¿Por qué el autoritarismo atrae a los jóvenes?

José R. Ubieto*

Un 16,4% de los jóvenes catalanes (18-25 años) declaran que -en según qué circunstancias- prefieren un régimen autoritario (ICPS) y el 18,3% de los jóvenes españoles (18-24 años) consideran a Vox el partido ideológicamente más cercano (CIS). Son datos recientes que confirman lo que ya sabíamos por otros estudios: cerca de un 20% de los jóvenes españoles niegan la violencia de género y aplauden discursos xenófobos. Cifra en aumento, hasta el punto de que en España la ultraderecha es la primera opción electoral de los jóvenes después de la abstención (40dB).

Como siempre que tratamos de leer un síntoma social, debemos buscar la multicausalidad. Por un lado, la rebeldía, propia del ciclo vital, se impone. Ser joven implica distanciarse de lo ya constituido, el establishment, para apostar por la denuncia de ese sistema que se percibe caduco. Los gobernantes de izquierda o de centro encarnan hoy el sistema, con sus discursos y gestos. Los episodios de corrupción, nada infrecuentes, confirman ese estatus. 

Elegir a los que se presentan como antisistema es, hoy, ir a la contra, desprenderse ilusoriamente de cualquier atadura, y es por eso por lo que ,k,,los Trump, Milei, Ayuso o Musk se ofrecen como semblantes rebeldes, ‘víctimas’ -dicen- de un sistema opresor. La ¡libertad, carajo! es su grito de guerra. Que formen parte de la élite que denuncian es un pequeño detalle sin importancia. Y que su idea de libertad sea heredera de la vieja idea aristocrática de la soberanía, que no encuentra más límites que su voluntad a costa del otro, tampoco parece crucial.

Ese semblante de líderes antisistema no se improvisa, hace falta detenerse, ahora sí, en pequeños detalles vinculados al cuerpo y su imagen. El tupé de Trump o la melena desatada de Milei, las camisetas de Musk, el desparpajo -rozando lo vulgar y agresivo- de Ayuso o los trajes apretados de Abascal son objetos que atraen al espectador. Rasgos que los hacen populares, alejados de esa corrección política que rechaza la heterodoxia y busca la homogeneización. Ellos son del pueblo y visten y hablan como la gente normal. Cuando, recientemente, Milei participó en una estafa de criptomonedas al difundirla por sus redes no dudó en defenderse apelando a que él sólo puede actuar como siempre hizo, como un hombre normal, obviando su cargo institucional. 

Lacan ya había aludido a la importancia del pequeño bigote de Hitler para destacar su incitación, mediante ese rasgo personal, a una “identificación camuflada, secreta” de muchas personas que estaban de lo más comprometidas en el proceso del discurso capitalista. Antes, W. Reich había insistido en que las masas alemanas no fueron manipuladas al votar a Hitler, por el contrario, se trató de un voto orientado por un deseo fascista que compartían.

Las redes sociales, novedad del siglo XXI, colaboran a esas identificaciones colectivas que, en nombre de una comunidad del odio, ignoran voluntaria y cínicamente la suerte de cada uno. ¿Por qué, si no, iban a votarles ciudadanos a los que nunca salvarán de nada porque son simplemente instrumentos útiles de sus intereses? Los jóvenes necesitan también un relato triunfador en un momento donde sus altas expectativas (¿se han fijado cómo proliferan las etiquetas de Altas Capacidades, ansiedad de Alto Funcionamiento o varones de Alto valor) se desmoronan ante un abismo de precariedad. Se ven sin trabajo ni vivienda digna y con alta volatilidad a causa del impacto de la tecnología y las emergencias climáticas y sociales. Los menores de 24 años son los únicos que cobran menos hoy que antes de la crisis de 2008 (PwC). Sus dificultades en las relaciones con el otro sexo tienen también toda su importancia.

Sería un error criminalizarlos, reñirles sin escucharlos y sin tomar en cuenta que nos confrontan, con su actitud, a un síntoma de la época, como siempre hicieron los jóvenes. En este caso, a una profunda devaluación de los discursos políticos, a un abandono de la palabra y del compromiso con ella. “Lo que haces, sabe lo que eres” (Lacan). No se trata, pues, de perseverar en la palabra vacía -ausente por completo de credibilidad y factor de violencia- sino de arriesgar nuevas maneras de hacer política y de incluirlos en ella. Maneras que conjuguen lo material con la reivindicación de una ética del deseo frente al puritanismo del odio.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP).

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

Fuente: https://catalunyaplural.cat/es/por-que-el-autoritarismo-atrae-a-los-jovenes/

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