Verde, el color de la esperanza

Verde, el color de la esperanza

 

Marta Maside Docampo*

 

A partir de 1980, el ser humano comenzó a consumir por encima de la capacidad del planeta para generar recursos[i]. Inmerso en la lógica capitalista, cada vez más salvaje, el ritmo no ha parado de aumentar desde entonces[ii]. Hasta el punto de que nuestros jóvenes, aquellos que ven su futuro en riesgo, están comenzando a unirse frente la amenaza de una catástrofe ecológica (Greta Thumberg, Extinction Rebellion, etc). Es decir, aquellos que tienen que enfrentarse al retorno de la castración en lo real de manera más directa. Y que conste que, a la que aquí escribe, le gustaría tener nietos.

Si lo pensamos desde la lógica del psicoanálisis, la castración es un real porque señala la falta, la imposibilidad. E ignorarlo tiene consecuencias. Lo único que asegura la política del avestruz es que nos ponemos a tiro para recibir una patada en el trasero. La castración, este término un poco inquietante para quien no está familiarizado con la jerga psicoanalítica, viene a significar que el lenguaje no lo puede todo ni lo abarca todo, que no todo se puede decir, ni cifrar, ni saber, que el ser humano es mortal, que se equivoca, que existe el malentendido. Que el lazo con los otros está, por ello, muy lejos de estar garantizado, y que depende constantemente de nuestro esfuerzo de invención. Una perspectiva a tener muy en cuenta, me parece, frente a la elecciones europeas de este domingo. Si la globalización es un hecho imparable, hay que encontrar el modo de hacerla habitable: sueltos, somos aún más frágiles.

La economía humana se ha basado durante las últimas décadas en ignorar la castración. ¡Cuánta felicidad! Pero todo aquello que ex-siste ocupa un espacio, y si no se le hace lugar, lo encontrará por su cuenta -como nos enseñó el principio de Arquímedes-; posiblemente, por eso se interesó Lacan también en la topología, en el último tramo de su enseñanza. Si la economía no hace el viraje necesario hacia lo sostenible, descarrilará[iii]. La lógica capitalista, la de la producción de objetos de consumo ad infinitum, no tiene en cuenta, en su carrera acéfala, la castración, que toma la forma del agotamiento de la materia prima que sostiene a este pseudodiscurso (pseudo, porque para Lacan el discurso es el uso del lenguaje que hace lazo, y el capitalismo precisamente lo destruye, por estructura). Mientras los hay que ensayan con colonizar otros planetas o vencer a la muerte en nombre de la ciencia desde caros laboratorios[iv], un fenómeno meteorológico extremo podría barrerlos de un plumazo de la faz de la tierra; a ellos, al laboratorio, y a todos los demás. Esta carrera, de seguir siendo acéfala, estará conducida por la pulsión de muerte.

Quizá la sociedad del siglo XXI se vea obligada a renovarse o morir. A ser la sociedad de los sujetos responsables, uno por uno. Es preciso votar, leer, informarse acerca de aquellos que quieren representarnos en los parlamentos. Siempre cabe la esperanza de que la archinombrada política en femenino, que empieza a desplegarse en sus múltiples formas, sepa hacer para reintroducir la castración en el cálculo. Hasta ahora había permanecido demasiado silenciosa, tal vez. Lo femenino tiene el inconveniente, y también la virtud, de no estar representado por el lenguaje[v]. Como no hay término que represente a la mujer de manera unívoca -ni al hombre, pero la lógica masculina funciona de otro modo, en referencia al tener-, más allá de lo que cada una pueda inventar, las mujeres, una por una, saben desde hace mucho tiempo que hay que vérselas con la imposibilidad.

Así que eso, o igual nos caemos del planeta. Independientemente de la pensión que cobremos, si la cobramos.

*Psicoanalista de la AMP (ELP).

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

 

[i] https://elpais.com/diario/1980/03/06/sociedad/321145208_850215.html

https://elpais.com/diario/1984/11/12/sociedad/469062001_850215.html

[ii] https://elpais.com/elpais/2019/05/17/ideas/1558094638_164683.html?id_externo_rsoc=TW_CChttps://www.efeverde.com/noticias/1-agosto-humanidad-agota-recursos-naturales/

[iii] http://patrickgberry.com/finance/la-repeticion-en-las-crisis-bancarias/

[iv] https://www.huffpost.com/entry/living-forever-not-a-good_b_783958?guccounter=1

https://www.tendencias21.net/La-ciencia-esta-mas-cerca-que-nunca-de-vencer-a-la-muerte_a42718.html

[v] http://fcpol.org/iia-conferencias-internacionales-jacques-lacan/

2 respuestas a “Verde, el color de la esperanza

  1. Gracias por sus sensatas palabras. Con sencillez ha hablado como un oráculo a seguir. Necesitamos confiar en un pensamiento así o nos extinguiremps, y no me apetece, yo también quiero lo mejor para mis hijos, y, si puede ser, mis nietos. Solo hay que actuar en equipo, y sabemos hacerlo. Adelante!

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  2. Gracias por un texto tan interesante.
    Algo habrá que hacer, porque el riesgo al que nos enfrentamos es muy serio. La capacidad de autodestrucción era pensada hasta hace pocos años (quizá lo siga siendo) como guerra nuclear. Pero quizá no haya necesidad de guerras (ni catástrofes raras como el impacto de un gran meteorito o la emergencia de un virus letal) y baste con el progreso mismo, palabra que se ha convertido en mito que acoge lo que bien apuntas como pulsión de muerte en la ignorancia de la castración.
    Hace ya mucho tiempo que nuestro mundo es de plástico, el cambio climático es una evidencia que sólo Trump y mentes como las que defienden la tierra plana osan negar. Cada día se sintetizan más y más productos de química del carbono, cuyo potencial mutagénico / carcinogénico no da tiempo a ensayar.
    No es descartable que incluso acabemos siendo castrados en el sentido más literal, sea por la contaminación química, sea por la autonegación del sexo como parece que está ocurriendo en Japón.
    Podemos desaparecer como humanos (Homo sapiens si se prefiere) precisamente por el hecho de serlo, porque el progreso lo está siendo más en el orden de la muerte que en el de la vida.
    Un abrazo,
    Javier

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