Escuela de deseo

Xavier Esqué*

La Escuela de Lacan, nuestra referencia, aquella respecto de la cual cada una de las Escuelas que conforman la AMP aspira a ser digna, es una Escuela de deseo. Deseo de saber, de aprender, de transmitir el discurso analítico, deseo en fin de asegurar la existencia del psicoanálisis en el mundo. En este sentido, la Escuela es un medio, no es un fin en sí mismo. El deseo de Escuela cuando no se encuentra firmemente anudado a la causa analítica puede muy bien acabar convirtiéndose en una Sociedad, en una SAMCDA (sociedad de ayuda mutua contra el discurso analítico), como en su momento Lacan calificó a la IPA.

Tenemos también el ejemplo de Lacan disolviendo su Escuela al darse cuenta de que ella no estaba al servicio de los principios para los que fue fundada, buena manera de poner en acto el principio de que la Escuela debe estar al servicio del psicoanálisis y no al revés. Es decir que en tanto analistas tendríamos que estar advertidos de que la pulsión de muerte anida en todo grupo o comunidad, y que por tanto es desde la misma Escuela que hay que hacerle la contra, de hecho, el mismo concepto de Escuela incluye la idea de contra-experiencia respecto a pasadas formas de organización.

De ahí que, en el centro de la Escuela, en su mismo corazón, ponemos el S(A/), éste podría ser nuestro logo, lo que nos representa: un agujero en el saber. No es nada fácil, no va de sí, que en el curso de la vida de una Escuela este agujero se mantenga operativo. Hay momentos en que el agujero se hace más patente, por ejemplo, en tiempos instituyentes, o en ciertos momentos de crisis, pero en el run-run de la marcha en modo automatón de la Escuela a veces se hace más presente el deseo de dormir en lo ya sabido que el deseo de saber.

La mayor experiencia de la fuerza que mantiene operativo el agujero en el saber, y que por tanto mantiene a raya a la pulsión de muerte, es el pase. La Escuela del pase es un excelente tratamiento para la infatuación del analista, una infatuación que es incompatible con el deseo de saber y por tanto desacorde con el funcionamiento del discurso psicoanalítico.

Ahora, además, desde su creación por Jacques-Alain Miller en 2017, la Escuela tiene una extensión que es Zadig, un nuevo dispositivo fundado para hacer escuchar la voz del psicoanálisis en la civilización, en el campo de “lo político”. En masculino, como lo dice Lacan. Ya que no se trata de incidir en la política desde el punto de vista ideológico. “La intrusión (del psicoanálisis) en lo político”, señala Lacan en el Seminario 17, pasa por tener en cuenta los cuatro discursos, y reconocer que no hay discurso que no sea del goce.

La subversión analítica no pasa entonces por entrar directamente en la escena de la política partidista, que es la del discurso del amo, salvo en casos extremos y puntuales. La posición de exterioridad del psicoanálisis respecto al significante amo ha de ser clara, a lo que Lacan apuntaba es a una posición de extimidad.

Por otra parte, que Zadig sea una extensión de la Escuela no debería llevarnos a confundirlo con ella. La principal función de la Escuela es la formación del analista, devenir analista es una tarea perenne, no se termina. La existencia del psicoanálisis depende directamente de la formación del analista, de psicoanalistas capaces de conducir su experiencia analítica propia -así como la de sus analizantes- hasta el final. También se precisan psicoanalistas bien formados para hacer escuchar el discurso analítico en el campo de lo político, y bien formados no significa que saben ya lo que hay que hacer, sino que están causados por un deseo de saber. No hay extensión sin intensión.

La entrada a la Escuela es selectiva, se requiere análisis, formación, control de la práctica. Por el contrario, la adhesión a Zadig es totalmente abierta, tan solo una condición, que tiene toda su importancia y que a la vez nos orienta sobre la propia lógica de Zadig, el único requisito es el de no pertenecer a ningún partido político. La política de Zadig es entonces política del psicoanálisis, política del síntoma, clínica de la civilización como en otro momento Miller había propuesto. A los nuevos síntomas de la civilización les falta interpretación, no todo pasa por la ley, pero para que esta interpretación llegue a su destino es fundamental generar transferencia. En este sentido, creo que Zadig no debería mirar tan solo a la Escuela para que un mayor número de analistas se adhieran a la tarea, sino ocuparse de suscitar nuevas adhesiones de profesionales de otros discursos capaces de simpatizar con el espíritu del campo freudiano.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Publicado en el XVI Boletín del VI Encuentro de Elucidación de Escuela, 13 de abril de 2021. (https://www.facebook.com/Escuela.Lacaniana.de.Psicoanalisis)

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