¡Que se jodan los feos! La lengua política de Boris Johnson

¡Que se jodan los feos! La lengua política de Boris Johnson

 

José R. Ubieto*

 

“Que se mueran los feos” es una canción que popularizaron los Sirex en los años 50. Allí deseaban que pasasen a mejor vida todos los feos. La canción tenía algo de protesta enmascarada de la fealdad de la postguerra. Boris Johnson no se siente feo ni quiere morirse, aspira a reeditar a su amado Churchill y salvar a Inglaterra de no se sabe qué guerra.

Una buena parte de su infancia la pasó intentando oír debido a sus problemas de drenaje del oído. Sordo a los otros, no dudó más tarde en convertir esa pérdida en una ganancia: “era sordo –dijo- para evitar conversaciones aburridas”. Parece que ahora quiere hacerse oír y cumplir su sueño de “ser el rey del mundo”. Para ello no duda en utilizar cualquier medio a su alcance, sin pudor ni aceptación de límite alguno: imputó a su padrino intelectual una cita histórica inventada, le dio la dirección de un periodista a un compañero de Eton que quería darle una paliza al reportero, acusó de llorones a los habitantes de Liverpool después de que un ingeniero de la ciudad fuera secuestrado y asesinado en Irak, consideró a los habitantes de Papúa Nueva Guinea como caníbales tribales, engañó a los británicos sobre las cantidades que GB pagaba a la UE y amenaza ahora con saltarse la ley como primer ministro.

Capítulo aparte merece su versión sobre el otro sexo: “Si Bill puede lidiar con Hillary, seguro puede lidiar con cualquier crisis global”, tras acusar a Hillary de enfermera sádica o “Votar a los tories (Partido Conservador) hará que a tu mujer le crezcan los pechos e incrementa tus posibilidades de tener un BMW M3”.

Con un historial tormentoso de relaciones de pareja, en este capítulo coincide de lleno con Trump: para ambos lo femenino es un obstáculo, algo feo que se entromete en su camino. La otra coincidencia es el uso que ambos hacen del lenguaje donde la injuria y el insulto es el tono habitual. Insultar a alguien -decía el psicoanalista Jacques Lacan- es tratar de nombrar, con esa palabra, algo del ser más íntimo de esa persona, algo suyo que se escapa, que no puede ser reducido por la palabra. Ese no poder reducir y dominar lo femenino, los empuja a ambos a la obscenidad del insulto. Las quieren petrificar de esta manera, fijarlas a ese insulto. Degradarlas a un objeto de desecho, un pelele al que atizar, escena clásica del bully.

A su público fiel le encanta porque esa obscenidad del lenguaje, en realidad, disimula la obscenidad de sus hechos. En pocas palabras, con tuits, frases cortas para la prensa -no en vano Johnson fue periodista y Trump presentador televisivo. Hablan claro, como el personaje político de Emma Thompson en la serie “Years and Years”, sin correcciones políticas, “autorizando” y jaleando a sus oyentes a usar ese mismo lenguaje para legitimar sus más bajas pasiones racistas, homófobas o sexistas.

Lo que no saben es que cuando todos los feos acaben muertos y jodidos, no tendrán ya espejo donde mirarse, porque como dice la canción de los Sirex: “Yo, yo, yo, yo no soy tan feo, como nadie me quiere, ni modo, también yo me quiero morir”.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP)

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Publicado en https://www.lavanguardia.com/vida/20190913/47294571586/que-se-jodan-los-feos-la-lengua-politica-de-boris-johnson.html

 

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