De Judíos y Catalanes

De Judíos y Catalanes

 

J. V. Marcabrú

 

“Los catalanes tienen la reputación de ser los Judíos de España, pero son Judíos sin chutzpah [insolencia, impertinencia]: se la han cepillado los Castellanos. En su lugar, tienen la pareja seny i rauxa, el buen sentido salpimentado con el delirio de grandeza. Por ejemplo Ramon Llull, santo de Catalunya, apodado en su tiempo (1232-1315) Arabicus Christianus, Gaudí, y Dalí.”

Jacques-Alain Miller, “Des hyperactifs, et autres typhons”.

Lacan Quotidien nº 479, 16/02/ 2015

 

¡Pero bueno! ¿De dónde viene ahora este paralelismo extraño, incluso preocupante? Ya escucho la voz de algunos amigos: — ¡No nos identifiquemos ahora con la víctima! Hacer de los catalanes el chivo expiatorio, el sacrificio ofrecido a los dioses oscuros, no es lo mejor para seguir este debate. — Y, sin embargo, es un tópico muy conocido: los catalanes, judíos de España. La razón viene de lejos y hay que seguir su entramado.

Quien ha estudiado su historia lo explica como la lenta construcción de un estereotipo que empieza muy pronto, con la llegada de los judíos a la península ibérica, hacia el primer siglo de nuestra era. Manuel Forcano, especialista en historia del judaísmo y filólogo de lenguas semíticas, desarrolla en su libro Los judíos catalanes la gran influencia de la cultura judía en Cataluña dentro del marco de la península ibérica, para acabar explicando las razones de este estereotipo:

“Una pretendida similitud de carácter o de personalidad entre los catalanes y los judíos ha hecho nacer el estereotipo que define a los catalanes como los judíos de España […]: industriosos, trabajadores, emprendedores, comerciantes, inteligentes, astutos, pacientes, sobrios, introvertidos, con espíritu de clan y extendidos por todas partes, así también como el tópico negativo de la avaricia y la usura […] Estos estereotipos que relacionan catalanes y judíos le deben mucho a la prensa franquista que tildó al catalanismo de contubernio judeo-masónico y que con frecuencia los definía de inspiración judaica, subrayando que en tierras catalanas, muy pobladas de judíos en la Edad Media, el edicto de expulsión de los Reyes Católicos [1492] había provocado más conversiones que no expulsiones, razón por la cual Cataluña se convirtió en la región española con más población de origen judío […] No es pues extraño que la gesta colectiva del sionismo, de la restauración de la lengua hebrea y de la creación del estado de Israel sean, hoy por hoy, referentes claros de superación a los que aspiran una parte de los independentistas catalanes.”[1]

Es conocida por otra parte la estrecha relación que el patriarca del nacionalismo catalán en el postfranquismo, Jordi Pujol, ha tenido con el sionismo y la cultura judía[2], verdadera brújula de su ideario nacionalista. Seguramente esta estrecha relación no es ajena a su destino de exclusión interna, bien ganada, que ha acabado teniendo en la política catalana. La fuerza del estereotipo ha llegado incluso estos días al ridículo de tildar al gobierno catalán de la Generalitat de “brujería, sionismo y masonería”, rasgos que estarían encarnados en la persona de la mujer de su actual presidente, Marcela Topor.[3]

El hecho es que en Cataluña los judíos, más conversos que expulsados, más mimetizados que segregados, supieron encontrar un lugar de primer orden en la cultura y en la sociedad, de modo que la primera comunidad judía moderna del Estado español después de 1492 fue la de Barcelona. En los “calls” (barrios judíos) de Barcelona y Girona existían dos escuelas de cábala de una gran influencia en todo el mundo judío. La propia ciudad de Girona, donde el judaísmo ha tenido siempre una fuerte presencia, era conocida hasta el siglo XII como “la Madre de Israel”. A modo de ejemplo literario de este injerto translingüístico y transidentitario entre judíos y catalanes, es interesante conocer la operación que unos cánticos festivos de bodas, verdadera joya para los filólogos, supieron producir con la letra[4]. Se trata de unos poemas festivos, redactados como consejos a los novios, escritos con el alfabeto hebreo pero con palabras del catalán de los siglos XIV y XV, combinando palabras y frases hebreas en una mezcolanza digna del mejor Joyce. La letra es hebrea, pero leída es catalana. ¿Simple anécdota del viaje de la letra por el litoral mediterráneo más allá de las fronteras? Es un testimonio más del refugio que el judaísmo, esta voluntad de ser que ha hecho de la escritura su único país, ha encontrado en este rincón de la península ibérica.

El estereotipo sigue pues una lógica interna que va más allá de la caricatura. Otro estudioso de esta relación entre judaísmo y catalanismo, Joan Pérez i Ventanyol[5], ha situado la huella de esta voluntad de ser en el pensamiento de la izquierda catalanista que ha atravesado la oscura época del el franquismo hasta hoy: “el catalanismo de izquierdas tuvo una especial atracción por los judíos […] Los judíos eran reconocidos como un ejemplo de sobrevivencia nacional a pesar del fatalismo histórico y, por eso mismo, se los asociaba con la idea de libertad. Además, se les otorgaba un componente de tenacidad colectiva que era muy atractivo para los catalanistas.”[6] No es menos cierto que otra parte del nacionalismo catalán se ha mirado también en el espejo del pueblo palestino, por una identificación del débil contra el poderoso, de modo que el conflicto arabo-israelí tiene también en Cataluña sus duplicidades. En todo caso, no hay que perder de vista que las relaciones diplomáticas entre el Estado español e Israel son un hecho desde el año 1986 y se han construido fundamentalmente desde Cataluña, no tanto desde el propio Estado español. España e Israel no han tenido nunca una buena relación. Esto hace también que el Estado de Israel haya manifestado públicamente su complicidad con el proyecto de construcción de un Estado catalán.

Queda la chutzpah, la chutzpah que los catalanes habrían perdido a manos de los castellanos, la chutzpah que les habría sido “cepillada” —como decía el ínclito Alfonso Guerra a propósito del Estatut de Catalunya— por el hidalgo herido en su orgullo de imperio en declive. Pero ¿qué es la chutzpah? Es una palabra del Yiddish que, según el diccionario Merriam-Webster, significa precisamente el orgullo, la suprema confianza en sí mismo, incluso la impertinencia, la insolencia, la audacia, la arrogancia. El término, tan intraducible como cualquier otro que denote una voluntad de ser, tiene siempre un tono humorístico, del humor del superyó cuando se hace tránsfuga en el sujeto —Freud dixit— ante los embates que lo convertirían en su víctima. La ironía de la chutzpah llega tan lejos como en la siguiente definición legal: ¡Alguien que ha matado a sus padres y que pide clemencia ante el juez por el hecho de ser huérfano! Esta es la chutzpah que en la jurisprudencia americana ha sido recogida del siguiente modo: “La chutzpah legal no es indeseable en todos los casos, y sin ella nuestro sistema jurídico sufriría”[7].

Así pues: ¡Catalanes, pongan un poco de chutzpah en la salsa!

[1] Manuel Forcano, Els jueus catalans. La història que mai no t’han explicat. Angle Editorial, Barcelona 2014, pp. 371-372.

[2] Anna Figuera, Jordi Pujol i els jueus. Pòrtic Editorial, Barcelona 2011.

[3] http://www.alertadigital.com/2017/10/09/brujeria-y-masoneria-en-la-generalitat/

[4] Jaume Riera i Sans, Cants de noces dels jueus catalans. Editorial Curial, Barcelona 1974.

[5] Joan Pérez i Ventanyol, Els debats sobre la qüestió jueva a Catalunya (1917-1939). La construcció idológica del discurs sobre el poble jueu, el sionisme i l’antisemitisme en el periode d’entreguerres. Tesis doctoral en la Universitat Autónoma de Barcelona, Octubre de 2015.

[6] Joan Pérez i Ventanyol, opus cit, p. 643.

[7] https://www.jlaw.com/Commentary/SupremeChutzpah.htm

 

(Zadig-España: la foto es de la lápida que conmemora la inauguración del hospital judío de Barcelona en el s. XIII)

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