Hacia el Foro de Roma: “El rechazo del exiliado pone en peligro lo íntimo”

El rechazo del exiliado pone en peligro lo íntimo

 

Alexandre Stevens*

 

En su librito Reconnaître le fascisme (Reconocer el fascismo) –extracto de Cinque scritti morali- Umberto Eco expone la gran variedad de lo que legítimamente puede ser colocado bajo ese vocablo característico de las dictaduras de extrema derecha. Ante el retorno “de una nebulosa de instintos oscuros y de pulsiones insondables” especifica una serie de características de las que “basta que una sola de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista”. Entre esos rasgos encontramos “el miedo a la diferencia” que está en el fundamento de todas las medidas tomadas contra los “intrusos” y “la obsesión del complot” de la que la más simple funda la xenofobia.

El rechazo a la recepción de los extranjeros, sean refugiados o simplemente exiliados, es así ya el signo de un peligro para nuestra sociedad. Lacan distingue el miedo que provoca lo desconocido, de la angustia, señal de peligro. El miedo que viven ciertas categorías de la población frente a la llegada de emigrantes debería en sí mismo ser pues generador de una angustia más fuerte que la de la coagulación que se produce a nuestros ojos ante a una posible “nebulosa fascista”.

De este modo, el gobierno belga ha dejado hace poco a uno de sus ministros devolver a solicitantes de asilo sudaneses a un país donde se practica la tortura. Como han denunciado en una carta abierta los hermanos Dardenne, realizadores de cine bien conocidos, hay “un principio que todo Estado de derecho debe respetar: no se puede repatriar demandantes de asilo de un Estado que practica la tortura”. El escándalo de esta decisión ha sido llevado hasta The Washington Post que presenta la decisión belga como extremada en el esfuerzo general europeo para deshacerse de los inmigrantes: “En la era del cierre de las fronteras, los líderes europeos están dispuestos, cada vez más, a llegar a límites extraordinarios para expulsar a las personas. Pero el esfuerzo belga de colaborar con el gobierno sudanés ha fracasado después de que dos hombres hayan alegado haber sido torturados tras ser enviados a casa, y el oficial jefe del departamento de inmigración belga involucrado está ahora enfrentándose a la presión de renunciar.”

Este gobierno que asocia liberales y nacionalistas flamencos, de los cuales algunos salen explícitamente de la extrema derecha, coquetea de este modo peligrosamente con los límites del Estado de derecho. Hay que subrayar, sin embargo, que en reacción a esta posición obscena del amo, vemos desarrollarse un importante movimiento de solidaridad en una parte de la población.

El miedo al extranjero es a menudo la consecuencia de una obsesión de la invasión por el otro, a veces independientemente de la presencia efectiva del extranjero en su tierra. La mundialización hace al otro más próximo. Por otra parte, Lacan predecía que “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”. (Otros Escritos. Proposición del 9 de octubre). Ahí estamos. Pero esta proximidad del otro es en primer lugar la del otro que somos nosotros mismos para nosotros. El espejo nos ha permitido constituir nuestra imagen en una alienación constitutiva.

Queriendo proyectar afuera al extranjero, ¿no es de una parte de nosotros mismos de la que queremos amputarnos? Ese lazo de lo íntimo y del otro está fracturado cuando el inmigrante es rechazado. En Bélgica, actualmente otro proyecto de ley está discutiéndose, el cual debería permitir la interpelación de una persona en residencia ilegal, en el lugar donde se aloja, sea su domicilio o el de aquel que lo aloja. Tal proyecto combate la solidaridad de los ciudadanos hacia los extranjeros. También ataca la intimidad de cada uno, siendo el domicilio considerado como inviolable.

Desde este punto de vista el proyecto de ley es, por otra parte, juzgado anticonstitucional por el sindicato de magistrados, ya que contradice el artículo 15 de la Constitución que estipula que el domicilio es inviolable –a excepción únicamente del procedimiento de perquirir enmarcada por la ley. Aquí también el respeto de los principios del Estado de derecho deja su lugar a los excesos del derecho del estado. El problema de la acogida de personas exiliadas se plantea en toda Europa actualmente, y a veces tenemos tendencia a acusar antes a ciertos países del este de la Unión Europea. Como se ve en estos ejemplos el problema se plantea del mismo modo al oeste. Bélgica ¿se convertirá en modelo de desarrollo del Ur-fascismo que denuncia Umberto Eco? Aún no. Pero, sus gobiernos se juegan el Estado de derecho con una indolencia peligrosa.

*Psicoanalista de la AMP (ECF)

Traducción: Elvira Tabernero

 

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