Época y psicoanálisis. Un punto de partida

Época y psicoanálisis. Un punto de partida

 

Aníbal Leserre*

 

Ubicar al neoliberalismo como la fuerza que se expande y determina las coordenadas de la época, cada vez es, menos novedoso. Valga como ejemplo la mención cada día más sostenida en los medios de difusión. Uno de los trasfondos de esta presencia, a nuestro entender, es el debate sobre la aceptación o rechazo a considerarlo como el emergente del fin de la historia. ¿Es la “nueva razón del mundo”, el único mundo posible? Un debate que no solo se da en el plano de las ideas, se da en las calles y se expande en conflictos de una densidad cada vez mayor; solo por ubicar algunos, piense el lector en Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador –y limitamos nuestras referencias a una región, podríamos seguir a lo largo y ancho del mundo– en donde las manifestaciones inerciales de políticas neoliberales nos presentan la disyuntiva de cerrar los ojos o tomar posición, ya no queda como opción ni la nostalgia ni la neutralidad.

 La inercia llega al psicoanálisis

Ante la cual orientarse con la “Política lacaniana”, es decir en el esfuerzo de elevar algunos acontecimientos a principios lógicos, es decir, aquello que funda y fundamenta una acción. Principios, herramientas válidas, no solo de comprensión sino también de acción. En esta línea, es muy operativa la distinción realizada por J-A Miller de tres ejes sobre el sustantivo “política”. El primero sería la política en general, por ejemplo, las opiniones de Lacan, sus matemas y sus discursos, que son del registro de la política en general. Es imposible dejarla de lado, en tanto el psicoanálisis como práctica es sincrónico con la época. El segundo implica “la rúbrica de la política en el psicoanálisis”, la posición de Lacan frente a la organización creada por Freud; aquí es fundamental extraer las consecuencias de cómo Lacan pensó su idea de Escuela, es decir, ubicar al grupo al agrupamiento más allá de la “psicología de masas” precisada por Freud. Y fundamentalmente, la importancia del discurso analítico para ubicar al vínculo social más allá de las identificaciones, en este caso, las que genera el mercado como imperativo que vale para todos, ya que no se presenta como el mejor de los mundos posibles sino como el único: el Dios mercado. Tercero, la política de la cura que designa no solo la conclusión de la cura sino también los objetivos de la formación de los analistas. El desafío, es doble, por un lado, mantener abierta la puerta analítica a los sujetos contemporáneos que sufren la anestesia del neoliberalismo, y en íntima relación interpretar y tomar partido ante sus efectos sobre la vida, la democracia y el futuro.

 Una pregunta muy actual de Lacan

En su texto “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”, sostiene que el concepto de Trieb se opone a cualquier tipo de explotación tecnocrática, ni como recurso a una técnica, ni tampoco por la categoría que forman los técnicos neoliberales, en tanto implica un ejercicio de poder desde una posición de amo (S1). Allí ubica una pregunta absolutamente vigente en lo contemporáneo: “…se dirige hacia una socialización que no podrá evitar ni el eugenismo, ni la segregación política de la anomalía.” La figura del analista tiende a ser arrastrada por el discurso de la ciencia hacia el eugenismo, es decir, al servicio de mejorar la especie humana, por un lado, y por otro, es llamado a ser agente de un discurso segregativo, política de la anomalía derivada de la generalización del discurso neoliberal. El psicoanálisis no podrá evitar estos hechos, pero seguramente no debe convertirse ni en su agente ni en su portavoz.

 El analista ciudadano

La posición que nos enseña Lacan se puede ubicar en lo que sostiene Eric Laurent al presentar al analista ciudadano para situarnos en el campo de lo social, no solo interpretando, leyendo las coordenadas que atraviesan la vida en sociedad, sino siguiendo la propuesta de J.A. Miller con una “acción lacaniana”. Por supuesto que hay que particularizar, ya que, por ejemplo, implica las maneras de incluir el saber de un análisis en diferentes instituciones, hospitales, centros de salud, escuelas, etc., pero se trata de hacer existir el psicoanálisis con responsabilidad ya que hoy el lugar de lo comunitario tiende a desaparecer a la luz del discurso neoliberal, su único mundo posible y sus estructuras disciplinarias. La fórmula de Eric Laurent del “Analista ciudadano” se enmarca en la teoría moderna de la democracia. Pero qué mejor que citarlo: “Los analistas han de entender que hay una comunidad de intereses entre el discurso analítico y la democracia, ¡pero entenderlo de verdad! Hay que pasar del analista encerrado en su reserva, critico, a un analista que participa, un analista sensible a las formas de segregación, un analista capaz de entender cuál fue su función y cuál le corresponde ahora”1. Es enfático y claro, y agrega en su texto que el analista no ha de ser de ninguna manera un analista borrado. Que debe participar con su «decir silencioso” que es distinto del silencio, diría de la neutralidad, del reaseguro del refugio en el consultorio o en la institución analítica. Todo lo contrario, este “decir silencioso” implica tomar partido de manera activa ante las pasiones imaginarias, ante las identificaciones que permiten el desencadenamiento de las pasiones narcisistas. A mantener la articulación entre normas y particularidades, más allá de estas pasiones narcisistas de la diferencias, sin pensar que es el único y actuar con otros para impedir que, en nombre de una universalidad, por ejemplo como el Neoliberalismo, se olvide lo particular, la particularidad de cada uno; pero también recordar que no se trata tampoco de sustraerle a uno su particularidad no solo por un universal, sino también por alguna razón humanista. Entonces, diría que el analista ciudadano tiene en claro el deseo del analista haciendo existir el psicoanálisis en lo social, trasmitiendo el interés que tiene para todos la particularidad de cada uno. Cito: “No se trata de limitarse a cultivar, a recordar la particularidad, sino de transformarla en algo útil, en un instrumento para todos.”2. A mi entender, el analista ciudadano articula la posición de Lacan frente a los acontecimientos de época, que fue la de no ceder ante los embates que cuestionaban los principios mismos del psicoanálisis, participar activamente en los debates contemporáneos, por ejemplo, el debate democrático en el campo de la cultura, sosteniendo la posición de extimidad del psicoanálisis, y su lugar en cuanto a los lazos sociales. Extimidad que ubica el lugar del discurso amo en la sociedad junto a su revés, el discurso analítico. Hoy nos encontramos que el discurso neoliberal viene ubicándose en el domino del discurso amo lo cual trae aparejado cómo ubicar la característica del discurso capitalista, cerrado y circular, sin reverso. Por lo tanto, no solo se presenta la cuestión de qué lugar para el discurso analítico, sino también la exclusión del mismo para el desarrollo neoliberal, en tanto en su unión al discurso científico-técnico en su influencia sobre la subjetividad tiende a anular la existencia misma del psicoanálisis.

Toma relieve la pregunta leninista: ¿qué hacer? Por un lado, el apoyo pleno al sistema democrático en tanto sostiene derechos y la libertad de la palabra. Y por otro, pero en íntima conexión, no refugiarnos en los argumentos de neutralidad, cuestión que no nos obliga a tomar una posición partidista, sino a sostener el deseo del analista. El deseo del analista, en tanto concepto, excede a su dominio de función en el marco de la cura y se ubica plenamente en relación con los discursos que pluralizan lo social como marco simbólico. Se trata de ubicarnos bajo las relaciones de dominio que implican el entramado de lo social. Hoy podemos pensar al neoliberalismo en el lugar del discurso amo (S1) sosteniendo “Soy lo único” con sus efectos de dominación o captura de los sujetos que, al mismo tiempo, ordena al conjunto de los significantes (S2). Una razón más para apoyar la democracia en tanto, “El discurso de la democracia difunde S (/A). No hay significante último, solo hay un lugar en el cual vienen a inscribirse los significantes que nos permiten orientarnos y los valores que ocultan el agujero consistente en que no hay valor final.”3.

Bajo qué términos pensar la época

Doy al Neoliberalismo el signo y lugar principal para situarnos en la contemporaneidad. Se puede argumentar que quizás sea un poco paranoico o reduccionista pensarlo así, que todo lo que sucede en el mundo se debe al neoliberalismo y que este es generador absoluto de la diversidad que nos atraviesa. Ante tal argumento sostengo que más bien el neoliberalismo toma todo para sus fines y lo que no sirve o se opone a su desarrollo no solo lo deja de lado, sino que trata de suprimirlo. Y esta diversidad que nos atraviesa es difícil agruparla bajo un solo término, por ejemplo, encontramos análisis que ponen su peso en la velocidad, la fugacidad acompañada de la fragmentación y el aislamiento correlativo de la depresión que según la OMS pronto será la causa principal de la discapacidad en el mundo. Otros ponen el énfasis el valor de la imagen, en lo instantáneo. O se destaca, el empresario de sí, autorreferencial, el emprendedor, el ciudadano consumidor. O en términos más generales como la globalización, la flexibilidad, la desregulación, la sociedad del espectáculo, etc. Pero también los cambios que apuntan al marco simbólico, para poner un ejemplo el pasar de la palabra pueblo a la de gente, esto tiene una dimensión política, generar el “olvido” de categorías políticas e ideológicas, bajo la idea de antiguas, sin embargo, lo que se esconde es el proceso de borrar la memoria. Bien, lo que acabo de nombrar en esta lista que no es exhaustiva nos señala un aspecto de dificultad para interpretar la época. Otro aspecto es que a veces la generalización nos hace perder de vista lo cercano; me explico: es simplemente pensar que cuando caracterizamos la época con un término o un concepto, hay que luego ubicarlo en las coordenadas de una región, de un país, de una ciudad y si seguimos reduciendo el entorno en el cual practicamos y sobre el cual tratamos de incidir con nuestra acción. Esto que aquí señalo como una problemática y una inquietud nos lleva a decir que siempre debemos tener en cuenta lo que Lacan llamó el elemento pequeño “c” junto a las condiciones de posibilidad.

Dichas estas aclaraciones y diciendo entonces el carácter parcial de lo que expongo, pensemos algunas coordenadas de época de la oscura complejidad de nuestra época. Si tomamos la matriz del mercado, las cosas no son consideradas desde el punto de vista de su utilidad concreta, sino de su valor de intercambio. Es decir, hay que leer que el aspecto concreto de las cosas se subordina a la abstracción y en este sentido la abstracción genera consecuencias destructivas, ya que el sujeto cae o está impulsado por signos vacíos y abstractos que impactan en la dimensión de vida, en lo afectivo, en lo sensible, en las elecciones, etc. Es lo que varios autores ubican bajo la idea de servidumbre voluntaria, no solo en lo imaginario, sino en lo simbólico, ya que penetra en el lenguaje y alcanza el núcleo del individuo. El individuo es hablado por las configuraciones neoliberales, y esto nos posibilita situar un punto fundamental a través de la siguiente pregunta: ¿alcanza al núcleo del sujeto, tal como lo conceptualizamos desde el psicoanálisis? Esta me parece una de las preguntas fundamentales para ubicar nuestra interpretación sobre la época, sobre el malestar.

Precisar el alcance de la nueva producción de subjetividad asociada y gestada por el neoliberalismo

Como sostiene Forster “…la industria de la cultura y la sociedad del espectáculo el individuo contemporáneo se desliza por un mundo construido desde los circuitos de la ficción y la artificialidad. (…) Cuestiones que ponen en juego el sentido común de época.”4. Época que acrecienta la relación entre el objeto nada y la mercancía, ya que la búsqueda por alcanzar la satisfacción a través del consumo a través de objetos que aparecen como la panacea de la felicidad, aplazando una y otra vez la satisfacción. Y que se correlaciona a la estructura de insatisfacción del deseo. Es el ciudadano consumidor-consumido el individuo que caracteriza la época, que da el clima de época.

*Psicoanalista, miembro de AMP (EOL)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Publicado en http://lalibertaddepluma.org/anibal-leserre-epoca-y-psicoanalisis-un-punto-de-partida/

Notas:

Eric Laurent. Psicoanálisis y salud mental, Ed. Tres Haches, Buenos Aires, 2000.

Ibid.

Miller, J-A., Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires,

Forster, R., La sociedad invernadero. Ed. Akal /Inter Pares, Buenos Aires, 2019.

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