Esperanza Molleda*
Unas mujeres españolas, seleccionadas como las mejores en su deporte, ganan un mundial de fútbol. Esto supone un revulsivo, ya que los hombres españoles, seleccionados como los mejores, fallan más que aciertan en los mundiales de fútbol.
El éxito suscita un entusiasmo generalizado, como debe ser en los acontecimientos de masas que disparan nuestro anhelo de identificación. Pero he aquí que un beso pone en cuestión la pequeña gran diferencia, no son hombres los que lo han suscitado, son mujeres.
En los saludos que reciben las jugadoras antes de recibir las medallas y la copa, llama la atención el entusiasmo un pelín exagerado de un señor que resulta ser el presidente de la Federación Española de Fútbol, no lo conocía. Ese entusiasmo lo muestra en abrazos, ¿quizás demasiado efusivos? En uno de esos abrazos hay también un ligero beso en los labios a una jugadora. ¿Por qué a ella?, me pregunto. Pronto me entero de que es Jennifer Hermoso, capitana del equipo y la jugadora que falló el penalti en la final. Punto. Apago la televisión con la alegría infantil de que unas mujeres españolas, mujeres y españolas como yo (no hay más coincidencias entre ellas y yo), han ganado un mundial de fútbol, hago mía su victoria para rascar unos minutos de satisfacción tonta, pero efectiva.
En los días siguientes se desata un debate encarnizado entre dos facciones. Una de ellas interpreta que el beso supone que una vez más el patriarcado hace de las suyas, una mujer ha sido agredida por el macho de turno encarnado en esta ocasión por el tal Luis Rubiales que ha abusado de su fuerza y de su poder. La otra se defiende atacando, fue un gesto mutuo sin importancia, producto del entusiasmo del momento del que el feminismo imperante en nuestra sociedad quiere sacar su rédito.
Acusaciones y argumentos de un lado y del otro.
Y yo me pregunto, ¿dónde queda lo femenino que la imagen de estas mujeres, lo quieran o no, representa? Aquello a lo que puede apuntar la expresión “lo femenino” no tiene que ver con esta lucha de fuerzas. Pienso más bien que este enfrentamiento entre las dos facciones es el triunfo de la lógica masculina en su peor versión: o tú o yo; yo gano, tú pierdes; yo “tengo” razón, tú “no la tienes”. Esta lógica imaginaria se vuelve cada vez más opresiva y parece que la única posibilidad es tomar partido, defender que la mitad con la que te identificas es la buena y la mitad que rechazas es despreciable.
Sé demasiado poco de las dos personas que representan las dos facciones. Es cierto que están los detalles de cómo aparecen ante el público cada uno de ellos, retazos de imágenes, comunicados, ruedas de prensa. Detalles tan reales como listos para ser rellenados con la imaginación interesada de cada cual. Es cierto que puedo sentirme más cercana a una de las dos interpretaciones, pero finalmente no me siento capaz de tomar partido. No todo pasa por esta lucha imaginaria que no da lugar a muchos matices, si no a la reafirmación inacabable de yo soy yo.
Hoy por hoy, la diferencia sexual, la diferencia de género sigue siendo una diferencia que tiene consecuencias. Un cuerpo de apariencia femenina tiene efectos distintos a un cuerpo de apariencia masculina. Que hayan sido mujeres las que han ganado para España un mundial de fútbol, ¡ese reino masculino donde los haya!, es casi un oxímoron “mujeres campeonas de fútbol”. Y, ¿por dónde ha salido esta contradicción? Lamentable, aunque no inesperadamente, por una ratificación de lo peor de la lógica masculina, las limitaciones de la lógica binaria de la castración: yo lo tengo, tú no lo tienes. En este caso, el saber sobre el bien y el mal.
Sabemos gracias a Lacan, que “lo femenino” puede servir de referencia a una lógica que va más allá de eso. “Lo femenino” puede servir de señal para recordarnos que no todo pasa por esa lógica binaria, a la fuerza destructora del otro, signo de que existe la posibilidad de abrirse a otra cosa.
“Mujeres campeonas de fútbol” era hasta hace bien poco algo impensable, algo que parecía imposible. Sin embargo, ha sido posible, el deseo de las jugadoras de la selección española ha hecho que muchos hombres vibren de emoción con ellas desde otro registro que no es el del objeto sexual o el del cuerpo materno. Esto es lo que hay que celebrar.
Y a partir de este logro, que cada cual invente lo que pueda, y si solo puede quedarse en elegir una de las dos partes del enfrentamiento imaginario, pues que así sea.
*Psicoanalista. Miembro de la AMP (EOL)
Fotografía seleccionada por el editor del blog.
