Tiempo de certezas

Gustavo Dessal*

Transitamos un momento histórico en el que las máscaras han caído, y el verdadero rostro de los caníbales se muestra en su esplendor. Un momento en el que la obscena mueca de los triunfadores se ha convertido, con el apoyo de la racionalidad científico-técnica, en la orientación política dominante.

Sabemos que todas las acciones de los hombres, desde la más infame hasta la más noble, brotan de ese manantial secreto en el que abrevan las pulsiones que Freud trajo a la luz. Ellas rigen las vicisitudes de una vida, eligen en las elecciones, gobiernan los gobiernos. Algunos líderes ascienden cuando poseen la habilidad de conectar con el magma pulsional de las masas. En la comunión mística con la pasión de la ignorancia, los hombres son presa fácil del olvido. Ávidos de sangre y de venganza, marchan cautivos de los relatos que consumen. Su capacidad de análisis queda interrumpida por los cantos de sirena que taladran sus oídos, sordos al dolor y la compasión. Se arrojan a los pies del amo, besan sus manos, sueñan con recibir la dádiva que los llevará a la tierra prometida. Porque la dádiva les llega envuelta en supuestas claridades, en juramentos que no dejan dudas sobre los culpables de todo lo que sucede. El amo sabe tañer los instrumentos del odio y movilizar el que siempre se agita en el corazón humano. El terror que se experimenta ante el eclipse de las míseras creencias que apuntalan la existencia, puede darse la vuelta y transformarse en el vano triunfo que se obtiene por imaginarse protagonista de una epopeya. A las órdenes del amo, habremos de unirnos para apresar, deportar, aniquilar si es preciso, a quienes nos han arrebatado lo nuestro. Lo nuestro no solo son nuestras propiedades, grandes o pequeñas. Lo nuestro es también lo que nos pertenece por derecho inalienable: la norma. La norma sexual, la norma social, la norma de las fronteras y de las banderas, la norma de los cuerpos y de las identidades, de la sangre y de la tierra, de lo que le corresponde al hombre y a la mujer. Todo eso habremos de reconquistarlo, y para ello seremos un ejército obediente. No queremos que nada nos recuerde nuestra condición, nuestro origen, nuestra minusvalía. El amo nos ha rescatado de la oscuridad que nos rodeaba. Íbamos a tientas, perdidos en la confusión de tantas lenguas, pero ahora hemos elegido la luz de la palabra gloriosa que nos dirige.

Los educadores, con sus mejores intenciones, siguen creyendo que la pulsión se deja enseñar. Que las campañas de estadísticas, de gráficos, los debates con expertos de toda índole, la sabiduría de filósofos, moralistas y académicos, habrán de reconducir el desarreglo de lo real. Eso puede tener una relativa efectividad en determinados momentos. En otros, recordarle a las masas su ignorancia puede ser el inicio de una escalada de furia. 

Hemos alcanzado un hito en la historia de nuestra civilización, aquel en el que la diferencia entre lo verdadero y lo falso agoniza. Siempre ha habido períodos de tiniebla, y siempre los hombres han logrado redimirse, poner coto a la barbarie, reencontrar el camino ético de un deseo emancipado del sadomasoquismo. Ahora, la alianza entre la aceleración técnica, la descomposición de las democracias, y el oportunismo de ciertos líderes al servicio de una oligarquía que acumula un capital de datos imposible de contabilizar, ha abierto las compuertas de la sinrazón absoluta. Las causas y los efectos se mezclan en la baraja del mago, en los movimientos de los prestidigitadores de masas. Una vez que la turba alcanza el estado propicio de hipnosis, el trance provocado por la toxicidad del odio, entonces puede comenzar la carnicería, la persecución, la difamación. Es la lógica de la denegación perversa de la castración, y el objeto a destruir es, más allá de todas sus variantes, aquel que se especifica por un rasgo de carencia. Sobre él se desata la furia de la certeza. 

Nada hay más deshumanizante que las certezas, cuando ellas se desprenden de su función en las psicosis y se incorporan al discurso político.

*Psicoanalista. Miembro de la AMP (ELP).

Fuente: https://www.facebook.com/gustavo.dessal.18

Una respuesta a “Tiempo de certezas

Deja un comentario