¿Apostar por los ideales o por la convivencia?

¿Apostar por los ideales o por la convivencia?

 

Margarita Álvarez*

 

El psicoanálisis nos enseña que los otros no nos decepcionan nunca. Aunque no se comporten como esperábamos o, incluso, si fuera el caso, como nos habían dicho que harían, cada uno se decepciona solo. Si se sufre una decepción es porque previamente se había hecho una ilusión, porque había creído algo.

Pero esto, en sentido estricto, es responsabilidad suya. No se puede reprochar a los demás las propias ilusiones o creencias.

Eso no exime de responsabilidad a los que se han dedicado a propagar esas ideas. No porque haya, como digo, una relación directa e inexorable entre que alguien diga y otro crea, sino porque cada uno es responsable de lo que dice y eso incluye hasta cierto punto sus efectos. No se puede decir, en sentido ético, cualquier cosa.

El caso de algunas sectas extremas lo ilustra bien. En los años 70, por ejemplo, el estadounidense Marshall Applewhite creía que los extraterrestres habían visitado la Tierra en el remoto pasado trayendo la humanidad a ella, y que en algún momento volverían para recoger a unos pocos elegidos, que pasarían entonces a un  nivel evolutivo superior de la vida.

Hasta aquí el relato no deja de ser una variante un poco más “exótica” de lo que preconizan algunas religiones. Pero, en base a esta creencia, que por supuesto es una certeza delirante, creó una secta llamada “La puerta del cielo” y, resumiendo, convenció a sus seguidores de que se suicidaran, cuando pasara el cometa Halley, para que sus almas, siguiendo la estela de éste, pudieran acceder a ese plano más elevado. El sacrificio demandado, en este caso de la vida, merecería la pena.

Puede sorprendernos, pero ese día se suicidaron treinta y nueve personas.

Pero habría que diferenciar la responsabilidad de Applewhite de la responsabilidad de cada uno de sus discípulos. El primero deliraba, pero, ¿por qué cada uno de los que se suicidaron creyó “religiosamente”  lo que les decía?

No lo sabemos. Podríamos pensar, teniendo en cuenta el testimonio de aquellos que lograron salir de ésta u otras sectas, que eso dio de algún modo sentido a sus vidas en un momento de crisis, que les hizo sentir mejor, que siempre habían deseado que les pasara algo especial, que …

En todo caso, sabemos que las sectas siempre ilustran sobre el encuentro “exitoso” entre un líder que se presenta como siendo el único que tiene la verdad, con frecuencia un paranoico, y unos neuróticos, en una situación vital difícil, que buscan una salida, un sentido.

Pero este funcionamiento de las sectas  no es algo en sí mismo raro. Por el contrario, participa en su esencia del funcionamiento habitual de la mayor parte de los grupos humanos que afortunadamente no llegan las más de las veces a esos extremos: nos sentimos cerca o nos unimos con aquellos con los que compartimos ideales y creencias parecidas; el hecho de que haya más personas que piensan como nosotros da a nuestras creencias consistencia de verdad, frente a aquellos que piensan de otro u otros modos.

El ideal siempre reúne bajo sus alas poderosas a los que le siguen enturbiando siempre su visión sobre lo que hay alrededor. E igualmente siempre segrega, arroja a la oscuridad social, a quienes, supuestamente de manera equivocada, no comparten las mismas ideas. Introduce entonces la lógica de la identificación y la segregación,  que nos hace más acríticos con nosotros mismos y más críticos con los otros, y nos conduce a la guerra del sentido con los otros y por el sentido.

Freud publicó hace cien años su trabajo sobre Psicología de las masas, y muchos de los dramáticos sucesos acaecidos después, a lo largo del siglo XX, no han dejado de confirmar una misma estructura de base: reunión de un grupo bajo una idea sostenida por un líder, que se vuelve un referente, un ideal; el grupo tiende a homogenizarse bajo sus efectos, a creer que todos sus integrantes son iguales, y que son de fiar, es decir, amigos, lo que exilia los autocuestionamientos; en la misma medida, tiende a acentuar su extrañeza frente a los que no comparten las mismas ideas, llegando a considerarlos como una amenaza o un enemigo, es decir, acentuando la  desconfianza hacia ellos.

Este funcionamiento de los grupos se funda en una estructura poderosa y firmemente enraizada en la vida social y en nosotros mismos. Después de todo, el pensamiento en la infancia se empieza a organizar sobre la división “yo/tú, nosotros/ellos”, que tendemos a reproducir luego con los otros. De hecho, es difícil superarla. El hecho de que los individuos de cualquier  grupo social, incluso los más radicales, tiendan por ejemplo a comportarse igual, incluso en cosas tan banales como la manera de vestir o de hablar, o los libros que leen o no leen, no deja de ilustrarlo. Solo podemos separarnos de esa lógica con determinación, es decir, con un deseo de algo mejor.

Esta determinación constituye una apuesta ética del sujeto en la vida colectiva. Digo “ética” y no “moral”, porque compete a la relación del sujeto consigo mismo -con sus ilusiones, sus creencias, sus ideales, sus rechazos…-, aunque se ponga en juego en la relación con los otros. Es una apuesta, a renovar y sostener cada día, pero en particular en cada momento de tensión con el otro.

Entender que las personas son distintas y singulares y la vida social extremadamente compleja puede ayudar a sostener el respeto, por uno mismo y por cada uno de los otros, que requiere la convivencia. En realidad no hay alternativa: seguir la lógica “yo/tú, nosotros/ellos”, basada como he dicho en el ideal y la segregación, solo conduce a formas más o menos encubiertas o declaradas de conflicto, cuando no directamente a la guerra.

Sería necesario pensar en algo de esto cuando vamos a votar en unas elecciones. No basta solo con los puntos que encontramos en los programas de los partidos, sostenidos en unos ideales u otros, pues  sabemos que solo se cumplirán, en el mejor de los casos, hasta cierto punto. Se trata también de tener en cuenta el modelo de convivencia por el que apuestan sus líderes, que se desprenden de sus idearios: ¿se basa en este modelo simple del ideal/segregación? ¿O es un modelo más complejo que apunta a sostener la necesaria convivencia en la vida social teniendo en cuenta el real en juego y la manera posible de abordar lo imposible del grupo cada vez, en otras palabras, eso  que en psicoanálisis llamamos orientarse por lo real del síntoma?

Eso nos puede dar una mejor idea de lo que nos espera.

*Psicoanalista de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog. (El cometa Hale-Bopp sobre California en 1997)

4 respuestas a “¿Apostar por los ideales o por la convivencia?

  1. Querida Margarita,

    Un placer leer tu contribución tan bien armada y escrita. Por sus virtudes anima a la conversación. Me parece excelente cómo muestras que tras los ideales está la máscara del goce. La lógica del ideal, entonces, tiene como límite el sacrificio. Es una reflexión de lo más necesaria y fina.

    En este punto me surge una duda, ¿Qué haría de “la convivencia” otra cosa distinta a un ideal? Más que nunca en nuestros días convulsos globalmente los significantes significan lo que el amo quiere, como dice Humpty Dumpty en Alicia en el país de las maravillas:

    “Cuando uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty con un tono de desprecio, “significa exactamente lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos”.
    “Sí, pero la cuestión es “, insistió Alicia, “si se puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan distintas”.
    “La cuestión es”, dijo Humpty Dumpty, “saber quien manda, ni más ni menos”

    Es por la misma pendiente significante que la palabra “convivencia” se puede convertir en coartada para la más terrible segregación. Sin ir más lejos, el dictador Franco celebró sus 25 años en el poder con el lema “25 años de paz”. Lema tras el cual se escondía el asesinato de millones de españoles republicanos y otros tantos en exilio. También es en nombre de la “convivencia” que los franquistas actuales no quieren exhumar las víctimas del franquismo que yacen en las cunetas.

    Creo que estamos ante una paradoja cuando proponemos significantes para sustraernos a la lógica del goce que anida en ellos.

    Un abrazo,

    Neus Carbonell

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    1. Gracias Neus. Me alegro de que haya interesado lo que he escrito. No es posible salirse completamente de los ideales y tampoco habría por qué hacerlo ya que son también un vector del deseo. Pero es importante estar advertida de ellos y no volverse un Creyente. Hay por supuesto grados y grados de creencia, pero quizás me gusta más utilizar la palabra “confianza”. No es lo mismo confiar en ciertas ideas, incluso Ideales, que creer en ellos. No es la misma posición subjetiva la que está en juego; tampoco el Otro al que nos dirigimos es el mismo. Estar advertidos del punto de ceguera de todo ideal me parece una recomendación saludables general.
      Me parece que si se lee con detenimiento, como tú has hecho, que estoy hablando de orientarse por lo real del síntoma del grupo, ya se entiende que no me estoy refiriendo a entrar en lógicas segregativas. No se trata precisamente de una convivencia que elimine las diferencias sino de un “vivir con” el otro, con la alteridad que siempre es algo ajeno, aunque se trate de la propia.
      Por supuesto, no es fácil hacerlo. Es más bien casi imposible. Esa es su parte de ideal, como dices. Pero ese “casi” da un margen de operatividad posible. Y, por ello, ese margen es necesario.
      Particularmente soy partidaria de adentrarme en esa aventura casi imposible, en esa aventura con el imposible, que en otras más “ciertas”… donde ya sabe todo lo que hay que hacer…
      Y por supuesto que es muy conocido el uso que puede hacerse de la retórica y de la propaganda… En realidad, lo nuevo es escaso. Quizás la única posibilidad de que hay algo nuevo es poder hacer con ese pequeño margen, porque ahí solo podemos inventar cada vez.
      ¡Salut!

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  2. Estimada Margarita Álvarez,
    creo que sus comentarios abren puertas a las interpretaciones psicoanalíticas que están apareciendo en ZADIG de cara a entender mejor el “procés” en Cataluña. En cualquier caso a mi personalmente me han inducido las siguientes reflexiones con la esperanza de que puedan ayudarnos en esta ardua y por el momento poco resolutiva tarea de entender lo que pasa tanto en los adultos como en los jóvenes, puesto que me parecería un craso error restringir la situación a los jóvenes.

    Desde la neurociencia se admite que las decisiones se toman emocionalmente y que de manera aproximada los circuitos cerebrales que sustentan esas decisiones se ponen en marcha antes de que la corteza cerebral las elabore racionalmente. En tal caso deberíamos entender que las respuestas y decisiones de los independentistas (especialmente los violentos) son unas respuestas emocionales que por el motivo que sea no han pasado por la elaboración racional. Otra cosa diferente es cuales son los desencadenantes de esas emociones y qué impide que haya elaboración racional. Sería algo tan fuerte como decir que el cerebro es un órgano de conocimiento emocional que decide por su cuenta antes de que nosotros nos enteremos y luego, ya se sabe, dar marcha atrás es difícil …..

    Otra pregunta que al menos yo me hago es si la compresión intelectual de lo que está pasando en ambos bandos de catalanes (independentistas y no independentistas), puede conducir a una solución del enfrentamiento. Estoy pensando en el hecho de que los neurotransmisores y hormonas que se descargan abundantemente y continuamente en los personajes que estamos implicados en el “procés”, están inducidos por muchos estímulos diversos, complicando aún más si cabe las decisiones y actos que generamos. Al final, si atendemos al neodarwinismo biológico y a falta de la necesaria inteligencia, la única esperanza que nos queda es que la selección natural eligirá la causa que mejor se adapte a la realidad.

    Esperemos que entre tanto la destrucción moral y social que estamos viviendo deje algo que salvar.

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    1. Estimado José Vives,
      Gracias por dar su perspectiva y sus ideas.
      Efectivamente, hay distintos elementos en la situación a la que hace referencia a los que probablemente se podrían aplicar algunos de los elementos de los que hablo.
      Como país, como sociedad, estamos afectados por un conflicto que se ha solidificado en una exacerbación de algunas lógicas identificatorias/segregativas, con todas las pasiones concomitantes. La escalada mutua de banderas y de relatos por parte de algunos sectores de la población en la última década ha ido “in crescendo” hasta casi conseguir cubrir el cielo social, lo que puede dificultar vislumbrar posibles salidas.
      Pero que no se vean, no quiere decir que no las haya o que no podamos confiar en encontrarlas. Es cierto que el reduccionismo con el que funcionan dichas lógicas puede “contagiarse”. Pero es responsabilidad de cada uno ceder o no a ello, al igual que de los gobiernos (el del Estado y el autonómico) y de las instituciones en general no hacerlas servir.
      Sea cual sea el neurotransmisor implicado en ellas, las pasiones están hechas de palabras que nos afectan: palabras dichas, palabras no dichas, palabras arrojadas como armas, palabras amordazadas, palabras extirpadas, palabras acompañadas de actos, palabras no sostenidas por actos, actuaciones que vienen en lugar de palabras… Aunque parezca que hemos llegado a un punto de no retorno, al menos algunos lo plantean así, eso también son palabras… Entonces, hay que tratar eso, no solo lo que ocurrió, qué pasó en el inicio de todo esto sino adonde han llegado las cosas.
      Agradezco su humor sobre la intervención de la selección natural en la solución al conflicto. No hay que perderlo, aunque a veces sea difícil mantener la distancia necesaria.
      Preferiría que la solución no proviniera de la selección natural, ni de la llegada de un meteorito, ni del deshielo… Preferiría poder elegir, elegir una salida porque para eso tenemos un cerebro tan complejo y miles de años de civilizaciones perfectamente imperfectas a nuestras espaldas.
      La historia, tomada puntualmente, no siempre permite el optimismo, pero a lo largo de los siglos parecen haberse encontrado algunas soluciones. Espero que no tardemos tanto.
      Un placer encontrarle.

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