No hay más que eso, el vínculo social

No hay más que eso, el vínculo social

Christiane Alberti*

 

La École de la Cause freudienne se ha comprometido con firmeza en un combate cuyo objetivo fue hacer obstáculo a la elección de Marine Le Pen en las recientes elecciones presidenciales. Se trataba, para los analistas, de intervenir en el debate público para recordar las raíces históricas del Frente Nacional y sus vínculos actuales con el fascismo y los neonazis.

Sin entrar a discutir los programas y la política partidista, es un punto de vista ético el que nos ha llevado a sacar las consecuencias en particular de la abstención y el voto en blanco. En cada etapa de esta campaña nos ha guiado, diríamos, un principio de realismo superior. Este consiste en atenerse a las condiciones concretas, prácticas, de realización de la cosa a alcanzar, en despecho de todos los obstáculos que se presentaban (cf. la moral objetiva en Hegel (1)).

Nuestra responsabilidad estaba comprometida, en tanto que se trataba no solamente de ganar a la opinión ilustrada sino también, en parte, de trabajar para constituirla. Hemos tomado también posición públicamente desde nuestra condición de psicoanalistas, la cual nos lleva a ir contra la represión: a contrariar la pendiente natural actual, que reposa en el olvido del pasado más sombrío.

El populismo

La cuestión del populismo ha sido central. Hemos visto el peligro que representa en sus diferentes formas y valorado cuánto se había extendido, tanto si se trata de la tendencia surgida de la corriente propiamente anti-ilustración o de la de la protesta romántica tan querida en Francia.

En su trabajo sobre la amenaza populista, Jan Werner Müller (2) nos propone volver sobre su fundamento mismo: la apropiación ilegítima del pueblo, más esencial que la crítica de las élites. Sus líderes afirman siempre ser los únicos representantes del “verdadero pueblo” (“la gente de verdad”) o de la mayoría silenciosa. A ese pueblo, de hecho, se le despoja de su realidad y se le humilla. El populismo practica la humillación permanente de un pueblo a salvar. Lacan designaba así lo que fue el desastre moral de los años pardos: “La humillación de nuestro tiempo bajo los enemigos del género humano (3).

Sobre todo: el monopolio moral que los populistas reivindican engendra una doble exclusión, peligrosa para la democracia. Primero, todos los demás partidos son ilegítimos y corruptos. Segundo, la naturaleza misma del populismo es practicar la exclusión de una parte del pueblo siempre sospechosa de no pertenecer a la humanidad.

En otras palabras, la guerra civil (el mayor de todos los males, según Pascal) está en el horizonte de todo populismo que exacerba la pulsión de muerte bajo la forma de la pulsión segregativa.

El Estado de derecho

Esta perspectiva nos ha llevado fundamentalmente a oponer al populismo la referencia al Estado de derecho. El pueblo sostiene su definición en el derecho, y su norma reside en la forma de la ley. El Estado no se asimila aquí al poder (la fuerza, la violencia), sino al derecho, a la ley -obras humanas en movimiento sin cesar, contrapeso de la vox populi-, si queremos considerar bien con Blandine Kriegel (4) que el Estado moderno no procede del imperio romano-germánico sino de la renovación republicana de las monarquías del Renacimiento. Es una creación permanente que no pertenece a nadie, sino a todos, una institución que no está más allá de, sino que está por y para los individuos.

En todo caso es pertinente interrogarse hoy por el Estado de derecho en un momento en que vemos resurgir los cuestionamientos a la teoría de la representación y del parlamentarismo así como también proyectos poco creíbles de regímenes constitucionales alternativos. Además, esta crítica es antigua y acompañó siempre a la teoría del Estado moderno.

El lazo entre los que hablan

No se trata solo de defender el Estado de derecho porque condiciona la práctica del psicoanálisis. Esta referencia a lo político, al discurso del amo que se instaura con la emergencia del Estado, tiene otro alcance. Ella compete también al discurso analítico cuando se quiere hacer del psicoanálisis el campo de un ejercicio más amplio que el de la cura. Quisiera decir de qué modo:

Desde la experiencia del análisis, uno puede apostar por los recursos del discurso, que no es otra cosa que el “lazo entre los que hablan”. En el fondo, la política es el lazo social. Y es nuestra arma frente a la pulsión de muerte: “A fin de cuentas, no hay más que eso, el vínculo social” (5), subraya Lacan, constituyendo lo que mantiene juntos los cuerpos mientras que su goce genera más bien la segregación.

Esta consideración del vínculo social se hace desde el discurso analítico, ya sea como el envés de la política ya sea como el envés de un ejercicio de dominación. La experiencia de un análisis conduce a distanciarse de las identificaciones de masa (siempre segregativas) para considerar más bien lo múltiple de las elecciones de deseo o de goce. Siempre de manera desegregativa, el discurso analítico lleva a apostar por una idea de lo  colectivo que dé lugar a esta pluralidad: Se trata del Uno de la inclusión de lo múltiple y no el Uno de la exclusión de lo múltiple. Es en este sentido que el psicoanálisis desea lo político.

En la cura uno llega a encontrar el punto en donde el Otro no existe, el punto en que los recursos de lo simbólico palidecen; una vez alcanzado ese punto, se produce el retorno al vínculo social, a la relación con el Otro, lo que se efectúa en el sentido de tener la responsabilidad de inventar al Otro. A excepción de resolverse en el más estéril de los cinismos. Un análisis no lleva a ir del padre a lo peor, a esa especie de nihilismo presente en el populismo.

Esto da a los psicoanalistas una responsabilidad nueva en un contexto de disolución del lazo social, de disolución de todos las bases que fundan lo colectivo. Lo que se vuelve “tonto” en el populismo son precisamente los significantes amo que no hacen lazo, los mandatos, cortados del saber. El objetivo del saber es crucial en un contexto en que nuestros políticos se fascinan con facilidad con los S1 surgidos de la evaluación y el cientificismo.

En una práctica política inventada paso a paso, el psicoanálisis puede contribuir de manera útil al ejercicio de un discurso menos “tonto” (6), como parece que Lacan aspira en su conferencia de Milán de 1972. Hay que darle todo su alcance a este aforismo de Lacan, hacer del mismo una perspectiva. En cualquier caso, considerarlo seriamente.

Este texto fue pronunciado el domingo 2 de julio de 2017 en el Foro organizado en el marco del IV Congreso Europeo de Psicoanálisis PIPOL 8 en Bruselas. El Foro tuvo por título: El ascenso del populismo en Europa: ¿qué  respuesta de los políticos, de los intelectuales y de los psicoanalistas? Ha sido publicado originalmente en francés en Lacan Quotidien nº 732, martes 4 de julio de 2017.

*Psicoanalista, miembro de la AMP (ECF).

Traducción de Margarita Álvarez.

 

Notas

  1. “El Estado es la realidad en acto de la idea moral objetiva” (Hegel, Principios de la Filosofía del Derecho, 1821).
  2. Müller, J.-W., “Que es el populismo, definir la amenaza”, Primer Paralelo, 2016. (Original en inglés, editado en Ed. Penn Press 2016).
  3. Lacan, J., Escritos, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2014, p. 151.
  4. Kriegel, B., État de droit ou Empire?, Paris, Bayard, 2002

5.Lacan, J., El Seminario, libro 20: Aún, Buenos Aires, Paidós, 1981, p. 68.

  1. Lacan, J., “Del discurso psicoanalítico”, Lacan in Italia, En Italie Lacan, 1953-1978, La Salamandra, 1978, p. 47.

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