DESDE LA ESPAÑA AGUJERADA

DESDE LA ESPAÑA AGUJERADA

 

Teresa Colomer*

 

 

Un fantasma recorre Europa, Así iniciaron Marx y Engels el manifiesto comunista. El escrito evidenciaba la movilización del proletariado contra las clases explotadoras. Y hoy, olvidada la lucha de clases, resurge el fantasma que recorre Europa en nuevas formas de segregación contra lo otro, lo extranjero y lo diferente. Los actuales movimientos ya no están  movidos por el deseo de adquisición de un bien como el trabajo o la redistribución de la plusvalía, sino por el odio a lo distinto. Es el real en juego, lo que no admite desarrollo significante. El odio, decía Lacan, es el afecto más consistente. Así,  vemos cómo el sueño europeo se agujerea  por movimientos segregativos de diferente color que desempolvan y se envuelven en significantes de ecos inquietantes

Y, mientras tanto, el capitalista, dice Marx, se ríe.

Conviene recordar que los primeros movimientos políticos de los psicoanalistas se orientaron a impedir el exceso de burocratización que atentaba contra la libertad de elección de tratamientos para el autismo, o se esforzaban en meter en  la camisa de fuerza la regulación de las psicoterapias, combatiendo y denunciando, en amplios foros sociales, las prácticas burocráticas reguladoras del Otro que no existe y que precisa de esta regulación para mantener la ilusión de su existencia. Ley tras ley, decreto tras decreto, los medios de los que la sociedad se ha dotado para mantener su vínculo, pueden devenir en los carceleros de la subjetividad. Regresión deshumanizadora que olvida lo que se espera de las sociedades responsables. La aspiración al bien común y la solidaridad. Añadir ante la situación actual, la defensa de las libertades y la democracia.

España, un otro agujereado

En el  78, el pacto constitucional devino de una tercera vía que surgió de la confrontación entre los dos significantes, que se pusieron al trabajo, reforma o ruptura, alrededor de ellos se formulaban las discusiones de los que entonces éramos jóvenes. Reforma o ruptura, Rupforma, me atrevo a decir ahora, que  se plasmó en la actualmente tan denostada constitución española. Con la constitución se puso de manifiesto, se evidenció, que la Una España del franquismo, ni existía, ni había existido nunca, la sumisión de  los ciudadanos a la dictadura, no había implicado en absoluto el sepultamiento de sus diferencias. Así, el reconocimiento de la pluralidad lingüística, con el del derecho de los territorios a tener sus órganos de gobierno, permitieron, quiero creer, horadar esa España Una que la dictadura franquista hacia valer como referente único y en donde resonaban melancólicamente la denegación de la pérdida de las colonias y la nostalgia del imperio.

De la descentralización al centralismo

Asustaba ver al actual presidente del gobierno español dirigirse a los ciudadanos diciendo que él era presidente para hacer cumplir la ley. Se escuchaba en su discurso cierto tufo de confusión con respecto a la separación de poderes. Presentándose como juez, fiscal y policía, se evidenciaba el olvido de su obligación de gestionar de la mejor manera los bienes públicos en beneficio de todos los ciudadanos, sin exclusiones.

Si algo distingue esta España de la anterior, es su descentralización, su diversa manera de entender lo social. Los pueblos de España regulan sus necesidades y evidencian diferentes modos de atender y entender la cosa pública. Sigue siendo una esperanza que las comunidades continúen agujerando el esfuerzo recentralizador del actual gobierno gracias a la cercanía de la calle. Ahí todos tendremos que agradecer la sensibilidad social de la movilización catalanista, que transmite, más allá de la reivindicación nacionalista, una esperanza ciudadana que esperemos deje su impronta en los gobiernos, pase lo que pase con el conflicto actual.

Por tanto, si convenimos que los tiempos convulsos que estamos viviendo, se hacen eco de un real en juego que todavía no ha podido nombrarse de manera que no despierte los monstruos del pasado, pregunto con toda la prudencia: ¿no estaríamos convocados los analistas a incidir en la política con un discurso que sí sea semblante?

*Psicoanalista, miembro de la AMP (ELP).

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