El cambio climático y su relación con la desmentida

Andrés Cerón Salazar*

A lo largo de estos encuentros hemos sido testigos de un ejercicio profundamente valioso, no solo porque asumimos desde el psicoanálisis nuestra posición dócil al dejarnos enseñar, sino que además hubo un verdadero dialogo de las diferencias; más plurales no pudieron ser esos encuentros, divergencias en los saberes y en las lecturas del fenómeno climático permitieron un posible bordeamiento, al menos de una parte del problema en cuestión.

No se trata entonces de hacer un resumen de lo dicho, lo cual sería por demás pretensioso de mi parte, poder abarcar toda esa lógica discursiva y de saberes, pero si puedo tomar las resonancias que, considero, están a la altura de una experiencia.

La revolución industrial sentó las bases de un profundo cambio en todos los órdenes mundiales, desde esa perspectiva, la producción/rendimiento se calcula de manera exponencial, sin dejar nada a su paso. Lo infinito ya no es el espacio, ni los recursos como horizonte fundamental, ahora está como propiedad de la capacidad humana en relación con lo que puede construir, por ejemplo el edificio más alto o que tan lejos al interior de la tierra o fuera de ella puede llegar. El desarrollo científico, comercial y tecnológico trajo consigo innegables aportes a la humanidad, avances en pro de la vida, aunque la paradoja de todo ello rebota ahora, ¿a qué precio ha sido todo ese avance?

Es justamente con el psicoanálisis desde donde interrogamos este afán desmedido del crecimiento, de esto que se ha llamado modernidad. El aporte fundamental del psicoanálisis es que formula una mirada distinta de lo humano, esa vuelta de tuerca no permitirá jamás perder de vista su naturaleza intrínseca, la particularidad inconsciente y la ruptura de la ingenuidad atribuida a la naturaleza humana.

A lo largo de estas 8 mesas de encuentros fructíferos con otras disciplinas nos han mostrado justamente esa relación a la naturaleza, en un esfuerzo de encontrar un espacio conjunto para dejarnos enseñar por los que saben. Recorrí atentamente sus palabras, intentando atrapar lo que desde su discurso se muestra como el efecto de lo humano sobre la tierra.

Me pareció no solamente enseñante sino revelador ubicar tres elementos fundamentales, los cuales me permitieron orientar mis cuestionamientos a partir de lo escuchado alrededor del cambio climático; los reúno en los siguientes enunciados:

1. Es un problema que no puede ser abarcado desde un solo ángulo.

2. La solución, si la hay, requiere de la participación articulada de muchas voluntades, que incluye a todos los sectores sociales.

3. Ni es claro ni es obvio que se quiera detener.

En los enunciados, la X, la variable de la fórmula es lo humano, es lo que los atraviesa. La particularidad humana no solo radica en la imposibilidad de hacerse ser por sí mismo, pues necesitará de otro que lo signifique. Es también porque la pregunta sobre sí mismo no cubre por completo la posibilidad de respuesta a eso que es constitutivo y constituyente, ya que, además, mostrará su propia falta.

Entonces, si el cambio climático es efecto del hacer humano, ¿qué empuja a sostener ese efecto?Pues no solo es el acto que elimina el propio hábitat, sino que elimina toda posibilidad de lazo. En palabras de Laurent (2009), advierte sobre la propuesta en el siglo XXI del lazo social como singular, dice “el lazo social en singular no existe, lo que existe precisamente es su fracaso. Hay formas de hablar que hacen lazo, no hay lazo social, hay lazo de discurso que vienen a ocupar este lugar imposible”. En tiempos en donde el otro pierde consistencia, se liquidiza, como afirmaría Bauman, pone en tensión lo que se ubica como límite, lo que posibilite hacer corte, pues actuamos por responder a un ideal vinculado al superyó.

Surge así la pregunta de si podemos encontrar una fórmula que permita articular el cambio climático con lo real lacaniano. Lacan afirma “lo que no ha llegado a luz de lo simbólico aparece en lo real”, el cambio climático al ser un efecto de las acciones humanas destinadas por ese más que se quiere siempre, es un goce sin límite, donde los mismos efectos no se muestran para ser descifrados ni interpretados, o buscar dar una lectura de ellos. Empero, parece necesario que el interrogante sea directamente sobre lo humano, como efecto de su propio psiquismo.

Desde ahí cuestionado lo humano, es factible pensar que los efectos del cambio climático no son producto de la imaginación, pero si del propio psiquismo, pues entonces, ante una decisión subjetiva o incluso una formulación de la vida cotidiana, ¿qué es lo que realmente le pertenece al sujeto mismo? De todo lo que hay a su alrededor, ¿qué es realmente de él? Ante su propia construcción, al enfrentar los efectos de sus propios actos, ¿qué realmente podría operativizar la negación, la forclusión o la denegación, como fórmula de defensa ante su propio acto? o es que en realidad el discurso capitalista ha permeado tan profundamente que, al estar amarrados de forma particular a esos significantes propuestos por dicho discurso, es que no podemos ver la implicación subjetiva en todo ello.

Lacan afirma: “el sujeto verdadero es el sujeto del inconsciente”. Esto implica también aceptar que hay pulsión de muerte y pareciera que justo por la presentificación, el saber que vamos a morir es que el decurso de nuestras acciones necesita un desliz más sutil y complejo a la vez. Me refiero a la desmentida, donde el punto central de esta condición inconsciente es la base de la existencia misma, el cual empuja constantemente, esfuerzo éste que requiere de una armado que ubique la tensión pulsional sin tener que elevarlo a la condición de síntoma, dejando eso sí, intacto el goce, haciendo de la negativa del sujeto a reconocer la realidad de una percepción.

No se trata de un saber no sabido, sino más bien que ese saber no alcanza a hacer corte de la intensión gozosa. A lo largo de los encuentros pudimos escuchar como la advertencia sobre el cambio climático ha sido presentado en todos los ambientes sociales y políticos, que además dicha advertencia no es nueva, no obstante la respuesta a ella es precaria o nula, pareciéndose al título de la novela de Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada. Con lo anterior no estoy implicando una generalización, ya que justo este ciclo muestra la excepción. Nuestros invitados expertos en el tema han advertido que no se trata de un fenómeno sin rigor científico y evidencia empírica, basta con observar cómo nuestras temperaturas en regiones muy distantes geográficamente, con influencias climáticas muy distintas han y están padecido el peor de los embates climáticos con altas temperaturas, me refiero por ejemplo a Argentina y Europa, en donde se registra la época con mayor calor en la última década.

No se trata tampoco de una alucinación, pero si de una intencionalidad del sujeto en poner en juego la evidencia de su inconsciente, haciendo que algo quede forcluido del universo simbólico,  pero que con ello no produce un desencadenamiento, es como si tomáramos, a modo de ejemplo, el lenguaje de los adolescentes, su jerga propia de cada época, caracterizada por construir palabras y formas de expresión que no alcanza el adulto a comprender o que le queda inaccesible ese universo representacional del joven. Miramos con asombro que el joven esté tan activo e interesado por la tierra, pero sin poder comprender muy bien el porqué de su interés.

Por otra parte, desde otro ángulo si se quiere ver así, nos mostramos en diferencia a lo animal por distintas condiciones, entre ellas, el tener conciencia de nuestra muerte, de saber que en algún momento hemos de morir; pero es esa misma capacidad de pensar, con la que nos atrevemos a pensarnos a nosotros mismos, que resulta muy distinta en relación a la poca claridad con la que se muestra nuestro inconsciente, el cual perturba la ilusión de transparencia de lo humano, distando así de lo inconsciente.

Se duda del cambio climático y eso es resistencia, pero ¿a qué?, ¿a qué tipo de pensamientos inconscientes se resiste?, por tanto, no es falta de información sobre el cambio climático lo que aqueja al pensamiento humano o que de ello el inconsciente no tome mano y saque partido. El sujeto resultante del saber inconsciente es una articulación significante

Lo correcto y lo incorrecto ya no funciona, como lo he dicho antes, actuamos por responder a un ideal fuertemente vinculado al superyó, haciendo siempre que ese “un poquito más de satisfacción” sea convertido ahora en un insaciable poquito más. La desmentida entonces proporciona salvaguardar la angustia dejando una porción de real intacto, susceptible solo a la afirmación «todos vamos a morir» y ahí aparece un discurso que no se deja escuchar, que no inscribe, un real que retorna y si se me permite, se aloja en un ángulo fuera del alcance de la mirada, pero que hace posible un saber conciente de una parte, de la otra no.

No parece entonces que sea una negación esta enorme situación del cambio climático, y si bien las versiones más optimistas permiten pensar que hay un retorno de eso que ya está echado a andar, otros y me incluyo, es que tal vez no sea del todo mal hacernos cargo de nuestra extinción. Eso sí, no de cualquier modo ni a cualquier precio.

Tal vez asumir el costo de nuestro invento de ser humanos permita, bajo la lógica deseante, proponer una vuelta más, dejándonos enseñar sin dominar, pero tampoco pretendiendo que somos ajenos a un discurso de consumo. Ese real que no se nombra.

*Psicoanalista.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Intervención del 23 de julio 2022 en el evento: “Un esfuerzo de ecología” organizado por Conferencias Introductorias al psicoanálisis lacaniano del siglo XXI. Colombia 2022.

Fuentes consultadas

Lacan, J. (2003). Escritos Tomo 2. Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud. Siglo XXI editores.

Laurent, E. (2009). Inconsciente y síntoma, XV Jornadas anuales de la escuela de la orientación Lacaniana. El delirio de un inconsciente sin el síntoma. Grama ediciones.

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