Ferraz

Rosa López*

“Adoraban las esvásticas que, semejante a arañas prehistóricas encaramadas en sus huevecillos, se deslizaban por los listones rojos que colgaban de los edificios públicos de Alemania” Jorge Volpi “En busca de Klingsor»

Desde hace años salgo de mi consulta en la calle Ferraz a última hora de la tarde. Argüelles es un barrio tranquilo en el que se mezcla el ambiente de los estudiantes de la Universidad Complutense con el de los ricos del Paseo de Rosales, pero desde finales de octubre soy testigo involuntario de las manifestaciones que la extrema derecha convoca en esta calle, donde tiene su sede el PSOE.

Las performances fascistas van produciendo sus pequeños objetos pues además de usar la bandera franquista sobre los hombros, como es su costumbre, han inventado una nueva bandera que añade a la rojigualda el logotipo del recién nacido “Noviembre Nacional”. Se trata de dos grandes enes unidas por una cruz que se asemeja a una esvástica.

Los ideales patrios más rancios y retrógrados vuelven a salir a la luz, mostrando el sustrato histórico del que procedemos. Proclaman “Dios está con nosotros” pues solo ellos defienden “los valores cristianos y de la Reconquista”. Si, como lo oyen, se remiten a esa Reconquista que expulsó a los árabes de la península Ibérica entre el siglo VIII y el XV y que finalizó con la unificación de los Reyes Católicos. Con estos mimbres se entienden los cánticos que se escuchan en Ferraz “Menos policía, más Inquisición”, “Torquemada era camarada”, “moros al paredón” “Las lecheras (furgones policiales) a las fronteras”.

La bandera española está sufriendo una interesante metamorfosis en estos días. En Ferraz ondean banderas con un agujero donde antes estaba el escudo monárquico porque el propio Felipe VI es considerado como un traidor. Otras banderas lucen el signo de Noviembre Nacional antes mencionado. Por fin, algunos han puesto el agujero a un lado y el logotipo NN en el centro. Otras banderas muestran la cruz de Borgoña, símbolo que representaba a los ejércitos imperiales en la época más siniestra, la del Carlismo.

Las performances en Ferraz no quedan ahí, una noche llegaron con muñecas hinchables y cánticos machistas “no es una sede, es un puticlub” “Aquí están las sobrinas de Ferraz” “Estás son las ministras del PSOE”, lo que unido a la camaradería con Torquemada me hizo pensar que el espectáculo acabaría quemando a las muñecas en una hoguera. Les ahorro el resto de las anécdotas que solo sirven para mostrarnos el retorno del oscurantismo histórico de este País.

Lo preocupante es que estas manifestaciones con proclamas anacrónicas y delirantes tienen un aspecto absolutamente actual: el ascenso de la ultraderecha en Europa y en otros lugares del mundo. El asalto al Capitolio en USA, el asalto a la Plaza de los tres poderes en Brasilia, nos advierten que la democracia está siendo violentada por el auge de un nuevo movimiento de extrema derecha anarco-capitalista, que detesta la democracia pero hace uso de ella.

Los manifestantes solo son piezas en un tablero en el que los líderes de ultraderecha, con la complicidad de lo que hasta ahora era una derecha democrática (PP), empujan a la desobediencia y a la violencia.

Asistimos a algo tan grave como los señalamientos de los traidores a la patria (diputados del PSOE) con foto, nombre y apellidos que se transmiten por la redes sociales e incluso se pegan en las farolas de las ciudades y pueblos donde viven o trabajan. Al mismo tiempo varias sedes del PSOE han sido atacadas, pintadas con dianas y amenazas de muerte.

El desacuerdo con la amnistía a los imputado del Procés, que es políticamente transversal, supone una posición diferente cuando se inserta en el marco del debate democrático. Hay muchas sensibilidades heridas por esta decisión que saben argumentar de forma muy atinada sin promover la violencia ni el retorno a las cavernas de nuestra historia.

Guste o disguste, lo que ha pasado tras las elecciones del 23 de julio respeta las reglas del juego democrático. No es un golpe de estado, como dicen los perdedores, es el resultado de un movimiento muy claro en contra de la extrema derecha. Si el candidato del PP no ha sido elegido es porque al haberse aliado con VOX ha perdido el apoyo del resto del arco parlamentario, mostrando que hay un bloque democrático y otro de extrema derecha.

El esperpento de lo que ocurre cada tarde en la calle Ferraz me hizo pensar que no era más que una payasada pasajera. La cuestión que les planteo es si creen que se reducirá a algo anecdótico o no. Si este movimiento que incluye la violencia acabará por coger vida propia o no.

En una época en la que la realidad es absolutamente volátil y ya no funcionan las perspectivas a largo plazo, todo es difícil de predecir. Solo espero que el lunes 2O, mi querida Argentina haya dicho que NO a Javier Milei.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP).

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Deja un comentario