Presentamos a continuación una entrevista realizada por Josep Maria Panés a dos expertos en el ámbito de la crisis ambiental y climática.
Antonio Turiel es físico y matemático, investigador en el Instituto de ciencias del mar del CSIC, autor de varios libros -dos de ellos en colaboración con Juan Bordera-, es conocido por su intensa labor de divulgación, por su presencia habitual en medios de comunicación[1] y por su documentadísimo blog “The Oil Crash“[2].
Juan Bordera es periodista, activista por el clima, divulgador y actualmente diputado en Les Corts de València, desde donde avisó repetidamente del riesgo de que se produjera una DANA de efectos catastróficos[3]. Participó en la mesa sobre “Cambio climático y decrecimiento” de la Jornada de Zadig España “La astucia del capitalismo” (Madrid, 23.10.23), con una ponencia disponible en vídeo en ELPTV[4].
La entrevista se planteó a partir de una actividad organizada por el “Grupo de trabajo sobre Psicoanálisis, cultura y sociedad”, del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya.
[1] https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2024-12-04/turiel-fisico-damos-por-hecho-que-vamos-a-sustituir-los-combustibles-fosiles-por-un-sistema-100-renovable-y-eso-es-muy-cuestionable.html
[2] https://crashoil.blogspot.com/
[3] https://www.theguardian.com/commentisfree/2024/nov/06/warn-valencia-government-flooding
[4] https://www.elptv.com/video/la-astucia-del-capitalismo-organizada-por-zadig-espana/
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Josep Maria Panés (1): En primer lugar, quería agradeceros la posibilidad de realizar esta entrevista, porque nos consta que sois personas sumamente ocupadas. Y quería empezar por lo más general: el punto en el que nos hallamos en cuanto al cambio climático, en el contexto de una crisis ambiental global de la que Antonio decía en un escrito que “está llegando a un peligroso punto de irreversibilidad”. Algo que cada día vemos más claro: solo tenemos que remitirnos a los incendios de estos días en California[i]. Entonces, la primera pregunta para los dos es: ¿qué aspecto os parece ahora más preocupante?
Antonio Turiel (2): Esta cuestión es muy difícil de contestar por un motivo muy sencillo: es como preguntarle a alguien qué prefiere, morir de una puñalada o de diecisiete. No sé, quizás es mejor morir solo de una, pero, en cualquier caso, si todas son mortales… Es evidente que en este momento la emergencia climática ha pasado a otro nivel, mucho más preocupante. Y que, ahora mismo, lo que nos preocupa más son los cambios muy radicales que estamos observando en el clima global desde el año 2016. Estos cambios se han caracterizado por una serie de procesos, que poco a poco estamos empezando a entender, en los que contribuyen diversos factores, como el derretimiento de los polos, o el que, debido a la nueva regulación, se haya disminuido severamente la cantidad de aerosoles[ii] que emitían los barcos, con lo cual, de repente, nos damos cuenta de que nos estamos calentando más de lo que pensábamos.
Y ahora mismo estamos observando un calentamiento muy acelerado que, si no hay un cambio de tendencia, nos puede llevar a situaciones muy críticas en un periodo de tiempo muy breve, mucho antes de lo que se preveía.
Estábamos hablando de no sobrepasar los 1,5º C de calentamiento el año 2100 y ya los hemos superado en el año 2025 -estamos en 1,6º C-, y todo apunta a que si no hay un cambio radical de tendencia podemos llegar a los 2º C en pocas décadas, incluso en pocos años. Esto es, ahora mismo, lo que más nos preocupa: todos los fenómenos de redistribución interna de la energía en el planeta Tierra, el posible aumento de la recurrencia de El Niño, y todo lo que esto conlleva a nivel de fenómenos extremos. Y es tristísimo, porque hace dos meses estábamos conmocionados por la DANA y ahora estamos conmocionados por los incendios de Los Ángeles, y uno se pregunta por qué estaremos conmocionados dentro de dos meses, porque estamos asistiendo periódicamente a tragedias de gran escala.
Y no nos engañemos, porque yo, que hace ya bastante tiempo que vengo siguiendo el proceso de aceleración de los datos extremos, veo que han pasado cosas mucho más catastróficas en los últimos diez años, pero como no pasaban en los países de Europa o en los EE. UU. A nadie le importaban un bledo, pero ahora nos está llegando nuestro turno dentro del desastre. Entonces, el sobrepasar los puntos de no retorno climático, la desestabilización generalizada del clima del planeta, la recurrencia en los fenómenos extremos, la inhabitabilidad de la Tierra, todas estas cosas están conectadas con la aceleración del cambio climático, y seguramente ahora mismo son las mayores preocupaciones que tenemos, por la fuerza y violencia que están tomando.
J.M.P.: Tú insistes a menudo en que, aun siendo muy preocupante, el cambio climático no es ni la única ni la más grave de las amenazas que comporta la crisis ecológica.
A.T.: Ciertamente, porque al mismo tiempo no tenemos que descuidar que siguen estando esos otros límites planetarios[iii] muy sobrepasados: contaminación por plásticos y metales pesados y las patologías asociadas, destrucción de los ecosistemas, pérdida de biodiversidad, falta de agua, desertización, y todos los procesos que están en marcha, unidos al problema de los recursos. Porque, hasta ahora, el ser humano ha sorteado los peores efectos de muchos de los desastres que causa basándose en un gran consumo de recursos, y justo en el momento en que empiezan a desaparecer los recursos, en que empieza a haber menos, vamos a tener que enfrentar los mayores desafíos, con lo cual tenemos un cóctel de todo ello que no puede ser más explosivo y más peligroso.
Porque como impresiona y asusta mucho, hay muchos mecanismos de defensa -psicológicos, supongo- y no se quiere aceptar lo que está pasando. Pero eso lo único que hace es agravar los problemas, porque estamos a tiempo de reaccionar, pero no estamos a tiempo de perder el tiempo.
J.M.P.: Juan, ¿qué punto subrayarías tú?
Juan Bordera (3): Estoy completamente de acuerdo con todo lo que ha dicho Antonio. En las charlas que he ido dando siempre hago la misma ruta: primero hablo del clima, que creo que es la clave, y cuando llego a la mitad de la charla digo “¿y por qué no se está haciendo nada para evitarlo?”.
Porque, realmente, el otro problema es igual de grave, y es necesario considerar que estas posturas que reconocen la crisis climática y, con buena fe o no tan buena fe, creen en el “solucionismo” tecnológico, están cayendo en un problema que es muy peligroso.
Con lo cual, creo que ahí hay que buscar sesgos cognitivos que también están contribuyendo, pues mucha gente se quiere autoconvencer de que, “bueno, no es tan grave”, “si fuera tan grave, algún gobierno o alguien estaría haciendo algo ya” o el “algo inventarán”. El problema es que nos están poniendo zancadillas para evitar un reconocimiento real de que la dimensión del problema es mucho más grande de lo que se ha querido aceptar hasta ahora, y que las soluciones o las alternativas que existen son más complejas y, sobre todo, son más socioculturales y políticas que tecnológicas. Y ahí es donde yo veo que hay un problema. Y qué casualidad que encontremos ahora los nexos tan perversos que se están dando entre Estados Unidos y el fascismo de toda la vida.
J.M.P.: Os propongo ahora hacer referencia a “¿El final de las estaciones?” (Ed. Revista Contexto), un libro que recopila artículos vuestros y de Fernando Valladares. Pensaba en concreto en el artículo que da título al libro, porque el otro día escuché a un representante de agricultores preocupados porque la falta de días de temperatura invernal hace que los árboles frutales no se preparen adecuadamente para la floración y, en consecuencia, produzcan menos frutos. Esto, que a pequeña escala es significativo pero que es nada comparado con la catástrofe global, puede ayudar a algunas personas a entender hasta qué punto el calentamiento global está entrando en las vidas de todos. Vosotros apuntáis al decrecimiento como el planteamiento global hacia el que tendríamos que orientarnos…
A.T.: Respecto al tema de las vivencias personales, pienso que son importantes, pero que solo cuando tienes unos años puedes darte cuenta de que se ha producido un cambio muy radical en el clima, por lo menos el que tú conocías, de la zona que tú conocías. Yo soy de León, y cuando era niño nevaba en la ciudad unos veinte días al año, unos días cuajaba y otros no. Ahora pasan muchos años en los que no cae un copo de nieve. El gran problema es que veo que mis hijos no tienen esa referencia. Y la psique humana tiende a ver las cosas de manera estática, como fotografías, cuando en realidad son una película en la que hay un cambio y una evolución, y para eso tenemos la ciencia, que nos da un soporte analítico, porque tenemos los datos registrados para ver la evolución que ha habido.
Hay, por ejemplo, frases que son típicas y con las que yo hago un poco de sorna y ridiculizo: “Es que en Córdoba toda la vida ha hecho 40º C”. Y vas a mirar los datos de la AEMET[iv], con una estación meteorológica que midiera bien la temperatura del aire, y dices “No, señora: la primera vez que hubo 40º C en verano, en Córdoba, fue a partir de 2008”. Entonces, este es el problema.
Es verdad que la gente que tiene más perspectiva vital, porque ha conocido otro clima y la gente que tiene más conexión con el mundo natural, por dónde viven o por las tareas que realizan, son muy conscientes de los cambios, porque hay cambios que son muy difíciles de disimular: si tienes una sequía persistente, o si no tienes nieve en los Pirineos… Cuando yo vine a vivir aquí se veía la nieve en los Pirineos siempre, y ahora ya no se ve. Estas cosas te hacen ver que se está produciendo un cambio. El problema es, al final, todos estos mecanismos psicológicos de no aceptación, de no querer ver la realidad y, en particular, el hecho de que todos somos conscientes de lo que ello implica.
Suelo ir con cierta frecuencia, a un plató de televisión y ahí me suelen preguntar cada cierto tiempo: “¿Qué podemos hacer?”. Y yo siempre digo lo mismo: “Sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer y, de la misma manera, sabemos por qué no lo hacemos. ¿Qué tenemos que hacer? Eliminar inmediatamente el consumo de combustibles fósiles. ¿Por qué no lo hacemos? Porque tendría unas consecuencias económicas bestiales”. Entonces, ¿cuál es el problema aquí? Que todo el mundo percibe que su modo de vida está amenazado y aquí es donde convendría hacer más pedagogía, hacer comprender a la gente que la búsqueda del crecimiento actualmente genera destrucción. ¿Cuánto habrá crecido el PIB de Valencia en 2024[v]? Evidentemente, ha habido destrucción, no ha habido ganancia. Pero esto cuesta mucho sacarlo de las ideas atrincheradas de la gente y aquí es donde yo creo que es necesario hacer más pedagogía.
J.B.: El tema del final de las estaciones daría para mucho. En un principio, montamos el artículo sin saber que iba a convertirse luego en libro, y lo hicimos juntando las crisis que comentábamos antes, la de las estaciones climáticas que estaban empezando a mutar a la vista de todo el mundo, como en esos ejemplos tan gráficos que comentabas -en Alicante también está pasando, con cítricos que tienen doble floración porque ya no saben ni cuándo toca florecer- y, a la vez, también lo queríamos relacionar con la locomotora de la historia, un concepto marxista que Walter Benjamin reformula así:
“Dice Marx que las revoluciones son la locomotora de la historia universal. Pero tal vez se trate de algo completamente distinto. Tal vez sean las revoluciones el gesto por el que el género humano que viaja en ese tren echa mano del freno de emergencia.”
Se está quedando sin estaciones de paso donde parar, ya no tiene tampoco combustible asegurado, ni los materiales para seguir construyendo la estación siguiente. Con lo cual, estamos en un momento en el que lo que habría que construir es, más bien, una especie de pista de aterrizaje, porque vamos a un estallido inevitable del clima, de la crisis energética y de los conflictos bélicos asociados que se están dando.
Con todos esos conflictos a la vista, si queremos evitar que el choque de ese tren a toda velocidad sea muy virulento y acabe echando mucha gente fuera, lo que habría que construir es una especie de pista de aterrizaje acolchadita, en la que se dé ese decrecimiento, esa redistribución de los recursos para que la transición sea lo más justa posible. Lo que pasa es que vemos que, a todas luces, eso no va a ocurrir, no va a ser algo que nos vayan a regalar, sino que habrá que pelear cada centímetro de cambio hacia la dirección correcta, y de eso se trata.
Poníamos “¿El final de las estaciones?” entre interrogantes, porque en el tema climático va a haber sorpresas, y hay cosas que no están del todo claras. Todos sabemos más o menos lo mal que va el clima, pero hay otro factor que es el tema de la corriente termohalina, la AMOC[vi], y lo que puede suponer eso para el clima europeo, principalmente para el del norte de Europa. Esos países aparentemente más avanzados en la transición energética se pueden ver afectados por un clima que les ponga en situaciones de quince o veinte grados menos, y por eso presentábamos el marco un poco entre interrogantes, porque es precisamente el debate que deberíamos estar teniendo como sociedad y que, por lo que sea, se nos está negando.
J.M.P.: Esos países del norte de Europa en los que, precisamente, se está endureciendo la actitud policial, judicial y política para reprimir, con una violencia realmente antidemocrática y gran ferocidad, la protesta climática, incluso la más pacífica. En España, tenemos también el episodio que afecta a las personas que se manifestaron frente al Congreso de los Diputados, pero lo que está sucediendo en Reino Unido, Alemania o Francia es realmente sorprendente, por los límites a los que se está llegando.
A.T.: A mí me parece que esta deriva autoritaria es algo normal. Yo creo que es una evolución lógica, precisamente en este contexto de no querer aceptar los cambios que se están produciendo aunque no queramos. Es un caldo de cultivo apropiado para la resurgimiento del fascismo, por dos motivos. Uno, la inoperancia absoluta de los partidos tradicionales, que no quieren salir del sistema clásico, que identifican crecimiento económico con bienestar, que apuestan por las mismas rutas de siempre, incapaces de entender que esto ha cambiado y que hace falta buscar otros modelos. Y que, además, persistir en la búsqueda del crecimiento lo que hace es empobrecer a la mayoría de la población, generar frustración y eso hace que haya un rechazo a los partidos tradicionales, que se perciben todos como muy parecidos, incapaces de salirse de un paradigma que se está demostrando ya superado.
Y la otra cuestión es que, en el fondo, ese tipo de discursos del estilo “hagamos América grande otra vez” o “Alemania para los alemanes” siempre suenan muy bien, sobre todo para esas clases medias que se están empobreciendo, que tienen miedo a desaparecer y que, bueno, se agarran a un clavo ardiendo, lo que es una reproducción, tal cual, de cómo colapsó la República de Weimar en la Alemania nazi. Son los mismos esquemas repetidos y, en ese sentido, no es paradójico lo que sucede. Lo que es triste es la incomprensión de la historia. Yo me suelo quejar de que la gente que está en los centros de decisión del poder tiene una formación que tiene poco que ver con las ciencias naturales, pero es que parece que con las ciencias sociales sucede lo mismo, porque tienen un gran desconocimiento de la historia.
J.B.: Uff… Tremendo tema, este, y voy a polemizar un poco con Antonio. Claro que los partidos políticos están causando verdadera vergüenza ajena, pero hay que tener mucho cuidado con equipararlos, porque a la vista está que no es así, y pongo un ejemplo. Desgraciadamente, en mi tierra lo hemos comprobado: hubo un partido (Compromís, que gobernaba entonces en el País Valencià) que, dos días antes de una DANA que dejó tres personas muertas -creo que fue en 2019, en La Vega Baja-, convocó al CECOPI (Centro de Coordinación Operativa Integrado) a tiempo y convocó a la UME (Unidad Militar de Emergencias) a tiempo. Y luego ha habido otro partido que, literalmente, está gobernando con negacionistas y que está plagado de “negocionistas”. Y ahí, la polémica que introduzco no es tanto por eso, sino por el hecho de que ya han habido partidos decrecentistas y no han sido la solución. En Francia hubo un partido decrecentista, que sacó un 1 % de los votos. Entonces, al final, no necesitamos un partido de vanguardia y pensar que la sociedad irá detrás, sino que es más bien un mecanismo que se va autoalimentando porque, seamos realistas, el partido dice: “Yo no me voy a atrever a presentar una propuesta si no me va a votar ni Peter”.
Hay mucha gente en Reino Unido que está aplaudiendo que haya personas en esa situación. Tengo algún compañero de Rebelión Científica o de Extinction Rebellion, que está en prisión, y yo mismo tengo el juicio -dentro de unos meses, supongo- con Reichman y con otras trece personas, y creo que en el fondo la pelea está precisamente ahí. Es decir, que estas acciones de desobediencia civil se hacen -igual que se hicieron las de las sufragistas y se han hecho tantas otras- para mover a la sociedad. Ha de ser la sociedad la que mueva a los partidos, porque si esperamos que los partidos muevan a la sociedad, entonces sí que, ya, apaga y vámonos, porque eso no va a ocurrir. Lo hemos visto en otros casos: si llegan al Gobierno, que no es el poder, van a surgir otros conflictos. Creo que es algo mucho más complejo y que no es cuestión de señalar a los partidos, como si fueran los malos de la película, porque los partidos dan para lo que dan y están obsoletos como modelo de acción política. Habría muchísimo que mejorar y creo que no es cuestión tanto del aparato en sí, sino del sistema.
J.M.P.: Con el inicio de los “Viernes por el futuro” de Greta Thunberg, pareció que se daban las condiciones para que se produjeran grandes movilizaciones para forzar a los gobiernos a actuar. Hoy, eso se ha difuminado mucho, y parece que el discurso oficial sobre la transición energética produce un efecto tranquilizador. Y aquí quiero referirme al último libro de Antonio, “El futuro de Europa” (Ed. Destino), y pediros, primero, algún comentario sobre los límites del actual modelo de transición energética, de electrificación de la economía que, supuestamente, sería la panacea. Y, segundo, otro sobre las propuestas para la reindustrialización de Europa que se incluyen en el libro, “en un mundo”, como dice Antonio, “en descenso energético y material”.
A.T.: Una cosa está bastante clara: el modelo de transición que se ha propuesto es un modelo extractivista, que se basa en los mismos vicios que nos han llevado hasta aquí, que se basa en la extracción masiva de materiales para montar dispositivos de alta ingeniería y alta tecnología, de una manera muy masiva y para producir un bien que, aunque es un bien muy útil, no sirve para todas las necesidades que tiene nuestra sociedad. Entonces, el gran problema que tiene este modelo de transición no es la tecnología en sí, es el uso que se le pretende dar y, sobre todo, la escala a la que se la quiere implementar. No se puede decir de manera sumaria que utilizar energía renovable eléctrica sea una inutilidad, porque no es verdad, tiene su escala apropiada de utilización y de implementación. Aquí el problema es que se ha buscado una solución que valga para todo y que favorezca un determinado modelo de negocio.
Pero, claro, cuando empiezas a hablar de la moderación del consumo, ves que no todo el mundo lo tiene que hacer por igual, y aquí estás en otro debate que tampoco se quiere abrir, y es que no es igualmente impactante el consumo del 1 % que más consume, que el consumo de 99% restante, ¿no? Y que, evidentemente, los cambios tienen que ser más importantes en aquellas personas, colectivos y empresas que derrochan mucho más que los demás. Entonces, al final, este modelo no está funcionando, porque a esta escala no puede funcionar, porque no necesitamos tanta electricidad, porque requiere materiales que son escasos, porque además genera un tipo de electricidad que no siempre es lo más fácil de gestionar, porque es más inestable y más intermitente. Pero es que, además, en última instancia, no está habiendo demanda para ella, porque el mundo no funciona solo con electricidad; la electricidad mueve una parte del mundo pero no mueve el mundo. Se ha apostado todo a la esperanza de unas tecnologías redentoras.
Uno de los comentarios más tontos que me han hecho en mi vida fue en una entrevista de televisión. Hay una presentadora, a la que hace años que conozco y con la que me llevo muy bien, que me dijo: “¿Usted no tiene fe en la tecnología?”. Y yo le dije que yo soy científico y que, por definición, no tengo fe en nada. En lo que puedo creer es en que se puede conseguir tal cosa, en que podemos trabajar en tal cosa. En el fondo, es una apelación a una serie de instintos irracionales ante una situación crítica, en la que todos percibimos que hay un peligro, que hay un riesgo. Y lo que hacemos es refugiarnos en ideas muy irracionales, en confianzas en seres divinos o mágicos que van a resolver la papeleta, y este es el caso de este modelo de transición.
Porque hay evidencia de sus limitaciones técnicas, estamos viendo que empieza a haber empresas que quiebran, que este modelo se resquebraja, y lo que es absurdo es que no haya un cuestionamiento del modelo mismo. Para mí, el botón de muestra más claro del fracaso de esta panoplia es que, por decimosexto año consecutivo, el consumo de electricidad continúa bajando, en los países de la Unión Europea y de la OCDE. Es un proceso con altibajos, ya que remonta un poco, luego baja, pero tienes una línea tendencial siempre disminuyendo desde el año 2008. Entonces, estás vendiendo que se va a producir una transición que, de manera objetiva, no la ves por ninguna parte, y es el momento de empezar a cuestionarse si a lo mejor no hay alguna hipótesis errónea. La hipótesis errónea es, obviamente, que no queremos cuestionar las bases de este modelo que es un modelo extractivista y crecentista, y es que es justamente esto lo que hay que poner en cuestión.
J.B.: Yo voy a centrarme en la parte de la pregunta sobre las movilizaciones, Greta Thunberg, etcétera. Creo que lo que ahí pasó también fue en parte efecto de la pandemia. Los movimientos venían con una curva muy ascendente y -esto sí que está estudiado, aunque no tengo ahora el dato- sabemos que son movimientos que suelen tener una vida corta. Este tipo de explosiones, de movimientos sociales, como el 15M o como las movilizaciones verdes de Greta Thunberg y demás, tienen un ciclo de cuatro o cinco años y luego, obviamente, van yendo hacia una bajada natural, porque la gente que los ha llevado hacia adelante se quema, o necesita volver a la vida normal, trabajar y volver a ser una persona, digamos, “funcional” para este sistema suicida.
Es verdad que la pandemia lo aceleró mucho, porque hizo que mucha gente tuviese que volver a su vida normal e intentar ganarse la vida, y además el activismo digital -hacer cincuenta encuentros por Zoom- cansa mucho más y le quita la parte positiva. Las movilizaciones que, de otra manera, habrían tenido probablemente ciclo de vida, mucho más largo, se han frenado quizás antes de tiempo, en un momento en el que más útiles no podrían haber sido. Con lo cual, ahora toca, o debería tocar, otra oleada. En algún momento, con la perspectiva que tenemos en Europa, de ascenso de la extrema derecha, con Trump en Estados Unidos, si las calles de alguna manera no lideran esto, estamos apañados.
Y luego, como única nota al tema de la transición energética, decir que me preocupa muchísimo el tecno-optimismo reinante, que es compartido a izquierda y a derecha. Ahí sí que tenemos un verdadero problema, cuando se tiene tanta fe en algo científico, pero en la experiencia empírica estamos viendo que el hidrógeno no está funcionando, que la captura y secuestro de carbono -que es el gran mecanismo en el que se supone que se basa el modelo de lucha contra el cambio climático- tampoco está funcionando y, de momento, lo único que captura son fondos públicos nada de CO2 (Juan hace un juego de palabras con las expresiones “fon-dos” y “CO-dos”).
Y tenemos veintisiete ejemplos más de supuestos proyectos -la fusión nuclear, las centrales de torio y no sé cuántas cosas más- y ahí estamos, esperando. Estoy seguro de que Antonio y yo firmaríamos si alguno de estos milagros algún día fuera real, pero es que de momento nos tenemos que conformar con la dura realidad. Y, precisamente, es la única manera de evitar pegarnos -voy a ser claro- un hostiazo más grande que el que inevitablemente nos vamos a dar, porque como sociedad estamos condenados a una reducción drástica y bastante abrupta de la energía disponible y de las condiciones de estabilidad climática.
J.M.P.: Para ir acabando, os quería hacer una pregunta en el contexto del COPC. Antes de la entrevista, os comentaba que los profesionales que atendemos malestares emocionales, subjetivos, recibimos cada vez más consultas en las que aparece en algún momento la llamada “ecoansiedad” o “solastalgia”. Son términos que a mí me parecen poco acertados, pero que nombran fenómenos clínicos indudables, que se insertan de manera particular en cada sujeto en función de su relación con la angustia y su posición subjetiva.
A partir de vuestros años de actividad como divulgadores y activistas en estos temas, habéis explicado que hay personas, digamos de buena fe, que tienen una gran dificultad para aceptar la situación. ¿Qué habéis podido captar sobre este fenómeno de denegación, de rechazo? ¿Qué nos podéis transmitir de vuestra experiencia personal al respecto?
A.T.: Yo trabajo en el ámbito de las ciencias ambientales, y lo que percibo entre mis compañeros que están todo el día viendo esto es que hay dos posiciones. Una es la de “Bueno, esto es un trabajo, y todo está muy mal, pero yo quiero desconectar cuando salgo de aquí. Prefiero vivir sin esta angustia”. Y luego está la gente que lo está pasando fatal, que se rompe porque, evidentemente, es una presión bestial. Una vez un compañero me dijo: “Yo sé que mi trabajo, literalmente, consiste en mirar esto todos los días”. Lo que explica muy bien por qué hay cada vez más compañeros y compañeras que se unen a Rebelión Científica, porque es inevitable, viendo lo que estás viendo. Al final es un problema que viene por múltiples agentes, no solamente el climático; hay todo el deterioro ambiental que se está produciendo y es inevitable verlo. Entonces, nosotros lo tenemos difícil porque nuestro trabajo consiste en estar permanentemente en contacto con esto.
Además, nos sentimos impotentes para el cambio, porque en el fondo de nuestro corazón todos sabemos dónde está la raíz del problema, que es este sistema hiperconsumista, acelerado, básicamente el sistema capitalista. Pero, al mismo tiempo, todos sabemos que denunciar el sistema capitalista te convierte en un paria. No nos engañemos, la mayoría de las críticas, de los ataques bestiales que sufrimos, son por decir abiertamente el nombre de la bestia, por decir abiertamente que el capitalismo es insostenible: eso no se puede decir, es un tabú.
Es curioso que en una sociedad en la que se presume tanto de la libertad de expresión, no se pueda hablar de un tema meramente intelectual, de que el capitalismo es insostenible, ni siquiera de forma respetuosa y correcta. Es un tabú cultural y no se puede criticar así. Fuera de este ámbito mío, yo creo que lo que sucede es que la gente tiene necesidad de seguir con su vida, que la gente bastante tiene con levantarse a las seis de la mañana para ir a trabajar -trabajar las horas que trabaje, llegar a casa derrengado, y que únicamente tenga ganas de sentarse un momento delante de la tele, hacer la cena, cenar e irse a dormir porque al otro día es igual- como para, encima, preocuparse por este desastre a cámara lenta, o a veces no tan a cámara lenta, que se está produciendo. Yo creo que este mecanismo de huida está muy entroncado en este tabú cultural.
En el fondo estamos en un sistema represivo que reprime este tipo de críticas y, al final, lo que hace todo el mundo es bajar la cabeza y seguir hacia delante, porque es consciente de que cualquier otra actitud lo único que le va a traer son problemas, y eso es efectivamente lo que nos pasa a nosotros. Y más aún a Juan, que está encausado, pero es que rebelarse contra esta estupidez -porque no parar esto es una idiotez supina- te va a crear un problema. Yo entiendo la reacción de la gente porque, cuando vives en un sistema represivo, eres consciente de que estás ahí y acabas intentando adaptarte. La mayor parte de la gente no tiene madera de héroe. No todo el mundo puede ser Juan Bordera.
J.B.: Muchas gracias por lo que me toca, pero para mí eres tú más héroe, porque lo único que hice fue participar en una acción y tú te la has jugado en más de un sitio en el que no sé si yo me habría atrevido. Pero, sí, haciendo un recorrido, veo que yo, afortunada o desgraciadamente, me muevo en círculos más diversos y entonces veo especímenes de todo tipo, y tengo la sensación de que ya no es tanto el “diagnóstico” de unos u otros: de los que lo ven, lo documentan y están deprimidos, o los que se ponen las orejeras para no ver, sino que me encuentro también a mucha gente en ámbitos políticos, en ámbitos activistas, que no tienen una parte de la información correcta de lo que hablábamos antes: de la mezcla entre clima y energía, de que si no entiendes que la crisis energética es así de grave, no entiendes que las soluciones climáticas que están proponiendo no sean suficientes. Y entonces, tengo esa sensación de que hay mucha gente que no quiere saber o que está abrumada por lo que ha visto, pero también hay mucha gente a la que han desconectado, voluntariamente, con la intención, precisamente, de que no se hable mucho de esto.
Tienes este tipo de diagnósticos y no se habla ni de que el capitalismo es el causante, ni de la necesidad de un decrecimiento organizado, justo, de ciertos sectores, no de todos y, desde luego, no de todos los bolsillos. Porque se habla siempre del decrecimiento del Norte para el crecimiento del Sur y es bueno ver que, cuidado, hay bolsillos del Norte en el Sur y bolsillos del Sur en el Norte. Todo lo que habría que hacer es redistribuir mucho para que las cargas no fueran tan desiguales. Pero, precisamente, la soledad que explicaba Greta cuando vió un documental que le afectó totalmente y se dio cuenta de que sus compañeros lo olvidaron pocos días después, es la misma que podemos llegar a tener Antonio, Fernando Valladares, yo y otra mucha gente cuando nos damos cuenta de que esto es así:
Aunque yo tengo que decir una cosa para el optimismo de quien lo esté leyendo o escuchando, y es que ha ido un poco a mejor. En 2007 o 2008 era impensable oír hablar de decrecimiento y de cosas de las que ahora, por fin, se oye hablar. Y creo que tenemos que felicitarnos, porque algo de trabajo hemos hecho para que incluso la reina hable de ello.
[i] Los incendios ‘Eaton’ y ‘Palisades’, junto a media docena de focos más, han quemado 16.000 hectáreas de la ciudad y dejado 25 muertos, al noroeste y noreste de Los Ángeles. pérdidas económicas entre 135,000 y 150,000 millones de dólares. Las causas aún se desconocen. Esta es la reconstrucción de un relato negro que arrancó el 7 de enero.
[ii] En 2020 entró en vigor una nueva norma de la Organización Marítima Internacional (OMI) que obligaba a reducir el contenido de azufre en el combustible de los barcos que circulan por los océanos del planeta. Como consecuencia de ello, disminuyó la contaminación atmosférica, pero la reducción de las emisiones -aerosoles- redujo la formación de nubes y, en consecuencia, se produjo un aumento de la temperatura global.
[iii] los nueve límites planetarios identificados por el Stockholm Resilience Centre son: el cambio climático, la integridad de la biosfera, la presencia de entidades químicas artificiales en el entorno, la capa de ozono, los aerosoles atmosféricos, la acidificación de los océanos, los ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y el fósforo, y los cambios en el agua dulce.
[iv] Siglas de la Agència Estatal de Meteorologia.
[v] Antonio Turiel hace referencia a la DANA del pasado 29 de octubre que afectó especialmente a la provincia de Valencia, causando un gran número de víctimas mortales, en la Comunitat Valenciana (214), en Castilla-La Mancha (7) y en Andalucía (1), así como enormes daños materiales. Antonio Turiel había advertido repetidamente sobre el riesgo de que, debido a la elevada temperatura del Mediterráneo, se produjera un fenómeno de estas características.
[vi] AMOC son las siglas, en inglés, de Atlantic meridional overturning circulation o sea, Corriente Circular del Atlántico, de la que forma parte la Corriente del Golfo y que contribuye a la regulación del clima entre los hemisferios Norte y Sur. Juan Bordera hace referencia al efecto de enlentecimiento de la AMOC, constatado por los expertos y a las consecuencias que su detención podría tener en el clima de Europa.
(1) Josep Maria Panés es psicólogo clínico y psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP). Desde 2008 se interesa por la emergencia ecológica y, en particular, por el cambio climático, desde la perspectiva del psicoanálisis. Ha escrito artículos en prensa –El País, La Vanguardia, Catalunya Plural– y en diversas publicaciones del ámbito del psicoanálisis: Freudiana, El Psicoanálisis, Mental.
Ha participado en diversas jornadas, pódcasts, y otras actividades sobre esta temática, que se pueden consultar en: https://www.terradeningu.net/articles
(2) Antonio Turiel es licenciado en Física y Matemáticas y doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabaja como científico titular en el Instituto de Ciencias del Mar del Consejo (CSIC). És autor de más de 100 artículos científicos especializados, y de diversos libros de divulgación. Desde hace quince años, lleva a cabo una intensa actividad de divulgación científica y concienciación sobre diversos aspectos de la crisis ambiental global, con un especial énfasis en la crisis energética y el cambio climático, temas sobre los que escribe periódicamente en su blog The oil crash: https://crashoil.blogspot.com/
(3) Juan Bordera es guionista, periodista y político. Ha trabajado en proyectos de teatro, radio, documental y televisión. Escribe habitualmente en prensa nacional e internacional: CTXT, La Marea, elDiario.es, The Huffington Post, Público o Monthly Review. Es activista de Rebelión Científica y Extinction Rebellion. Actualmente, es diputado en las Corts Valencianes en la XI legislatura (2023-2027), como independiente por la coalición Compromís. Ha destacado como activista en la lucha contra el cambio climático, protagonizando acciones de protesta pacífica, como la que tuvo lugar el 6 de abril de 2022 ante el Congreso de los Diputados, y por la que se encuentra imputado y pendiente de juicio.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.
