Trumpmanía

Luis Salvador López Herrero*

Europa no se ha despertado aún de sus sueños sin saber que los buitres acechan su despertar. Sobrecogida por el último encuentro del Sr. Trump con el envalentonado e incauto Sr. Zelenski, los europeos no salen de su asombro y precipitan gestos que mantienen el pulso de un horizonte incierto para todos, porque la guerra nunca es una buena consejera para pueblos que ansían vivir en paz. Y, es un hecho, que se sabe del comienzo de cualquier contienda cruel y fatídica de las armas, pero nunca de su final.

Y, este punto de conclusión, que es seguro que anhelan infinidad de ucranianos en medio de un conflicto, que muchos ya comienzan a dudar, sin embargo, algunos se muestran reacios para finalizar, a pesar de los augurios inciertos y advertencias del comienzo, o de la dificultad para mantenerlo siempre en alza, o de la implacable impotencia que se anuncia en la actualidad. Mientras tanto Europa, testigo y cómplice de la fragilidad e imposibilidad para acallar los cantos de sirena de la contienda, no sabe ahora cómo maniobrar en un conflicto que ciertamente nunca se debería haber comenzado. «El sueño de la razón engendra monstruos», declaraba Goya. Y qué razón tenía nuestro pintor a la luz de las premisas y argumentos que despliega la empresa guerrera en contra del olvidado «sentido común» de antaño. Porque, aunque la guerra fuera el padre de todas las cosas, en palabras de Heráclito, tanto la destrucción que engendra como el atroz sufrimiento que produce, invita a desactivar y calmar cualquier empuje guerrero por todos los medios. Y si no que se lo pregunten ahora a la infinidad de madres, esposas, mujeres, hijas o ancianos, que aguardan en la clandestinidad de sus hogares el retorno de sus seres queridos, o los restos de la maldita y ancestral pasión humana.

Demasiadas muertes y cadáveres siembran ahora un terreno, que sólo sirve para alimentar revanchas o fomentar las garras monetarias de reconstrucción, de todos aquellos que han vivido la tragedia desde el sofá y la televisión, una vez que la política continuará «la guerra y el control social por otros medios», siguiendo los términos de Foucault. No obstante, ¡Bendita «Política»! Porque, aunque sólo sirva para proseguir con el embuste y los engaños tan queridos por los humanos, sin embargo, más vale la engañifa generalizada acerca de la creencia en el Otro que la pérdida de vidas humanas. Y aquí aparece en escena el Sr. Trump y su promesa de paz, para anunciar por todo lo alto su destino como mensajero divino y salvador del mundo. Es cierto que Europa no entiende a América ni a los americanos; del mismo modo que tampoco Atenas entendía a Roma (Nerón) ni a los romanos, porque el pensamiento especulativo se ve cegado por el empuje de la acción ciega.

Pero el Sr. Trump es un hombre de «acción», no de pensamiento, y actúa de manera impulsiva y temperamental, como la manía, amparado en la firme fantasía y promesa de revitalización de un Imperio que se siente amenazado desde el exterior, sin entender que la carcoma, que alberga en la propia estructura, es la responsable del efecto perverso visible. El privilegio del idioma inglés, el sueño blanco en el mundo laboral, el modelo patriarcal, la aventura del oeste-espacio, el mercado de la religión, el desprestigio de las drogas, el descrédito de las identidades y filiaciones…, son ahora también los baluartes de quienes le han votado, tratando de frenar la inercia de un mundo hipermoderno que descompone todos los valores tradicionales (Dios, patria y autocracia, en sus diferentes formas).

Por eso el Sr. Trump alberga tantos adeptos en su país, para asombro de una Europa que hace tiempo, como Atenas, ha perdido ya su protagonismo en la marcha de la historia. Y así, en un mundo en franca descomposición, sin horizontes ni instrumentos ideales de orientación, y con una plaga de problemas que no se dejan domeñar bajo el bálsamo de palabras caducas, la promesa de respuestas sólidas y grandilocuentes, son el refugio para náufragos que viven inmersos en mares embravecidos en busca de auxilio. De ahí los mantras que se repiten por doquier en el país de la bebida que no quita la sed. Por ejemplo, «La era dorada de América empieza ahora»; «Nuestra soberanía será reclamada, nuestra seguridad recuperada»; «No permitiremos que se aprovechen de nosotros por más tiempo»; «Voy a declarar la emergencia en la frontera sur»; «Dios me salvó para hacer América grande de nuevo»; «A partir de hoy no habrá en EE. UU. más que dos géneros: hombre y mujer…». En fin: «Una América para americanos de pata negra», como el buen jamón español.

Y, mientras el Sr. Trump encandila a los suyos bajo la mirada desconcertada de los europeos, que no saben ahora a qué carta jugar porque desconocen el nuevo formato de la partida, los ciudadanos miran asombrados con miedo los televisores y pantallas de sus pequeños y versátiles teléfonos, sin sospechar que los grandes sucesos de la historia —aquellos que verdaderamente conmueven los cimientos de las vidas humanas-, siempre surgen sin anuncios ni dictámenes previos, sino de forma inesperada. Por eso, sinceramente, no creo en la llegada de la «tercera guerra mundial» proclamada, porque en el mundo que rige ahora el destino de cada uno de nosotros, hay demasiada comodidad, acomodación y poco revuelo social, como para inquietar la fortuna de los poderosos. Lo cual no resta sin embargo para evitar o no azuzar guerras o conflictos por doquier, porque el diablo alimenta pasiones que secan los terrenos y sirven para alimentar el fuego perpetuo del infierno. Es su carácter.

Y, siguiendo con la «Trumpmanía» que seduce a medio mundo y mantiene en vilo al resto, mi amigo y escritor Luis Artigue, ha publicado su nuevo libro «Trumpsilvania», bajo la atenta mirada de Héctor Escobar, responsable de la conocida editorial leonesa «Eolas». Para los lectores habituales, el libro no defraudará porque supone una vuelta de tuerca a la imaginación ya conocida del escritor. Y, para los que se acerquen por primera vez al autor, el texto les invitará a sumergirse en todo aquello que supone el intento por desplegar la fantasía más allá del límite que impone la razón o la cordura. Un libro, por otra parte, en clara consonancia con una época, la nuestra, en la que «todo el mundo es loco, es decir, delirante», tal como decía Lacan. Buena lectura y mejor reflexión.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP).

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://www.diariodeleon.es/opinion/editoriales/250305/1883921/trumpmania.html

Deja un comentario