CORONAVIRUS: “La tempestad de Shakespeare y la nuestra”

                                La tempestad de Shakespeare y la nuestra

 

“… no hay sino lo que es actual” J. Lacan.

 

María de los Ángeles Morana P.*

 

 

Shakespeare en 1611 escribe “La Tempestad”, en ese lugar desapacible que fue Inglaterra durante las disputas entre católicos y protestantes, tras décadas de guerra por el control de los mares, consignadas en los relatos sobre piratas y corsarios[1]. En 1604, se firmó la llamada Pax Hispánica, acuerdo que puso fin a las incursiones de ingleses y holandeses hacia el sureste español.

El dramaturgo, un erudito en la navegación que nunca se embarcó, profundo navegante del alma humana, muestra a los marineros sorprendidos por ese universo de espanto que brota de las entrañas del océano. Un genio al servicio del protagonista puso a rugir las olas y la implacable ley de la naturaleza, bajo sus órdenes, lleva la nave a zozobrar.

Ese  real de la naturaleza con sus leyes precisas, desarreglado ahora por los nuevos reales de los que testimonia el discurso de la civilización hipermoderna[2]; ya no es lo que era. En tiempos del submarino atómico, al caer el velo de los semblantes, palpamos que detrás no hay nada[3]. Resuena hoy la afirmación de Lacan en 1974, acerca de que bajo el discurso de la ciencia, fortalecidas las bacterias, podrían colarse debajo de las puertas barriendo al ser hablante[4].

El SARS-CoV2 rompe la escena del mundo como el perro que Fausto[5], tras vagar a su alrededor entre el rastrojo, trae a casa ignorando cuándo saldrá de él, el monstruo. ¿Cuándo para nosotros anidará en el propio cuerpo o en de los allegados “aquél ser que te oprime el pecho con todo su peso opaco”[6]? Tiempo indeterminado, acompañado “por un goce que aplasta”, transformando la realidad (sueño que compartimos juntos) en pesadilla. Son los imprevisibles efectos que tiene, según el enemigo que habita en cada uno, la pandemia “mueca terrible de lo real que, sin una palabra, nos salta a la yugular”[7]. ¿Qué representa esto para el yo en su ilusión de dueño de la casa?, ¿cómo despierta la vulnerabilidad?, ¿de qué modo resuena en la forma de gozar de cada uno aquello imposible de soportar? lo que “se pone en cruz ante la carreta”, estorbando su andar, “lo que anda mal”[8], lo real sin ley en Lacan. Para el que la elucubración fantasmática suele resultar insuficiente.

El virus por su parte, sigue la ley de la naturaleza, la que “es preciso descifrar para hacerle frente”[9]. Es un real ingobernable de momento, ante el que la ciencia es requerida a producir las fórmulas de un saber escrito en el silencio “para el que no hay apelación, nos guste o no”[10]Desconocemos aún sus fuentes, como desconocemos los efectos del tráfico ilegal de especies salvajes y de su brutal cautiverio para el comercio; aunque investigadores de distintos países vinculan la producción agroindustrial desenfrenada, la destrucción de la naturaleza y de la biodiversidad, con condiciones propicias a la emergencia de nuevas enfermedades y nuevos virus[11].

El saber en lo real hace objeción al discurso omnipotente de la ciencia, revela su agujero, el punto en el cual se oscurece, y el hablante-ser lacaniano, que “se mueve, hierve, infecta”[12], desorientado desde la revolución industrial con su innovación acelerada, con el ascenso al cénit social del objeto a y la producción del plus de gozar, cuya dictadura “devasta la naturaleza y modifica los cuerpos”, como dijo J.-A. Miller en Comandatuba, está hoy paradójicamente sin brújula, desamparado, a pesar de haber desarrollado tantas. Las brújulas que usábamos no nos sirven para esta tempestad y “sus salvajes olas”[13]. Habrá que inventar otras.

La pandemía, palabra procedente del griego antiguo, pan (todo) y démos (pueblo) se extiende y todos nos hallamos al alcance de su mano. Así, “Estamos tragados por la ola antes de poder verla”[14]. Vino a evidenciar las deficiencias en los sistemas de salud de muchos países, la falta de respiradores, equipos y médicos formados para afrontar la emergencia[15].

En 1927, Chesterton advertía: podemos pagar muy caro el lujo en que vivimos; pagarlo con la pérdida de la libertad[16]. Ahora es preciso acoger las restricciones a la libertad social e individual, a menos que nos arrastre el propio empuje de la pulsión de muerte.

Años después, Lacan denuncia: la vida toda reducida por fin, a la infección que es[17]. Ante este real propone: “hacerle la contra”. Es pues preciso “desplazar el psicoanálisis a toda velocidad”, dice Miller[18]. Ocasión privilegiada para interrogar qué nos empuja a veces, a estandarizar nuestra práctica, llevándola al confort de la rutina, a olvidar lo que señaló Freud en 1910, acerca de que la técnica analítica se transforma de acuerdo a lo que requiere cada caso. Ocasión para “hacerle la contra” a estos desconocidos relámpagos que nos hieren de espanto; no producidos por un genio, sino por “ese gran creador de preocupación”[19], el hombre. Hacer de ellos causa de otras construcciones, en las que sea posible valernos del proximus, el primero o el último, para vivir lo insoportable juntos. Aprovechar que la palabra vuela, acercando distancias, la modelamos, modulamos y hemos sido moldeados por ella. Palabras mensajeras de un deseo que no está confinado en cuarentena. Por cuya vía encontremos una carta de navegación para el momento.

* Asociada a la NEL.

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

 

 

[1] Kermode, F. El tiempo de Shakespeare. Ed. Debate, junio 16 de 2016. 240 págs.

[2] Miller, J.- A. Conferencia en Comandatuba. “Una fantasía”.2012.congresoamp.com/es/template.  php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en- Comandatuba.html

[3] Miller, J.-A. De la naturaleza de los semblantes. Paidós, Buenos Aires, 2002, p.88.

[4] Lacan, J. “La tercera”www.valas.fr>IMG>pdf>JLACAN_La_Tercera.pdf, p.87.

[5] Goethe, J.W. Fausto. http://www.biblioteca.org.ar.libros/8141.pdf

[6] Lacan, J. El Seminario. Libro 10. La angustia (1962-1963). Paidós, Bs., As, 2006, p.73.

[7] Wilkin, S.“Del coronavirus: efracción y difracción de lo real”. Lacan Quotidien No 874. 19/03/2020.

[8] Lacan, J. “La tercera”. Ibid

[9] Bassols, M. La ley de la naturaleza y lo real sin ley. 20-03-2020.miquelbassols.blogspot.com

[10] Miller, J.-A., Laurent, E. El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós, Bs. As., 2005, cit. p.250.

[11] Aranda, D. “La dimensión ecológica de las pandemias”.www.pagina12.com.ar.30-03-2020.

[12] Miller, J.-A. “Una fantasía”  Ibid.

[13] Shakespeare, W. La Tempestad. Obras Completas. T. II. Aguilar, México, 1991, p.981

[14] Brousse, M.-H. “El tiempo del virus”. En: Psicoanálisis Lacaniano<comment-reply.wordpress.com>25-03-2020.

[15] Goldschmidt, P. “La gente y los microbios: seres invisibles con los que convivimos y nos   enferman”.amazon.com/-/es/Pablo- Goldschmidt/dp/987443435X

[16] Chesterton, G. K. Los límites de la cordura: el distributismo y la cuestión social. El Buey Mudo, Madrid, 2010, p. 95

[17] Lacan, J. “La tercera”. Ibid

[18] Miller, J.-A. Ibid.

[19] Lacan, J. La angustia, op., cit.p.90.

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