Cambio climático y decrecimiento

Josep Maria Panés*

Esta primera mesa sobre cambio climático y decrecimiento es, en cierta forma, una continuación de la Jornada Zadig del año pasado que estuvo dedicada íntegramente al tema del cambio climático y que, una vez abierto el tema, dejó muchas preguntas en el aire.

Un año no es mucho tiempo, pero tengo la impresión de que, desde julio del año pasado, se han producido algunos cambios importantes: diría que para una mayoría de la población el cambio climático era un tema de segundo orden, algo que quizás llegaría algún día, y ahora ya es una realidad que se impone por la fuerza de los hechos y que se expresa con una frase que oímos a menudo: el cambio climático ya está aquí.

No vivimos en la India, en Pakistán o en California, donde los fenómenos climáticos extremos están siendo ya muy extremos, pero la sequía que venimos padeciendo en España, con sus secuelas de desertización, pérdida de cultivos y deterioro de las condiciones de vida, nos confronta a un panorama muy preocupante, un panorama que me hace pensar en las palabras del dramaturgo alemán, Heinrich Müller, para el cual “el optimismo no es más que falta de información”.

Y lo cierto es que la información sobre el cambio climático cada vez es más abundante y cada vez circula y se extiende más: alumnos de primaria, taxistas, el vecino con el que hablamos un momento en el ascensor… Todo el mundo sabe ya cosas de las que hasta hace poco solo hablaban los expertos, los activistas y algunos -muy pocos- políticos. 

¿Por qué ha tardado tanto en hacerse presente, palpable, ineludible toda esta información? Quizás porque quienes tenían que darle curso, gestionarla, reconocer su importancia, no quisieron o no supieron hacerlo. Cosa que sucede a menudo cuando, como dice Ernesto Ekaizer, de tu opinión dependen tus ingresos.

Les contaré una anécdota de la Reina Isabel II. No siento ninguna simpatía por la institución que encarnaba ni, por supuesto, por el régimen colonial que representaba, pero en este caso reconozco en ella la capacidad del sujeto histérico para, ignorando los semblantes, atravesándolos, interrogar al amo, el del saber, en este caso.

Sucede que la Reina hizo una visita a la London School of Economics, institución en la que abundan los premios Nobel, y que esperaba de ella el previsible discurso amable y protocolario. Pero era en el año 2009, justo después del estallido de la crisis bancaria que trastocó la economía mundial, e Isabel II se dirigió a su anfitrión para preguntarle “¿Cómo es posible que ninguno de ustedes se diera cuenta de lo que iba a pasar?” 

Podríamos hacer la misma pregunta a los políticos responsables de luchar contra la crisis climática. Hace cincuenta años que todos los líderes del mundo tienen a su alcance los informes que preveían con toda exactitud lo que está sucediendo y, lo que es aún peor, lo que va a suceder. 

Ocurre ahora que algunos -algunos expertos y algunos activistas- están dando un paso más y convierten su preocupación, su angustia, su desesperación por el hecho de no ser escuchados en actuaciones -más o menos llamativas o aparatosas y que podrán gustar más o menos, pero que son siempre inofensivas.

A pesar de eso, estamos asistiendo a una práctica tan antigua como el poder, que consiste en matar al mensajero -en algunos lugares del mundo, esa expresión no tiene un sentido figurado: cerca de1500 activistas han sido asesinados en los últimos diez años- y constatamos que jóvenes activistas, científicos y pensadores de larga trayectoria son perseguidos por la policía, llevados ante la justicia y se exponen a sanciones y penas de cárcel por haberse pegado con cola al marco de un cuadro o por haberse manifestado ante las Cortes, rociando con pintura biodegradable sus paredes.

Es intolerable y creo que debemos reaccionar ante este trato violento y vejatorio. Personas como Jorge Riechman -matemático, filósofo y poeta- Fernando Valladares -científico del CSIC- o Juan Bordera -al que cito de nuevo como integrante de esta mesa- por nombrar solo a los que mucha gente conoce por su notoriedad, se exponen como he dicho a penas de hasta seis años de cárcel por dedicar tiempo y energías a intentar llamar la atención del Gobierno sobre la emergencia climática.

Quizás tenemos aquí una muestra más del lawfare, ese uso perverso del poder judicial con finalidades políticas, del que se hablará en la segunda mesa.

Es cierto, no sucede solo aquí: Francia, Alemania, Reino Unido… están adaptando su legislación para asimilar estas protestas pacíficas a actos de terrorismo. El poder capta, sin duda, el carácter subversivo de estos movimientos, que apuntan a la necesidad perentoria de un cambio en los fundamentos de nuestra incívica civilización.

El poder político -en tanto que ha de rendir cuentas ante los poderes fácticos que gobiernan la economía: la banca, las empresas energéticas- se muestra también incómodo ante las iniciativas que vamos a abordar en esta mesa, en la medida en que plantean una vía -el decrecimiento- que se presenta como una alternativa al capitalismo contemporáneo y una salida de sus impasses. 

Los medios de comunicación, por ejemplo, no se han hecho eco de las Jornadas por el decrecimiento que han tenido lugar hace poco, promovidas por un grupo de europarlamentarios. En ellas participaron algunos de los máximos promotores del decrecimiento: Jason Hickel -de cuyo libro “Menos es más” hablaremos hoy- Eloi Laurent o Giorgios Kallis, entre muchos otros. 

En España, Yayo Herrero, Carlos Taibo, Antonio Turiel o Juan Bordera -que participará en esta mesa- son algunos de sus más destacados defensores.

¿Qué podemos decir sobre el decrecimiento los psicoanalistas concernidos por estas cuestiones? Si el capitalismo contemporáneo, el que se desencadenó con la era Thatcher/Reagan, ha llevado al extremo la destrucción medioambiental y el cambio climático, una vía que propone reintroducir el límite, la dimensión del no-todo, algo del orden de la castración, no puede sino parecernos adecuado.

¿Pero, en qué medida nos parece un proyecto realizable?, ¿un proyecto al alcance, a estas alturas, del ser humano, del ser hablante? 

Para algunos psicoanalistas, el capitalismo no deja de tener -más allá de todos sus determinantes históricos- un carácter contingente, no determinado y, por tanto, abierto a la posibilidad de un proyecto de emancipación individual y colectiva. 

Para otros, en cambio, los cambios que convirtieron los modos tradicionales de explotación del hombre por el hombre en la maquinaria global de producción/destrucción que ha generado el discurso capitalista, estaban inscritos desde los orígenes del devenir humano.  

El propio Lacan no dudó en situar la eficacia del significante, elevado a una segunda potencia por el advenimiento, ineludible, del discurso de la ciencia, como la causa última de la acción de la pulsión de muerte, que no cesa de atacar el mundo natural tanto como las bases simbólicas que sostenían el lazo social.

No tenemos respuestas, pero en esta mesa y en los debates que seguirán les invitamos a reflexionar sobre todo ello.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP).

Presentación de la mesa sobre Cambio climático y decrecimiento en la Jornada Zadig del 3 de junio de 2023.

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