El aparato de psicoanalizar en el sentido de Searle

 

Solana González Basso*

 

“Si el relativismo provoca una insurrección en los científicos, es porque tienen la idea de que todo no es semblante. Nosotros nos ajustamos también aquí al hecho de que hay real en la experiencia analítica. Aún hay que saberlo poner en el sitio adecuado.” J-A. Miller

Pasados unos días de la irrupción de la pandemia escribí un texto del cual quisiera retomar su final: “La localización del universal -sea este limitado o fragmentado- incide en la manera de dar respuesta a ¿qué quiere decir eso que irrumpió? Podría suceder que la sentencia de Wittgenstein ‘De lo que no se pueda hablar mejor callarse’ sirva como ayuda frente al signo contemporáneo de que de todo debe decirse, del cual la infodemia entre otras cosas, da muestra. Pero también podríamos orientarnos de manera russelleana y estar advertidos ‘El sentido es como el conjunto de Russell: nunca permite una completud’. Si todos los discursos tienen fuga y tienen tapón, no apresurarnos a suturar. Porque nuestro real, el que proponemos, no se capta con los aparatos de la ciencia. O lo que es lo mismo, con su modo de conceptualizar, suturar, lo que irrumpió”.

Lo que me interesaba en aquel texto era el modo en que el uso de la filosofía analítica podía servirnos de brújula frente al estallido del sentido que provocó la irrupción del virus. Sobre todo, una pregunta pulsaba en mi texto ¿cómo va a encontrar el psicoanálisis su lugar frente a ello? Por un lado, se verificaba que la pandemia implicaba también un neoplasma, un crecimiento anómalo, que la propia OMS advirtió con el nombre de infodemia. Frente a esto no estaba tan segura de que, en este contexto, si optábamos por una respuesta más cercana al primer Wittgenstein nuestra incidencia no quedara del lado de la impotencia. Finalmente proponía en aquel texto que podíamos hacer uso de la vía russelleana y estar advertidos de la dialéctica entre fuga y tapón, de paso esto permitía calibrar una diferencia con el modo en que la ciencia sutura. Sin embargo, no me detuve aquella vez en el hecho que frente a la irrupción de un virus a una escala pandémica la OMS considerara necesario inventar un término ¿Cómo leer que frente a la pandemia con sus consecuencias sobre la vida o muerte de los cuerpos se hubiese considerado como una necesidad pronunciarse sobre la proliferación de la información? No estaba tan segura de que eso respondiera solo a una cuestión del cuidado sino también al obstáculo que suponía ese fenómeno en sí mismo. ¿A qué respondía la necesidad de nombrar la infodemia sobre todo cuando ya existía un término anterior fake news que advertía a los lectores sobre las noticias falsas y verdaderas? No parecía que estuviera en juego un criterio de delimitación de verdad o falsedad sino más bien el modo en que se emplaza en la actualidad la construcción social del sentido. En otras palabras, el relieve que éste adquiere de proliferación ilimitada, de múltiples esferas de creencias, de incesante recorrido por las redes.

Es en este punto que me interesa traer a Searle, sobre todo para ubicar los efectos de un realismo mudo cuando se trata del aparato de psicoanalizar. Esta expresión que Miller lanza como una ironía, se acompaña de una pregunta “¿el aparato de psicoanalizar es un aparato de influenciar?” Esto me permite dar una vuelta más a mi primer texto en donde ubicaba la diferencia entre el real que propone el psicoanálisis y el de la ciencia. Lo que me interesa ahora es, parafraseando a Miller, poner en relevancia que no basta con decir hay lo real en la experiencia analítica, sino que hace falta saber dónde ubicarlo. ¿Por qué Searle entonces? Porque se trata de que frente a un universo solo del semblante cuando el psicoanálisis afirme que existe lo real este no sea “un real tan infantil, tan limitado, tan fútil como el de Searle”. En otras palabras, no hacer del psicoanálisis un aparato de influenciar sostenido de un realismo mudo. Es Searle quien abre a la filosofía analítica a los fenómenos del sentido, ubicando que un hecho bruto (x) cuando pasa a ser representado (y) se convierte en un hecho institucional en un contexto dado. Para que esta postulación no se deslice hacia un relativismo, para evitar podríamos decir esa infodemia, esa proliferación de múltiples creencias, salva lo real. No es este un movimiento desatinado sino más bien estrictamente lógico. En el momento que Searle escribe existía una puesta en cuestión del modo en que la ciencia afectaba a lo real de parte de un sector de la propia comunidad científica. Un cierto viraje a anclarse solo en esa comunidad en sus acuerdos y en un esteticismo de las formas de hablar. Habría que retomar esto a la luz de esta pandemia donde la consistencia de los científicos ha tomado una relevancia inusitada. Hay un texto del Página 12 de hace unos días donde José Pablo Feinmann se pregunta que va a pasar con la creencia religiosa ahora que los científicos la han relevado de su lugar. Searle en un momento anterior advertido de una deslocalización de lo real por parte del relativismo desde su núcleo de lógico dice que más allá de las múltiples descripciones que puedan haber de (x) existe el Everest, el hecho bruto. Sin embargo, el problema de ese salvataje de lo real, tal como lo señala Miller, es que lo vuelve mudo porque en cuanto empieza a hablar cae en el relativismo. Aclaro que ese problema lo es en tanto que nosotros psicoanalistas.

Volvamos a la OMS y al hecho que frente a la irrupción del virus haya inventado un término para la proliferación del sentido. Hipoteticemos que Searle responde: existe lo real del virus frente a múltiples descripciones de la infodemia, estas parten del hecho bruto, y el hecho es lo que es. ¿Qué pasaría si el psicoanálisis respondiera del mismo modo sosteniendo así un real forcluido del lenguaje? No solo abonaría lo inefable, sino que sacaría los pies del plato de la experiencia psicoanalítica, en donde la referencia a lo real la da el síntoma “única cosa que en lo real sigue teniendo sentido”. Por otra parte, éste al integrar un fenómeno de creencia en lo real es el reverso del imperio de la infodemia en donde más bien opera el sin tope de la proliferación de las creencias. Retomo la pregunta del principio ¿cómo va a encontrar el psicoanálisis su lugar frente a la pandemia? No diciendo existe lo real, sino sabiendo ubicarlo en su lugar. Solo así pese a las formas en que la religión triunfe el psicoanálisis sobrevivirá …o no.

*Psicoanalista. Participante del Observatorio de género, biopolítica y transexualidad (EOL/FAPOL)

 

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

 

Bibliografía

J-A. Miller. El aparato de psicoanalizar. Virtualia n°9. Revista virtual de la Escuela de la Orientación Lacaniana.( 2004)

J, P. Feinmann. Dios y la Pandemia. Contratapa. Página 12. 7 de junio 2020

S, González Basso. El maletín del profesor X. Crónica 33. En Crónicas XXI. Grama Ediciones

El texto de Miller El aparato de psicoanalizar surgió de un intercambio hace muchos años con Alejandro Daumas a quien quiero en este momento no solo recordar sino también agradecerle por su generosa, orientada y vivificada manera de habitar y transmitir el psicoanálisis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s