Pin, luego existo

 

Pin, luego existo

 

José R. Ubieto*

 

Hombres blancos, solteros y conservadores, con bajo nivel educativo y significativamente “cabreados” (Kimmel). Este grupo constituyen el 91% de los votantes de Trump y un alto porcentaje de los que votan a Johnson, Salvini o Vox. Varones que han perdido privilegios, en muchos casos trabajo, y se sienten por ello humillados y ninguneados en una época donde ellas se hacen oír. El declive de lo viril, presente hace varias décadas, va parejo al declive de la autoridad paterna, especialmente de la fórmula del patriarcado.

Es hora pues -piensan algunos- de reconquistar ese lugar perdido. Nada mejor para ello que difundir fakes que apunten a esos temores de pérdida para   generar sentimientos colectivos de protesta. En los cuerpos de muchos de esos varones, y también de algunas mujeres, resuena con angustia la inquietud por los cambios y para ellos/as la propuesta de Vox del pin parental suena a refugio.

Propuesta fake, ella misma, ya que equipara la escuela a una plataforma televisiva de pago, donde tienes tu código de acceso y tu veto particular. Una distopia, especie de EDUFLIX, que promete proteger la inocencia de lo que llaman “la ideología de género”, que no es otra cosa que la sexualidad humana. Sólo caben dos razones: el profundo rechazo a lo femenino -y a la alteridad que supone- y el enmascaramiento de otros verdaderos problemas de la educación como son la falta de inversiones y las desigualdades sociales que reproduce.

¿Alguien cree de verdad que ese Pin Parental velará lo real del sexo, eso que insiste de una y otra manera en nuestras vidas? Los datos de la iniciación sexual –vía el porno- de los adolescentes no parecen darles la razón. Además, la diversidad sexual es un hecho de estructura, algo profundamente humano que responde a la inexistencia de La Verdad sobre las relaciones sexuales. En ese vacío inventamos respuestas diversas, como siempre hemos hecho.

Los hijos son hijos del deseo de sus padres y madres, sin duda, pero también de su época. Desde la Convención de los Derechos del Niño (ONU, 1.989) el niño dejó de ser considerado como un objeto de protección, para convertirse en un sujeto titular de derechos. Y el primer deber paterno es educarlos para un mundo complejo y diverso, donde puedan tener criterio propio. Lo otro es pura y simplemente adoctrinamiento, tarea un tanto inútil en la era digital donde las resonancias atraviesan fronteras.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Publlicado en https://www.lavanguardia.com/vida/20200123/473081978401/pin-luego-existo.html

 

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