Defender España no es defender una bandera ni una lengua, es defender su diversidad, una unidad no exenta de alteridad

Defender España no es defender una bandera ni una lengua, es defender su diversidad, una unidad no exenta de alteridad

Margarita Álvarez*

30 de septiembre de 2017

Yo creo que se equivocan los que hoy han salido a defender la unidad de España por todo el país defendiendo la bandera española. Tendrían que haberla defendido ondeando la bandera catalana. Entender que uno no está en otro país por tener otra bandera, que se puede defender o sentir el propio país con una bandera distinta o con otra lengua. No tener miedo a hacerlo, incluso, mejor aún, desearlo.

Desear ponerse aunque sea por un rato bajo otra bandera, entonar canciones en otra lengua. Respetar los símbolos del otros, tomar un poco de distancia, al menos, con los propios. Tomar un poco de distancia con todos.

Por eso, porque en España hay quienes se han tomado y se toman demasiado a pecho la propia bandera, no son nunca sufiencientemente numerosas en Catalunya las manifestaciones en pro de la permanencia en España, aunque la mayoría de los catalanes no sean independentistas: porque los que las promueven lo hacen siempre con los símbolos del Otro, intentando imponer, homogeneizar, borrar la alteridad. Y eso no mueve a los catalanes no-independentistas a salir a defender España porque no quieren esa España obcecada, aunque tampoco quieran irse de la otra, la España amada y amable.

Pensar que en ese cuartel que hay cerca de Atocha por el que paso siempre cuando bajo del AVE en Madrid, estaba hoy empapelado con banderas españolas y con altavoces que cantaban “Banderita tú eres mía”, me lleva a cierto desconcierto cuando no a la desesperación.

Eso no puede funcionar. Al menos aquí no. Catalunya necesita sentirse deseada, respetada. No explotada, ni amenazada. Y dudo que eso funcione en ningún sitio, o que sea bueno que lo haga.

Si no hay respeto por la diferencia (si hay energúmenos que continúan vociferando contra la lengua y las costumbres de los otros, de los que no son como ellos) llegamos a la situación enrocada en que ahora estamos. Unos y otros.

En el siglo XXI seguimos en la misma lógica ancestral que en el cuadro de “Lucha en la venta” de Goya: queriendo imponernos, a bastonazos. Aunque ahora parece que algunos catalanes parecen haberse sumado a la misma lógica.

Uno contra otro, tratando de imponer la lengua y la manera de sentir o de desear la vida -porque creo que lo del territorio es lo de menos. Eso no tiene salida.

Yo lamento todo lo que está pasando. Me preocupa mucho. Me parece grave que hayamos llegado a donde hemos llegado. Aunque hay que decir que hay estos días reina en el ambiente un aire festivo, de alegría que hace muchos años años que no veía. Porque muchos catalanes irán mañana a votar. El Gobierno ha perdido la partida. No puede vigilarnos, perseguirnos, encerrarnos a todos. No se pueden poner verjas al mar. Hay que hablar, escuchar, dialogar y tratar de reconducir la situación políticamente.

El gubern catalán hizo la extraordinaria pifia del Parlament, lo cual no tiene ninguna disculpa. Es muy grave. Y aunque los anhelos pueden ser lícitos, el discurso del independentismo, con su retórica redentora, falsa, manipuladora, es muy preocupante.

Pero han demostrado tener más cintura y más inventiva.

Porque estos días hemos visto lo peor del Gobierno de Rajoy: a qué lugares terribles nos puede llevar esa rigidez, su extraordinaria falta de inventiva, la no-escucha.

Por no saber leer el imposible en juego, termina dándose de bruces con la impotencia.

No sé qué pasará mañana… ni pasado… Espero que nada grave, que solo se celebre la fiesta del triunfo de los derechos civiles, de que el garrote caiga, de no haberse dejado amedrentar por el miedo.

Dudo que muchos de los que van a votar mañana les importe mucho lo que van a votar. Ya solo quieren votar contra el PP. Y aunque yo no voy a votar, y no me gusta nada todo esto, tengo que decir que desde el momento en que unos independentistas han liberado a Piolin del crucero, atracado en el puerto, decorado con dibujos infantiles (cubierto con lonas para no quitar seriedad al asunto) y lleno de policías, y lo han puesto en la estelada (bandera independentista), me han hecho reír. ¡Cuántos días sin reír!

Me he dado cuenta de que, para algunos, se trata de otra cosa. Y eso me ha aliviado. Me alegro.

Continuará… No sé cómo pero sin remedio continuará… Y espero que todo acabe bien, sea como sea.

*Psicoanalista, miembro de la AMP (ELP).

 

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