¿Cómo no darle la espalda a la cuestión social?

Catherine Salamanca Ballesteros *

Gabriel García Márquez, en Cien años de soledad: “[…] En la noche, después del toque de queda, derribaban puertas a culatazos, sacaban a los sospechosos de sus camas y se los llevaban a un viaje sin regreso. Era todavía la búsqueda y el exterminio de los malhechores, asesinos, incendiarios y revoltosos del Decreto Número Cuatro, pero los militares lo negaban a los propios parientes de sus víctimas, que desbordaban la oficina de los comandantes en busca de noticias. “Seguro fue un sueño”, insistían los oficiales. En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz. Así consumaron el exterminio de los jefes sindicales.”

Lo que se inició como una convocatoria nacional debido al gran malestar por la reforma tributaria, en medio de la crisis social y económica que estamos atravesando producto de la pandemia, es hoy un paro indefinido. Recientemente en noviembre de 2019 existieron algunas manifestaciones, sin embargo, esta es una deuda histórica, una muestra de ello es el fracaso de un gobierno al establecer el acuerdo de paz en 2016 con el grupo guerrillero. El 28 de abril del 2021, estudiantes, agricultores, comunidades afrocolombianas e indígenas, personas LGBTIQ… colombianos, población multirracial y multiétnica han salido a marchar, sin llegar a un acuerdo hasta la actualidad.

En los últimos días hemos sido participes del horror expresado en desapariciones forzadas, violencia policial, hambre, pobreza, desempleo, debilidad institucionalidad. Se afirma que estamos en un ejercicio de despertar como sociedad que ha llevado a “actos de resistencia”. Sin embargo, existen barreras invisibles que son imposibles de franquear, los enfrentamientos en las calles no han cesado, el proceso de diálogo se complejiza, un país en el que no se han dado soluciones estructurales a aspectos que son urgentes.

En un país atribulado, en donde no existe representatividad, las desigualdades se traducen en frustraciones, una juventud muy diversa con una autoridad completamente caída, una realidad asociada a la falta de futuro. La movilización ciudadana activa y permanente responde a dichos malestares. A diferencia de otras latitudes del mundo, la movilización es relativamente nueva, una movilización social persistente durante más de tres semanas es nueva en la historia de Colombia de los últimos 50 años.

Un real sin ley, no hay amo. Surgen significantes como: indignación, desamparo, desprotección, inequidad, miedo, privación, dignidad, exclusión, impotencia, desesperanza, consternación, agotamiento, impotencia, culpa, dolor, rencor, vacío, algo de lo indecible.

Existen fronteras invisibles que nos atraviesan que generan más desesperanza, en donde emerge algo innombrable. En el ejercicio de despertar, la protesta también tiene un carácter de lazo social; es la protesta desde el cuerpo, poner el cuerpo como vía directa de manifestación, en donde a su vez se hace un llamado al Otro, sin dejar de lado los efectos de masa, lo que cada uno es, es en el otro. ¿A qué consiente cada uno en el lazo, es un lazo con la política, es un rasgo, un ideal, una identificación colectiva? Momentos de cohesión como si fueran un solo cuerpo, dicho efecto de masa como si solo existiera una mente, a su vez se percibe algún efecto tranquilizador cuando se está en medio de la masa, como si existiera cierto respaldo, estos grupos se forman también con un poco de satisfacción. A su vez se escucha que no hay salida, cargada de una amplia desesperanza frente al futuro.

Se debe estar advertido del carácter acrítico de dichos movimientos, sabemos que no existe la verdad. Estar atentos a qué la voz colectiva no borre la voz particular, si bien la juventud es la constructora de lo venidero, es fundamental no convertirla en ideal. 

Las redes sociales por su parte juegan un papel importante en la protesta, frente a organismos internacionales, reclaman a los estados su protección. La ciudadanía es quien cubre las protestas por medio de los omnipresentes celulares, incluso los medios de comunicación tradicionales caen deslegitimados. La protesta ahora se ve a través de los “en vivo” en Instagram, se analiza trino a trino, se crean momentos de conversación en “espacios” de Twitter, se “organizan” en publicaciones de Facebook. Y luego aparece la censura, la transparencia brilla por su ausencia.

También ha aparecido el arte y la cultura como invención, existen manifestaciones pacíficas que pasan por la toma de las calles, las arengas, la música, el baile, los grafitis, los cacerolazos. Han surgido múltiples espacios que invitan a la conversación, diálogo con el fin de escuchar diferentes voces, encontrarse con otro. La realidad toca a cada ser hablante de diferente forma, sin embargo, nos toca a todos. 

He escuchado en la clínica un incremento de la compulsión a estar enterados y entender lo que pasa, siendo cercanos a la sobreinformación, el exceso está presente, intentando dar explicación a lo sucedido desde diferentes aristas, aspecto que incluye algo de su propia confusión y a su vez impotencia al no saber qué hacer. 

Siguiendo a Lacan, la angustia es el único afecto que no engaña (1), se hace evidente en la clínica actual, con mayor ímpetu en las últimas semanas, aparece el real. Sabemos que cada uno se encuentra descompletado por un real, eso tenemos en común. Sin embargo, la angustia impide el pensamiento. En la posición analítica nos dejamos orientar por lo real. ¿Cómo hacer frente a lo real de lo social? El goce se presenta de diferentes formas, quizá generar una dialectización, generando más preguntas que respuestas, sin dejar de lado que la enunciación tiene que ver con el deseo propio (Está en juego el objeto voz, lo que importa es la enunciación, la voz).

Ahora, frente a la pregunta ¿Cómo no dar la espalda a la cuestión social? Es una clave de lectura la del psicoanálisis, quizá la apuesta del psicoanálisis sea hacer un borde. No estar desde la identificación segregativa. Recordando a Jacques Alain Miller en la presentación del libro Polémica Política (2), “hay que salir del consultorio, el analista debe ser analista ciudadano, no quedarse callado”. Se trata de sostener la causa analítica, darle lugar al psicoanálisis en los fenómenos sociales. 

El no dejarse orientar por el sentido, docilidad a lo singular que está en los fundamentos, tomar un riesgo analítico, saber articular el uno por uno con en el sujeto de lo colectivo. No podemos dejar de lado que el psicoanálisis funciona en cada cultura diferente, sin dejar de lado que la práctica, el acto analítico, y la acción del analista implican un riesgo. 

Recordando a Miller (3) quien expuso: “Es verdad que nuestras intervenciones van en contra del sentido común. Tenemos la posibilidad de tomar el revés del sentido común o hacer ver los axiomas del discurso del debate público […] mostrar que hay algunos axiomas que determinan todo el discurso público. Eso creo que es un aporte analítico que puede ser útil para los seres hablantes, para los ciudadanos”.

En dichos movimientos sociales, se activa la pasión del odio puesto que se excluye en su ordenamiento lo real del goce, que siempre retorna bajo diversas modalidades. Por ejemplo, el desencadenamiento de violencias, la erosión del lazo social y el racismo. Pensar que el enemigo siempre es exterior, olvida que hay una extimidad propia del sujeto humano.

El racismo se encuentra asociado al odio, la extrañeza de un cuerpo en su condición de un real verdaderamente Otro que desasosiega. En el racismo hay una condensación social del odio cotidiano que circula en las relaciones humanas, un cierre al deseo de saber; goce sin límite, un goce inasimilable. Lo siniestro retorna en tanto exceso acrecentado en su potencia destructiva, donde lo incalculado y la aberración se encuentran para la degradación del sujeto, puesto que se degrada a sí mismo o es degradado por sus semejantes. Un desborde de la pulsión de muerte que se ve expresada en excesos de odio segregativo, en cada una las muertes que hasta el momento ha traído el paro.

No es el choque de las civilizaciones, sino el choque de los goces. Esos goces múltiples fragmentan el lazo social, de ahí la tentación del llamado a un Dios unificante. Laurent citando a Lacan afirma que el racismo, en efecto, cambia sus objetos a medida que las formas sociales se modifican, pero, según la perspectiva de Lacan, siempre yace, en una comunidad humana, el rechazo de un goce inasimilable, resorte de una barbarie posible como recalca Eric Laurent (5).

Lacan insistió sobre esta dimensión del racismo, para subrayar que todo conjunto humano conlleva en su fondo un goce extraviado, un no saber fundamental sobre el goce que correspondería a una identificación. Siguiendo el Seminario 18 Lacan (6) afirma: “[…] En lo que puede sobrevivir, hará bien en pensar que todas las formas de racismo en la medida en que un plus de gozar sirve para soportarlo están hoy a la orden del día, son una amenaza para los años futuros.”

El racismo y la segregación dentro de las formas que adopta el malestar en la cultura, así mismo la justicia y la igualdad se convierten en una vigilancia universal en pro del bien. Miller en Extimidad (4) define racismo como el odio al goce del Otro, que no es más que el odio al propio goce que nos habita. Esta extimidad del ser cuando no se la aborda éticamente y de manera singular, se transmuta en un no querer saber y en odio al ser del Otro, entonces es vivida como una invasión intolerable lo que delata en consecuencia su precariedad que es rechazada con el odio. 

Así, lo siniestro del racismo hoy radica en que el odio ya no es una vergüenza personal, empuja radicalmente al acto, el olor a sangre no perturba la cotidianeidad, sino que se constituye en lazo social obsceno, desconociendo el hecho real de la diferencia irreductible de goce y la heterogeneidad del ser particular y social. 

No se desconoce el autoritarismo palpable al que nos vemos abocados, incluso la militarización en las grandes ciudades es muestra de ello, sin embargo, no se puede perder de vista que también se está buscando un ordenamiento artificial al desconocer el factor goce. Dicho goce segregado, insiste y promueve actos violentos de los que estamos enterados día tras día, violaciones a mujeres, muertes a jóvenes, a policías, una furia ciega y deshumanizante. Sin embargo, la idea de la utopía de una sociedad igual, bajo la ley del para todos, desconoce la dimensión otra del goce. El para todos ahonda la presencia del racismo y de la violencia. 

Aparece la urgencia subjetiva constantemente en la clínica, la misma no es una guía, sin embargo, debe ser escuchada sabiendo que puede estar acompañada de angustia. La angustia como orientación de un punto de real, como señal, del propio deseo, o del deseo del otro (exceso del goce). Lo real es éxtimo, sin desconocer la ética del bien decir asociada al funcionamiento del síntoma, al goce.

Darle una mirada a la política, también es asunto de psicoanalistas. Quizá la mirada a la política, la escucha diferente frente a los fenómenos sociales, también deber ser un consentir que surja desde lo singular del analista, del uno por uno del analista, al no existir tampoco el analista. Asumir una política y asumir una política más decidida.

Hay algo de la temporalidad que es necesario, hay que hacer un cálculo colectivo. ¿Qué se repite y qué es diferente esta vez? El tiempo de lectura se debe abrir a la ciudad, sin dejar de lado algo del discurso analista, una palabra que no cierra, y encontrar el bien decir en el caos. Hay que perder para conversar, hay que poder perder y articular algo de nuevo. En palabras de Maria Hélène Brousse, la Escuela no es comunitarista, se apoya en una formación colectiva basada en la soledad de cada uno, una comunidad donde lo real se sitúa en posición de causa. 

Si bien no se trata de tomar partido, sino participar en el debate público, aportar una perspectiva analítica, quizá el partido que se deba tomar sea por la libertad del cuerpo y de la palabra, teniendo en cuenta que el ejercicio del psicoanálisis es un ejercicio de libertad. Que el tiempo de leer y comprender no nos sobrepase, se debe hacer un esfuerzo y conocer la enunciación de otros. Frente a lo real no se retrocede, se hace con el amo de otra manera a partir de los rasgos de cada uno. 

Dejo la conversación abierta, estas líneas son una incipiente lectura frente a lo innombrable que está aconteciendo, una provocación entre los actuales impasses. Van surgiendo invenciones, eligiendo hacer con lo que hay, sin ser indiferentes, sin quedarse callados, teniendo en cuenta que no hay enunciación colectiva, es desde el uno por uno.

*Asociada Nel – Bogotá, Colombia. Participante Sección Clínica Barcelona, España

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Referencias Bibliográficas 

1. Lacan, Jacques. La angustia. Buenos Aires : Paidos, 1962-1963.

2. Presentación del libro Polémica Política. Compilado por Andrés Borderías. En la presentación participaron: Jacques Alain Miller, Andrés Borderías. Felix Rueda, Vilma Cocoz, Vicenta Palomera, Rocío Cid, Howard Rouse, Montserrat Puig, Miquel Bassols, Joaquín Carretti, Lorena Oberlin, Anna Aromí, Antonio Carrero, Angelina Harari. 2 de Mayo del 2021.

3. Idem 

4.Miller, Jacques Alain. Extimidad. Buenos Aires : Paidós, 2010.

5. Éric, Laurent. El Racismo 2.0. Lacan Cotidiano  : Número 371.

6.. Lacan, Jacques. Seminario 18. De un discurso que no fuera del semblante. Buenos Aires : Paidós, 1971.

7.. Lacan, Jacques. Seminario 17. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1969-1970.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s