como del analista. Así mismo, el aparato electrónico puede ser conveniente para el analista; permite reducir su presencia corporal o ahorrarse el esfuerzo de viajar, como en mi caso, ya que trabajo una vez al mes durante varios días en Viena.

Aunque la mayor parte del tiempo se me hacía pesada la ausencia del cuerpo, la declaración de mi analizante, junto con varias señales de otros analizantes, me hizo despertar y sugerir que aquellos que estuvieran dispuestos a reanudar las sesiones presenciales podían hacerlo bajo el requisito de mantener las medidas preventivas, y por supuesto, la mayoría accedió de buena gana.

Al mismo tiempo he de decir que, el reconocimiento de la necesidad de la presencia física de las dos partes de la sesión analítica no se deriva de un comportamiento preciso y establecido de antemano en una situación concreta, si no queremos caer en el imaginario entumecido de la Norma.

Florencia Shanahan escribe valientemente en un texto breve del 12 de abril de 2020, que muy inteligente titula “Modos de la Presencia”: “¿Podría haber seguido en la vida si él [el analista] no me hubiese atendido por teléfono todos los días cuando mi madre y mi hermano murieron repentinamente? No lo sé. ¿Podría haber ido al encuentro del buen agujero si él no me hubiera recibido diariamente por Skype, sosteniendo la mirada en la pantalla, diariamente por más de un mes, durante la travesía por la angustia más radical en el tiempo de la destitución subjetiva que dio paso el final? No lo creo”. [2]

Por otra parte, en la entrevista citada anteriormente, Miller afirma que el objeto del psicoanálisis no es el diván, sino el analista. “Un objeto muy particular, que le permite a otra persona experimentarse a sí mismo, como sujeto, como hablante sin saber lo que quiere, ni lo que dice, o incluso a quién lo dice”.

En mi opinión, esto nos muestra que no existe una única respuesta en cuanto a la presencia del analista, y en concreto, a su presencia física.

* Miembro de la AMP (NLS)

 

Traducido por: Amparo Tomás

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: http://www.thelacanianreviews.com/civilization-and-its-discontents-and-the-unbearable-lightness-of-the-absent-body/

 

Referencias:

1. Entrevista realizada por Eric Favereau. Le divan. XX1 e siècle. Le divan. XX1 e siècle. Demain la mondialisation des divans? Vers le corps portable. Por Jacques-Alain Miller. 3 de julio de 1999 a las 23:51. [Disponible en una traducción no oficial al inglés here]

[En español: https://nelguayaquil.org/2020/04/13/entrevista-a-jacques-alain-miller-y-cuanto-mas-se-vuelva-comun-la-presencia-virtual-mas-preciosa-sera-la-presencia-real/.

Traducción de Jaime Castro, no revisada por los participantes, de la publicación en francés:

https://www.liberation.fr/amphtml/cahier-special/1999/07/03/le-divan-xx1-e-siecle-demain-la-mondialisation-des-divans-vers-le-corps-portable-par-jacques-alain-m_278498?__twitter_impression=true]

 

2. Florencia F.C. Shanahan: Modes of Presence. Lacanian Review online. COVID-19 / 2020 #50. April 12th, 2020. Available online.

[En español: https://zadigespana.com/2020/04/11/coronavirus-modos-de-la-presencia/%5D

 

 

 

 

 

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